26/08/2019

Alejandro Amenábar: “Que un personaje público declare su homosexualidad es importante”

29 noviembre, 2018
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Había dos razones por las que Alejandro Amenábar debía estar en este número especial por el 25 aniversario de Shangay. Una de ellas está más que justificada por su trayectoria, ya que es uno de los directores abiertamente gays más influyentes del cine español e internacional; la otra tiene que ver con dos lazos personales que lo unen a la revista incluso antes de que esta existiera. “Conozco a Agustín –Gómez Cascales, nuestro redactor jefe– desde el primer año de carrera, era el delegado de nuestra clase. Y a Alfonso –Llopart, director de la revista– lo conozco desde que hice mi primera película. Él trabajaba en la compañía que llevaba la comunicación de Tesis, así que son muchos años ya de relación”.

El sentirse casi parte de la familia ha ayudado a que el director y compositor haya accedido a estar entre nuestros personajes de bandera, una tarea complicada debido a que actualmente su agenda la ocupa casi al completo la fase de postproducción de su nueva película, Mientras dure la guerra. Esta será la primera que Amenábar ruede en español desde Mar adentro, hace ya catorce años. Precisamente fue durante la promoción de este filme, con el que posteriormente ganaría el Oscar, cuando el cineasta de origen chileno habló por primera vez de su orientación sexual, concretamente en un reportaje para Shangay. “No había planeado hacerlo, simplemente estaba en un periodo de hacer muchas entrevistas y decidí que si surgía el tema no iba a negarlo, porque no me avergonzaba de mi condición sexual. El hecho de que fuera un medio de confianza e implicado en la causa me daba cierta tranquilidad, sabía que no se iba a intentar llevar por un lado morboso o escabroso, que es lo que temía. Había que hacerlo de la forma más natural posible”, cuenta Amenábar. “Recuerdo que cuando me preguntaban por el colectivo LGTB se me hacía muy raro contestar en tercera persona del plural, así que decidí incluirme, más que nada porque era algo que yo tenía muy asumido con mi familia y mis amigos, y me parecía muy hipócrita entrar en un doble juego. Yo entiendo que el hecho de que un personaje público declare su homosexualidad es importante, pero estaba preparado para eso”.

Catorce años dan para mucho, y cualquier miedo que Amenábar hubiese podido tener por la repercusión de su salida del armario hoy ha desaparecido, gracias a los importantes avances que el colectivo LGTB ha conseguido en nuestra sociedad. “Está claro que ha habido un cambio cualitativo importantísimo, la legislación ha cambiado y tenemos igualdad de derechos. Podemos decir razonablemente que la sociedad española es de las más avanzadas del mundo en este tema. Aunque tampoco podemos negar que aún existe discriminación en algunos ambientes. A mí me sorprende encontrar a gente joven que todavía lidia con problemáticas como el rechazo por parte de sus padres”. Una realidad que podría verse agravada por el auge de una corriente política que apuesta por la restricción de derechos fundamentales del ser humano en todo el mundo, y con la que el director se muestra algo inquieto. “Parece que hay una vuelta atrás, y eso siempre da miedo. De hecho, en Ágora hablo de esto, no enfocado a la homosexualidad, pero sí plasmo un retroceso en la historia. Afortunadamente, creo que, al igual que ocurrió en su momento con el sufragio universal o el voto de la comunidad negra en América, conquistas como el matrimonio igualitario no van a desaparecer, son pasos necesarios que además no hacen daño a nadie”.

Y esto es algo que Amenábar sabe de primera mano. En 2015 contrajo matrimonio con su pareja. Una boda que, por supuesto, fue noticia. “Cuando dices que te vas a casar, estás soltando una pequeña bomba aunque no lo quieras… Yo no creo en la institución del matrimonio, me casé porque así lo decidimos mi pareja de entonces y yo. Y aunque quise hacer algo discreto, hubo una repercusión que no había calculado pero que era inevitable”. Sin embargo, afirma que, tanto en ese momento como tras el fin de esta relación a principios de este año, “siempre me he sentido muy respetado por la prensa”.

