25/05/2019

Elvira Sastre: “Por qué escribo en femenino… pues es bastante obvio, ¿no?”

7 diciembre, 2018
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Es probable que, en 2018, y en un país como España, significarse explícitamente como gay o lesbiana como si hubiese que llevar un triángulo rosa invertido en la solapa, ya no resulte tan necesario. Vivimos una época de mayor aperturismo, canales de información y capacidad para normalizar desde lo natural. Hace 25 años, cuando nació Shangay, esta situación era un mero anhelo, de ahí que resulte muy interesante comprobar cómo una nueva generación de jóvenes LGTB viven su sexualidad sin fuegos artificiales y utilizan su trabajo como herramienta para visibilizar con matices llenos de sensibilidad y elegancia. “Yo, como persona individual, no tengo esa necesidad, pero sí es cierto que como personaje público tengo cierta responsabilidad de hacer visibilidad para ayudar a los que puedan estar leyéndome”, explica Elvira Sastre, una de las poetas más relevantes de nuestro país, que a la hora de definirse, solo duda al contextualizar su profesión: “Es que todavía no lo tengo claro. Escritora engloba a poeta, pero es cierto que lo segundo es más específico. Aunque he escrito mi primera novela, y claro. Ay, no sé…” [risas]. Poeta, pues.

Repasando con ella la lista de todos nuestros entrevistados en este especial, concluimos en la dificultad extra que ha supuesto –no en su caso, dispuesta desde el primer momento– convocar a mujeres, y Elvira arroja luz sobre los posibles prejuicios que han podido pesar para ello. “Es fruto de la sociedad patriarcal en la que vivimos. Piensan que en su trabajo les puede afectar, conseguir menos papeles en el cine, que les rescindan los contratos en las discográficas… Las mujeres jóvenes de hoy en día llevan su vida en libertad, y quiero pensar que no les pasaría nada”. Pese a ello, sabe que una adolescencia como la suya, en la que jamás tuvo ningún conflicto relacionado con su sexualidad, no es la más habitual. “Desde pequeña he tenido esa suerte, y eso me hace reivindicar esa naturalidad para luego defender la causa LGTB. Y cuando alguien me ha querido coartar, lo he sacado de mi vida. Cierto que no es la norma general, sí tengo amigos que lo han pasado mal… No voy de abanderada de nada porque no considero que lo tenga que hacer, es algo normal”.

Elvira, pese al ambiente sin LGTBIfobia que siempre la ha rodeado, descubrió un mundo nuevo lleno de libertades cuando aterrizó en Madrid desde su Segovia natal, y pisó Chueca aquella misma mañana: “Lo recuerdo con cierta ternura por creer que me iba a encontrar mogollón de gays, la inocencia de pensar que aquí todo iba a ser jauja y no se cumplía un horario de oficina. Luego descubrí la noche, y dije vale, esto era Chueca. Para mí fue una liberación, me recordó mucho a la primera vez que fui a Londres y vi a gente vestida de todo tipo, y muy libre. Esa sensación me cautivó”. Claro está que aquella época, donde las faltas de asistencia en la universidad eran un poco recurrentes, unida al flechazo con Chueca, propició su primer encuentro –y alguna que otra anécdota– con Shangay: “Pasaba todo el tiempo en el barrio, que era donde me encontraba a gusto, y la veía por todos sitios… Hace poco sacasteis una reseña de un libro de un amigo mío, Fran Barreno, y me lo ha dicho tantísimas veces…”, explica entre risas. Y considera necesaria su existencia porque “no somos un país libre, por mucho que queramos pensarlo. Sigue habiendo agresiones, lugares donde los homosexuales no pueden estar tranquilos porque hay gente que no lo tolera. Es importante tener un medio que te da la posibilidad de sentirte comprendido”.

Tiene apenas 26 años, pero Sastre es tremendamente prolífica: ha publicado seis libros, compagina la poesía con la traducción literaria y escribe para El País una columna que se titula ‘Madrid me mata’. Ahora ya sabemos por qué. También es muy popular en Instagram, aunque no comparte “ni un 10% de mi vida. Mi perro y mis poemas, poco más”. Sus versos, cargados de verdad y sutileza, han conectado con una generación nueva que la han convertido en todo un fenómeno de masas. Es una mujer escribiendo a otra mujer, su manera de expresar al mundo sus sentimientos, un espacio donde apenas hay lugar para el odio o la lesbofobia: “Por mi orientación nunca he sentido discriminación,. Ni me ha cerrado puertas, más allá de que alguna vez me han preguntado por qué escribo en femenino… Pues es bastante obvio, ¿no? Pero son casos aislados. Sí es cierto que, como mujer, hay una discriminación indirecta, pero esto va más allá de mi profesión”.

Pese a que no hay una primera intención terapéutica en sus obras –“siempre he escrito para mí, y siempre he dicho que lo seguiría haciendo aunque no me conociera nadie.”–, es consciente de su relevancia: “Al aumentar mis lectores, ganar influencia, intento reservar un porcentaje de lo que publico a valores que defiendo y que creo que pueden ser de ayuda y utilidad”. Y también tiene claro dónde habría que poner el foco para continuar avanzando. “Te podría hablar de endurecer las penas, pero no es la manera de solucionar las cosas. Hay que ir a las aulas… Yo jamás he recibido una charla sobre la homosexualidad, me tuve que buscar mis historias en la literatura LGTB, aunque no había nada lésbico. Pienso en esos jóvenes que están dentro del armario, que no lo saben o no se lo plantean, y no reciben orientación para saber lo que les está pasando, aceptarlo tú y tu entorno”. Con su forma de ver el mundo y escribir sobre él, Sastre también aporta su granito de arena.

FOTOS miguelangelfernandezphoto.com

MAQUILLAJE Y PELO Mario Rubio

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Shangay

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