28/11/2020

Echaré de menos tus serenatas a la luz de la luna, Macanao Torres

7 enero, 2020

Cuando estaba en lo más bajo, Pedro Oliver –Macanao Torres para el mundo– se tiró desde las alturas del edificio en que residía en su Murcia natal –nació en Las Torres de Cotillas, donde vive su familia–. Hace unos meses había desmantelado su piso de Malasaña, y estaba decidido a iniciar una nueva vida.

En su casa madrileña, a Pedro, exMacanao, le asfixiaban los fantasmas: demasiado sexo sucio, demasiado exceso, demasiado poco cariño, que era lo que reclamaba. Solo cuando invitaba a amigos cercanos –entre los que tenía el orgullo de encontrarme– se sentía resguardado, reconocido de verdad, querido. Era feliz cocinando para nosotros –ay, qué guisos más ricos me hacía–, invitando a unas cervezas con tequila –sus preferidas–, dejándonos jugar con su perro Macanuto, presumiendo de su inmensa televisión –sentía debilidad por ellas, en ese sentido era toda una size queen, y la de Murcia era casi tan grande como la pared de su salón–, compartiendo chascarrillos y preocupaciones.

Muchas veces nos olvidamos de que los actores porno que tanto nos excitan cuando los vemos en acción son personas de carne y hueso, con las mismas necesidades e inquietudes que el resto. Solo que incluso ellos mismos, cuando están inmersos en la vorágine de la industria del sexo, las ocultan, las reprimen. El mundo del porno casi les obliga a ello.

“Su carisma y su espontaneidad se convirtieron en sus mejores armas como actor porno”

Pedro/Macanao Torres saboreó las mieles del éxito como actor porno durante una década. Se convirtió en todo un icono del porno gay patrio a raíz de su colaboración con la productora catalana JalifStudio, que supo exprimir su salero y su canalleo y crear una figura cañí que no habría desentonado en el cine de Bigas Luna. Macanao Torres se convirtió en todo un portento del porno, con un carisma único y una espontaneidad que se convirtió en su mejor arma.

macanao torres

Perico, como le conocían los más cercanos, dejó su mecánico trabajo en una fábrica de su pueblo y se centró en el cine y en los shows en vivo, y no podía ser más feliz. Vivió una etapa dorada del porno gay, la última del cine para adultos centrada en los formatos físicos y la larga duración, y el chute de autoestima fue brutal. También fue descubriendo los sinsabores de su profesión: la presencia constante de las drogas, la prostitución, la casi ausencia de amistades sinceras, la cada vez mayor presencia del sexo no seguro, dentro y fuera de los sets…

En 2016 decidió que era el momento de enterrar a Macanao Torres. Contó sus razones en una entrevista exclusiva a Shangay, que marcó el inicio de nuestra amistad. Ahí fue cuando empecé a descubrir al Pedro tras Macanao. Una persona llena de contradicciones, conservador a rabiar en ciertos aspectos –algo que nunca me dejó de sorprender–, deseoso de ayudar a su comunidad gracias a todo lo que había aprendido –y sufrido–, profundamente preocupado por el incremento en las prácticas sexuales no seguras y ver cada vez más personas cercanas infectadas por el VIH, o enganchadísimas a las drogas.

Su preocupación por el aumento de las ITS a su alrededor y la comprobación de que el bareback era la práctica más habitual en un importante sector de la comunidad gay se había convertido en los últimos meses en una auténtica obsesión para él. Buscaba contactos en asociaciones LGTBI para proponer ideas, para ofrecerse como ponente en charlas si era necesario… y a la vez, los vaivenes emocionales eran cada vez mayores.

No acababa de encontrar su sitio ni en Madrid ni en Murcia. En la capital, la gente quería mayoritariamente estar/follar con Macanao, mientras él huía del personaje; en Murcia, Pedro se sentía algo vacío, solo la compañía de sus abuelos y de un contadísimo número de amigos le hacía disfrutar. En ambas casas se encerraba todo lo posible, y su cabeza no le daba respiro.

Desde hace dos años, su principal ilusión era la de formar una familia. Pronto vio que no le iba a resultar nada fácil ser padre soltero. Consideró muy seriamente la gestación subrogada, y en 2018 se marchó a México a ver posibilidades. Ninguna le convenció. Allí, por cierto, recuperó brevemente a Macanao para grabar unas escenas para la productora –especializada en bareback, todo sea dicho– Treasure Island Media. A raíz de esa experiencia, incluso pensó en dar una segunda vida a Macanao Torres. Por suerte, se lo quitamos de la cabeza. Las contradicciones en su manera de pensar y actuar eran constantes, y lo cierto es que era una de las razones que le convertían en una persona tan carismática… e incomprendida. No se callaba nunca lo que pensaba, y no todo el mundo aprecia la sinceridad tan radical.

“Sus contradicciones eran constantes, una de las razones que le convertían en una persona tan carismática… e incomprendida”

Se había convertido en una tradición que todos los veranos nos fuésemos un día los dos a pasarlo al balneario de Fortuna –junto con el de Archena, sus dos refugios preferidos en los últimos años–. “Bebiendo, fumando y sin parar de reír”, como dice la canción. Se había convertido en uno de los momentos más especiales de mis vacaciones estivales. Esos días tan relajantes sacaban lo mejor de Pedro: mimoso, atento, sensible –por cursi que pueda sonar, sus serenatas y los paseos que hacía en sus brazos en la piscina a la luz de las estrellas me siguen poniendo la piel de gallina, sobre todo porque no se repetirán–.

“Estaba dolido con tantos compañeros del porno que le habían dado la espalda, de ver a demasiados conocidos enganchados a los chills y al bareback”

Este pasado verano estaba más decaído de lo habitual incluso a remojo en las piscinas termales de Fortuna. No terminaba de centrarse, de dar un paso firme hacia un proyecto de futuro que le ilusionara. Estaba perdido, confundido. Dolido con tantos compañeros del porno que le habían dado la espalda definitivamente, de ver a demasiados conocidos enganchados a los chills y las drogas, de no sentirse del todo respaldado por algunas personas cercanas a él. La fantasía del antiguo Macanao se había convertido en su peor pesadilla.

Las Navidades le desestabilizaron del todo, desgraciadamente, y no pudo superar esa sensación de no pertenecer, de no sentirse valorado, de no tener suficientes estímulos para no dejarse caer. Desgraciadamente, no son pocos los exactores porno que terminan suicidándose, como hizo él el pasado 29 de diciembre, arrojándose al vacío desde la azotea de su edificio. En plena euforia pre-Nochevieja, Pedro no sentía que tuviera nada que celebrar. Muy triste. No quiero ni imaginar cómo se sentirá Macanuto, el perro callejero que convirtió en su compañero, en ese hijo que ya nunca podrá tener.

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Shangay

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