A pesar de haber hecho públicos algunos de los momentos más significativos de su vida personal, la discreción suele predominar en el día a día del director. Tanto que, en la era de las redes sociales, él se muestra completamente desvinculado de esta exposición. “Es algo que tiene que ver con mi forma de ser y con el pudor. Afortunadamente, tengo una profesión que me permite expresar en mis películas lo que pienso y siento. Pero sí que me he manifestado públicamente en diferentes ocasiones por la causa gay”. Y eso le ha llevado, involuntariamente, a ser un ejemplo para una generación. “A veces se me ha acercado gente para felicitarme, no por mis trabajos, sino por haber hablado públicamente de mi orientación…; y ese momento mola, porque me doy cuenta de que he ayudado a alguien, aunque solo haya sido una persona, a reunir el valor de afrontar la misma situación”. Sin embargo, y a pesar de saber que ha contribuido a crear un camino que muchos otros han seguido, no se considera activista. “Yo lo que no soy es negacionista”, se proclama entre risas. “Supongo que debo ser poco activista porque en mis películas ha aparecido muy de refilón el tema de la homosexualidad”. Una decisión que algunos podrían cuestionar, pero que tiene que ver con su manera de entender el cine y no tanto con una intención ideológica. “Hasta ahora, ninguna historia sobre el colectivo me ha inspirado lo suficiente, pero tengo previstas dos muy buenas que cogen el tema de la homosexualidad por los cuernos, y probablemente se conviertan en películas”.

De ser así, Amenábar sería partícipe de uno de los mejores momentos del séptimo arte en cuando a la presencia del colectivo se refiere. “Tiene que ver con una mayor diversidad de contenidos que se están dando a través de las plataformas”. Tan solo ciñéndonos a los dos últimos años podemos nombrar numerosos títulos, de gran repercusión, que abordan la realidad del colectivo LGTB, tales como Moonlight, Una mujer fantástica, Con amor, Simon, Call Me By Your Name, Girl… “Para mí la clave de este éxito ha estado en conseguir que una historia de amor LGTB sea universal”. Mientras hablamos de este antes y después en la ficción LGTB, sale a colación una de las series actuales que más han arriesgado en este sentido, Élite. “Uno de sus creadores es Carlos Montero”, dice orgulloso Amenábar. “Soy muy afortunado de tenerle como amigo. En la universidad ya era muy lanzado, lo tenía todo perfectamente asumido, y me abrió muchas puertas”.

Como en todo, hay luces y sombras, y es que este movimiento aperturista en la ficción no coincide con lo que se percibe de sus profesionales, tanto delante como detrás de las cámaras. “Yo nunca he tenido ningún obstáculo en mi carrera por ser abiertamente gay. Pero entiendo que existan casos de artistas que se planteen esta cuestión. Por no hablar de sectores como el mundo del fútbol, en el que es inverosímil que no haya ni un mínimo porcentaje de jugadores abiertamente LGTB”, cuestiona, desde el respeto. “Cada uno decide cómo vivir su vida. Yo no sé cómo reaccionaría si perteneciera a otro gremio”. A lo largo de esta suerte de repaso de la evolución del colectivo en las últimas décadas vista desde los ojos de uno de sus rostros más conocidos en nuestro país, quedan patentes las páginas que aún quedan por escribir. “Tienen que desaparecer los prejuicios de todo tipo y se tiene que clarificar el discurso. En ese sentido, yo responsabilizo mucho a la Iglesia, que ha dado pasos porque la sociedad va empujando… Pero ya va siendo hora de que se decidan por apoyar la igualdad”. Por cuestiones como estas, Alejandro Amenábar cree que sigue siendo necesaria la presencia de medios orientados al colectivo LGTB como Shangay, que en su momento fue un apoyo para él. “Asocio la revista al despertar de mi condición sexual, pero también a algo muy lúdico”, recuerda el director. “Aunque las cosas, afortunadamente, han cambiado, todavía existe diseminación, y una revista como Shangay sigue siendo importantísima. Y si en el futuro consiguiéramos acabar con todos estos problemas, quedaría como una revista especializada, que siempre está bien”.

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Shangay

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