16/06/2019

Villagers: “Cuando me travestí por primera vez me vi aburridamente cisgénero”

18 septiembre, 2018

Si en su penúltimo álbum el líder en solitario de Villagers habló por primera vez abiertamente sobre su homosexualidad y la homofobia que ha sufrido a lo largo de su vida, en el nuevo, The Art Of Pretending To Swim, consolida su ‘salida del armario’ como artista que busca ilusionar y hacer feliz a quien le escuche. Prueba superada para Conor O’Brien.

Siempre hay una primera vez para todo. También para travestirse. Que se lo digan a O’Brien, que debutó como drag en A Trick of the Light, el primer vídeo de su nuevo álbum, The Art of Pretending To Swim. No sale en su portada, y tampoco quería aparecer en el vídeo. El director del clip, Bob Gallagher, muy buen amigo suyo, le convenció, y él solo aceptó aparecer travestido. “Tuve restos de laca de uña durante semanas”, confiesa entre risas. “Me vi aburridamente cisgénero, un hombre vestido de mujer sin más. Comprobé que estoy demasiado aferrado a mi masculinidad…”.

Pero quiso hacerlo, porque con este disco se ha propuesto ‘salir del armario’ definitivamente como entertainer, un término que antes no terminaba de ver que le identificara. Si su tercer álbum, Darling Arithmetic, supuso su salida del armario como hombre abiertamente gay, en esta ocasión, añade nuevos matices a su música, para que nadie vaya a pensar que es un artista demasiado serio. “Básicamente, lo que no quiero es aburrirme”.

Su precioso nuevo disco respira paz, se nota que el único responsable de Villagers está contento consigo mismo. “No es que esté en paz conmigo mismo, eso dudo que lo consiga nunca. Y si lo lograra, probablemente dejaría de hacer música… Me volvería loco si no pudiera crear”, afirma. “Cuando era un veinteañero pensaba que podría cambiar el mundo con lo que hacía, que lograría incluso la paz en el mundo”. Con 34, sus intenciones son otras. “Lo que busco ahora es que la gente baile con mis canciones”, dice entre risas. “Obviamente, sigo contando historias y lanzando mensajes, pero no busco la trascendencia de antes”.

«Sé lo que es pasear con mi novio, siendo jovencitos, cogidos de la mano y que nos insultaran y persiguieran»

En los últimos años, el irlandés, que se ha dado a conocer por su personal visión del indie folk, comenzó a comprarse sintetizadores y cajas de ritmos para el estudio que ha montado, porque su intención era hacer un disco muy electrónico. “Al final me ha quedado un disco de cantautor, aunque he podido aplicarle todo lo que he aprendido sobre tecnología, y sí he incluido matices sutiles: las baterías son casi todas programadas, he metido sintetizadores… El caso es aprender algo nuevo en cada proyecto. Para el próximo igual me apunto a clases de baile”, bromea.

Uno de los temas que más le inspiraron a la hora de componer sus nuevas canciones fue cómo ha cambiado el modo en que nos relacionamos, cómo damos prioridad a lo virtual. O’Brien, que se sentía adicto al hecho de chequear su móvil cada pocos minutos, redescubrió el placer de la lectura cuando viajó hace unos meses a Tailandia, y decidió que le resultaba más gratificante la información que recibía de los libros que el chute inmediato y efímero de las redes. “Hablo de ello en canciones como Fool”, explica. “La vorágine de información a la que estamos expuestos nos sumerge en una burbuja, porque terminamos por pensar que todo el mundo opina como nosotros simplemente porque nos seguimos en una red social… Hechos así han permitido a Trump convertirse en presidente de Estados Unidos, es una locura”.

La homofobia que había sufrido en su adolescencia fue unos de los temas centrales de su disco anterior, y fue un hecho que tuvo una importante repercusión mediática. “Si hubiera nacido diez años después de lo que lo hice en Irlanda, cuando la Iglesia católica seguía tiendo tanto poder, mi infancia habría sido muy distinta”, recuerda. “Crecí escuchando a mis profesores decir que se homosexual era malo… Y sé lo que es pasear con mi novio, siendo jovencitos, cogidos de la mano y que nos insultaran y persiguieran. Son cosas que me afectaron enormemente”. Durante años solo compartió el hecho que era gay con sus amigos más cercanos. Él fue el primer sorprendido de que su homosexualidad saliese de un modo natural en las canciones de Darling Arithmetic, y de repente se tuvo que enfrentar a muchos desconocidos que le preguntaban por el tema durante la promoción. “No entiendo por qué no hablé de mi homosexualidad con naturalidad mucho antes. Veo que en mis dos primeros álbumes había mucha ira, porque no me veía aceptado por la sociedad, vivía retraído. Ahora me siento libre y feliz”.

«No hay por qué intentar encajar en un nicho demográfico concreto dentro de la comunidad LGTB»

Hasta hace poco, tampoco sentía que encajara en el ambiente gay ‘tradicional’, tanto por la música que hace como por sus intereses personales. “De hecho, tardé en aceptarme a mí mismo porque veía que yo no conectaba con la cultura pop gay de Kylie o Scissor Sisters. Necesitaba aceptar mi individualidad. Y el hecho de que me atraen sobre todo los osos”, afirma entre risas. “Aceptarte tal y como eres es lo que te llena de orgullo, y no hay por qué intentar encajar en un nicho demográfico concreto dentro de la comunidad LGTB; nadie debe sentir una presión así, sino dejarse llevar por lo que siente. Es lo que llevo haciendo unos años”.

Agradece el apoyo de artistas como John Grant, “que me ha ayudado mucho en mi desarrollo artístico”, explica. “Cantamos juntos en un programa de televisión su tema Glacier. Me transmitió una energía que nunca había sentido antes, y supuso el pistoletazo de salida para mi álbum anterior”. Se vuelven a encontrar en uno de los temas extras de su álbum que solo aparece en un vinilo limitado de 10 pulgadas. “Participa en una versión de 15 minutos de la canción Ada, que es muy loca como para estar en el álbum como tal, y en ella se escucha la voz de John”.

En su nuevo disco asegura que también ha volcado muchos sentimientos relacionados con vivencias derivadas de su homosexualidad, pero al preguntarle cuáles o en qué temas en concreto, se sonroja. “Son cosas tan personales que no quiero hablar de ellas”, y sonríe como cortado. “He pasado por una etapa muy oscura recientemente, y la música ha supuesto una vía de escape impagable”. Aunque, como comentábamos antes, no resulta en absoluto un disco sombrío. “Al principio me atraía esa idea romántica de la oscuridad, lograr que mis canciones incomodaran a la gente. Ahora es todo lo contrario, joder; lo que busco es que la gente encuentre felicidad en mi música, que es una expresión pura de amor”.

EL ÁLBUM THE ART OF PRETENDING TO SWIM SALE A LA VENTA EL 21 DE SEPTIEMBRE EN DOMINO/MUSIC AS USUAL. VILLAGERS ACTÚAN el 18 DE NOVIEMBRE EN BILBAO (KAFE ANTZOKIA), EL 19 EN MADRID (CHANGÓ LIVE) Y EL 20 EN BARCELONA (RAZZMATAZZ 2).

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