16/07/2019

¿Por qué siguen siendo necesarias las etiquetas dentro de la comunidad LGTBI?

23 junio, 2019
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Cuando terminas de escribir un libro, de género ensayístico, llegas al final del camino con multitud de conclusiones. O al menos eso es lo que me ha pasado a mí, y no solo en la fase de escritura, también durante la promoción posterior, con sus consiguientes charlas y entrevistas.

ilustración Iván Soldo

La primera conclusión que obtuve es que, en cuanto a derechos LGTBIQ, la sociedad y las leyes no han avanzado de manera simultánea. Ha sido un largo recorrido a trompicones, que precisaba de nuevas generaciones, que nos han situado en el punto actual en el que estamos, pero con una carencia latente: la información. En ocasiones llegamos a creer que teniendo Internet a nuestro alcance poseemos la fuente de la verdad y la sabiduría. Y seguro que muchas veces es así, pero hay que tener en cuenta que venimos arrastrando décadas de auténtica desinformación, por parte de unos medios de comunicación que tampoco se molestaron en discernir términos y situaciones.

El mayor consumidor por excelencia era esa sociedad imperante que hoy llamamos heteropatriarcado, y que no se molestaba lo más mínimo en indagar en todo aquello que no le atañía. Pero he aquí el quid de la cuestión, cuando en los últimos meses he podido comprobar cómo buena parte del colectivo LGTBI también navega a sus anchas en la confusión.

“Para algunas personas el antónimo de transexualidad es heterosexualidad, como si ambas no pudiesen ser compatibles”

Sirvan de ejemplo las veces en que he podido comprobar cómo para algunas personas el antónimo de transexualidad es heterosexualidad, como si ambas no pudiesen ser compatibles. El problema de base es que nunca han llegado a distinguir condición de identidad sexual. O quizás el hecho de ver al colectivo trans implicado en el Orgullo, por aquello de que la unión hace la fuerza, siendo el verdadero motivo de tal cohesión la lucha contra la discriminación.

En definitiva, hay gente que está muy predispuesta a aceptar y comprender, pero en esa oleada de empatía les falta información, y de nada sirve tanto entendimiento sin conocimiento de por medio. En los últimos tres años hemos pasado de cero a cien, de nada a todo, de creer que una persona trans es un “homosexual elevado a la máxima potencia” a tener hoy en día multitud de discursos de género, tan necesarios como en ocasiones confusos. Y digo confusos porque a veces se da por hecho que el lector llega con la lección aprendida, y al final se acaba predicando únicamente al convencido.

Por mi parte intento ser mínimamente indulgente con la tercera edad, que pese a su buena intención, no siempre sabe aplicar las teorías y términos actuales, del mismo modo que tampoco logra manejar a la perfección las últimas aplicaciones de su teléfono móvil. Pero lo dicho, mi indulgencia se limita a ciertas excepciones, ya que el resto estamos perfectamente capacitados para adaptarnos a todo lo que venga, no solo cuando nos conviene. Y frente a todo ello está otra mucha gente que, en su afán de vivir en un mundo ideal, reivindica el fin de las etiquetas.

“Si en estos momentos nos quitamos las etiquetas volveremos al principio de la partida”

He aquí mi otra conclusión: a nadie le gusta que le clasifiquen, y que su condición sexual acabe siendo su tarjeta de presentación, pero todavía no estamos en situación de romper las etiquetas. Porque aunque no lo parezca, gracias a ellas se han visibilizado realidades, se ha puesto nombre a un colectivo, a sus problemáticas, y hemos podido avanzar legislativamente.

Las palabras tienen la fuerza que cada cual les quiera dar. Si en estos momentos nos quitamos las etiquetas volveremos al principio de la partida. Nos encontraremos de nuevo con la eterna apropiación de la palabra travesti para calificar la transexualidad, el arcaico hermafroditismo volverá a adueñarse de la intersexualidad y borraremos de un plumazo términos tan recientes como transgénero o género fluido. Sin etiquetas el discurso cojea y retorna la desinformación, con el añadido de que todo lo que no se menciona, no existe. Y ahora no nos lo podemos permitir, quizás dentro de diez años deje de ser una utopía.

VALERIA VEGAS ES ESCRITORA Y ARTICULISTA. SU ÚLTIMO LIBRO PUBLICADO ES VESTIDAS DE AZUL.

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