13/08/2020

El jurado de ‘Masterchef’ expulsa a Saray del programa: “Nunca nos habíamos equivocado tanto al elegir un concursante”

5 mayo, 2020
Léetelo en 4 minutos

Ayer, día 4 de mayo, tuvo lugar el cuarto programa de MasterChef 8, donde, al finalizar la prueba de eliminación, la concursante Saray fue expulsada tras presentar una perdiz sin desplumar ante los jueces. Un gesto que consideraron no solo una falta de respeto hacia el producto sino también hacia sus compañeros y hacia los 28.000 aspirantes que no lograron una plaza en el concurso.

Sin duda, esta edición 2020 de Masterchef está siendo una de las más problemáticas de la historia del programa, en especial debido a la conducta de Saray, una joven trans de raza gitana que, aunque en los primeros programas logró llamar la atención de los jueces y el público, ha terminado destruyendo su paso por el concurso con sus comportamientos groseros y su mala educación.

Tanto los jueces como sus compañeros habían perdido la cuenta de los comentarios irrespetuosos por parte de la concursante. Programa tras programa, Saray se enfrentó al jurado al no estar de acuerdo con sus valoraciones, y terminó incomodando a gran parte de sus contrincantes al generar situaciones tensas y desagradables. Sin embargo, lo que hasta ahora no había sido más que unas cuantas contestaciones malhumoradas se convirtió ayer en una auténtica falta de respeto.

Todo sucedió durante la prueba de eliminación. Los concursantes debían elegir una caja de alimentos sin saber lo que había en su interior. Cual fue la sorpresa de Saray al descubrir que su caja escondía una perdiz entera y sin desplumar. La concursante manifestó el profundo asco que le daba manipular animales en tal estado, y se negó a hacer la prueba a pesar de la clara expulsión que aquello supondría.

La cosa podría haberse quedado ahí, sin embargo, la concursante decidió que, si esa noche se marchaba, lo haría riéndose de los jueces y del programa. Así que Saray trituró unas cuantas setas de mala manera y, tras hacer una especie de potingue con ellas, agarró la perdiz y la colocó encima tal cual estaba, plumas, alas y cabeza incluidas. Para colmo, colocó tres tomates sobre el cuerpo del animal y decoró el plato con una cuantas verduras crudas. “Lo nunca visto en Masterchef“, susurraban sus compañeros, que la observaban boquiabiertos. “Es horrible, vergonzoso”, continuaban.

A pesar de que Pepe, miembro del jurado y chef profesional, se acercó a su cocina y le aconsejó que no presentara un plato así, Saray decidió continuar con lo que había empezado y se acercó al estrado para ser evaluada, movida por un orgullo absurdo que le serviría, tan solo, para manchar su reputación ante toda España. Sus compañeros no daban crédito a lo que veían.

Jordi Cruz, también juez del programa, agarró la perdiz sin mediar palabra y limpió el potingue de setas que la manchaba, y después se encaró con Saray. “Me faltas al respeto a mí, le faltas al respeto a tus compañeros, le faltas al respeto al programa y le faltas al respeto a los 28.000 candidatos a entrar a estas cocinas… Entiendo que no quieras cocinar, entiendo que te dé asco, pero lo que le has hecho a este producto no tiene justificación ninguna”. Cuando Saray, para variar, intentó rebatir sus palabras, Jordi le respondía con un severo: “No he acabado de hablar, ni se te ocurra abrir la boca. Nos hemos equivocado terriblemente contigo, creo que es la vez que más nos hemos equivocado a la hora de dejar entrar a alguien por esa puerta en ocho años“.

Cuando por fin le dieron el turno de palabra, Saray intentó justificarse argumentando que, desde el momento en que le entregaron el delantal negro, se bloqueó y no quiso seguir. Sus compañeros, por otro lado, confesaron que los único sentimientos que tenían hacia ella tras presenciar su comportamiento eran compasión y vergüenza. Además, declararon que generaba malos rollos en la convivencia y que, en caso de que se fuera, podrían continuar cocinando bajo una competencia mucho más sana y agradable.

Por último, y a modo de despedida, Jordi le invitaba a entregar su delantal negro, el cual aseguró que no se merecía, y a abandonar las cocinas inmediatamente. Llegados a ese punto, Saray echaba humo por las orejas. “Bye, Bye, mi picolísima dama”, cantó, y tras lanzarle un beso al jurado, se quitó el delantal y lo arrojó sobre la mesa… Como broche final, realizó unos pasos de baile flamenco antes de salir por la puerta y abandonar el concurso definitivamente.

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Shangay

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