15/10/2019

Gestación subrogada: los nuevos modos de ser padre a debate

15 agosto, 2018
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La gestación subrogada (GS) o por sustitución (mal llamada “vientres de alquiler”) es una práctica cada vez más frecuente por ser una forma alternativa de acceder con garantías de éxito a la paternidad/maternidad, en el marco de las técnicas de reproducción humana asistida reconocidas tanto por la OMS como por nuestro propio ordenamiento jurídico, aunque por éste no sea permitida.

Lo cierto es que la GS es una realidad consecuencia y solución a la vez de otra realidad muy natural y humana como es el legítimo deseo de formar una familia con hijos, válida para quienes por motivos diversos no pueden concebirlos, y para aquellos o aquellas que optan por un tipo de familia homoparental o monoparental. Por lo que se debería considerar como un “avance” hacia una mayor igualdad y libertad del individuo y/o pareja, justificada por la felicidad que proporciona y que nadie tiene derecho a limitar.

Y es que la GS es una práctica que no afecta a los derechos de los demás, a no ser, en última instancia, los de la madre gestante, que siempre puede resolverlo por un acto altruista o por la vía de un contrato que regule y garantice los acuerdos con los padres intencionales. Es en este sentido que la GS se alza como uno de los grandes paradigmas de la libertad y el derecho de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo, y del principio de igualdad de todos a ser padres o madres.

Pero curiosamente, cuando parece que estamos avanzando hacia un mundo que reclama mayor libertad individual, donde el ser humano pueda decidir sobre las cuestiones esenciales de su vida, aparecen en escena grupos que acuden a sus eternos sermones paternalistas y morales con el propósito de intoxicar a la opinión pública contagiándola de sus alergias. Desde sus respectivas prisiones ideológicas no solamente pretenden impedir la GS a sabiendas que esta técnica supone la única alternativa de muchas personas y parejas para llegar a ser madres y padres; sino que además coartan su derecho a la procreación (mediante la colaboración de una madre sustituta en este caso), reconocido como derecho fundamental del ser humano por la ONU.

Fecundación de un Óvulo mediante FIV

¿Qué decir de la mujer que decide generosamente ceder su propia capacidad de gestar, de sentir y de vivir esta experiencia como algo útil, con el objetivo de dar vida a un pequeño y deseado ser humano? ¿Se debe prohibir su libre decisión a gestar una criatura bajo el acuerdo con quien va a criarla, atenderla y educarla?

Las dudas y los prejuicios que se levantan contra aquella mujer que toma la decisión de gestar para otra persona de forma consciente y responsable, y sabiendo los compromisos que asume, ponen peligrosamente e injustamente en duda su inteligencia y su humanidad. Cuando además es el ejemplo manifiesto del ejercicio de los derechos de soberanía absoluta sobre el propio cuerpo, y por lo tanto del derecho de cada mujer a poder optar o decidir libremente si quiere utilizar su útero para gestar el hijo de otra persona, sea de forma altruista o por interés económico, ambos totalmente legítimos.

En este sentido no existe poderosa razón para oponerse a que una mujer pueda percibir una contraprestación o retribución económica por gestar y concebir un hijo de otra persona a la cual le es imposible, porque invierte tiempo, esfuerzo, cuidados durante el embarazo, además de los gastos clínicos, permisos laborales, y la renuncia final a un derecho.

Como lo he vivido, puedo asegurar a los que peyorativamente califican de “mercantilista” la gestación subrogada, que la retribución económica a la madre gestante (mediante contrato) incide en la mejora de las condiciones de vida de sus familias; porque destinan la compensación recibida a ajustar la economía doméstica, a satisfacer algunas necesidades y/o acceder a derechos básicos como la vivienda o la formación. Y nada tiene que ver con que los países tengan mayor o menor PIB per cápita o desarrollo económico, porque en países del bloque de los llamados “ricos”, a los que se suponen altos niveles de calidad de vida y de bienestar, ni tan siquiera se garantiza una suficiente cobertura de derechos, de servicios y de prestaciones sociales.

Del mismo modo es absurdo acusar la GS de “abuso” de la condición femenina, relacionándola con el aprovechamiento de sus necesidades o precariedades, para de este modo justificar la limitación de su libertad a gestar para otra mujer. Porque en EEUU, donde más se practica la “gestación subrogada”, muchas mujeres de clase media y acomodadas se prestan a gestar por otras, y no por ello renuncian a alguna contraprestación.

Es absurdo y paradójico que quien se manifiesta en contra de la gestación subrogada, pero a favor de la libertad sexual, la interrupción voluntaria del embarazo o la adopción por parte de parejas homosexuales, trate de “mercadeo” esta técnica de reproducción asistida (amparada en la libertad reproductiva), porque olvida que del mismo modo se pagan cantidades importantes por una adopción, se gratifican las donaciones de gametos masculinos y femeninos para beneficio de otros, y se retribuyen los servicios que ofrecen los muchos centros de reproducción asistida por la generación, selección y transferencia de embriones in vitro, con criterios estrictamente funcionales y prácticos, y al final económicos.

En definitiva muchas mujeres ponen a disposición su capacidad reproductora al amparo de sus derechos y libertades, como otras ponen a disposición su fuerza de trabajo, regulada por el derecho y el mercado laboral.

Si reflexionamos sobre estas cuestiones veremos que la finalidad no es otra que alcanzar un mundo mejor para TODOS, donde nadie limite la libertad del otro (porque es injusto e intolerable), a sabiendas de un sistema imperfecto y mejorable en muchos aspectos.

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Shangay

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