22/03/2019

¿Qué retos en clave LGTBI tiene España este 2019?

9 enero, 2019

Una vez hemos entrado en 2019, es momento de plantear las luces y sombras que ha dejado 2018 en clave LGTBI, así como los aspectos a mejorar en este nuevo año. Desde aquí hemos celebrado la aprobación de leyes en regiones como la Comunidad Valenciana o la despatologización de la transexualidad por parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS), pero lo cierto es que España continúa sin poner toda la carne en el asador para erradicar problemáticas como la homofobia, el bullying relacionado con la orientación sexual o los delitos de odio, y tal vez haya llegado el momento de ponerse manos a la obra en busca de esa igualdad real… y utópica. Y todo ello mientras acelera por la ultraderecha un huracán discriminatorio.

El 12 de mayo de 2017, Unidos Podemos registró en el Congreso de los Diputados la proposición de la Ley de Igualdad LGTBI. Ha pasado más de un año y medio y el texto continúa siendo un borrador, atascado en la Comisión de Igualdad pese al compromiso público de políticos y gobernantes. Este sería el paso definitivo para unificar criterios a nivel estatal en aspectos como la educación, la memoria histórica, el mercado laboral, los delitos de odio, la discriminación, los derechos reproductivos, pero… Un texto necesario que sería el punto de partida para estar más cerca de alcanzar otros retos que el colectivo se propone.

El pasado mes de noviembre, el Observatorio de Redes contra el Odio publicó ‘La cara oculta de la violencia hacia el colectivo LGTBI’, un estudio que registra 629 casos de delitos de odio por LGTBIfobia en España y que asegura además que alrededor del 70% de los episodios continúan sin denunciarse. Perder ese miedo y formar a nuestros cuerpos y fuerzas de seguridad sigue siendo una tarea pendiente, al estilo de como se trabaja en la Comunidad de Madrid a través de la Unidad de Gestión de la Diversidad de la Policía Municipal. Al final, en la mayoría de estos sucesos, los agentes son los primeros en llegar, por lo que saber identificar que una agresión tiene connotaciones de delito de odio resulta imprescindible.

No podemos olvidar en estas líneas la históricamente vilipendiada T del colectivo. Se debe conseguir la absoluta despatologización trans y no binaria en todo el país, y el derecho a la autodeterminación individual. La ley 3/2007, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres, que permite el cambio de registro de nombre y género sigue exigiendo, pese a que en algunas comunidades ya no es necesario, un diagnóstico psiquiátrico que atestigüe que existe una disforia de género. Así que es momento de acabar con la terminología arcaica y seguir la estela de la OMS.

Una deuda histórica que precisamente, este 2019 celebra una cifra redonda. Se cumplen 50 años de las primeras revueltas por la lucha de los derechos LGTBI de Stonewall en Nueva York, motivo por el cual se celebrará allí este verano la próxima edición del WorldPride. La efeméride también supondrá que en España el Orgullo de Madrid, entre otros, esté dedicado a nuestros mayores, para dignificar su memoria, erradicar el estigma y compensar –de algún modo– tantos años de sufrimiento.

Una serie de retos que se ven amenazados por ese auge de la corriente de la ultraderecha, empeñada en coartar libertades conseguidas en los últimos cuarenta años, no sin sangre, sudor y lágrimas. Sin ir más lejos, esta semana Vox exigía, para pactar con el Partido Popular en Andalucía, la “derogación de la “Ley 8/2017, de 28 de diciembre, para garantizar los derechos, la igualdad de trato y no discriminación de las personas LGTBI y sus familiares en Andalucía”, porque “los derechos de las personas de orientación homosexual están ya reconocidos en las leyes ordinarias y la Constitución. España no es un país homófobo que necesite leyes especiales”. Se avecina tormenta.

¡Ah! Y puestos a pedir, no estaría mal que en un mundo todavía lleno de tabúes como el deporte, tuviéramos referentes LGTBI visibles más allá de Javier Raya y Víctor Gutiérrez, y que como hicieron ambos, pudiésemos contarlo en nuestras páginas. Si un futbolista diese el paso, teniendo en cuenta que un estadio es el mayor foco de barra libre de homofobia de nuestra sociedad, tendría un valor incalculable… Pero tal vez eso sea soñar demasiado.

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Shangay

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