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La historia de Waldo de los Ríos, atormentado genio LGTBI, contada en ‘Desafiando al olvido’: “Fue víctima de una sociedad homófoba”

7 septiembre, 2020

Un 7 de septiembre de 1934 nacía en Buenos Aires Waldo de los Ríos, legendario compositor y arreglista que triunfó de manera incontestable hace más de medio siglo. De hecho, su adaptación pop del cuarto movimiento de la Novena sinfonía de Beethoven, el Himno a la alegría, interpretado por Miguel Ríos (número uno en doce países), cumple 50 años.

Waldo de los Ríos se suicidó en marzo de 1977 y dejó tras de sí un buen número de enigmas relacionados con su vida, y también su muerte. Vivió su homosexualidad de manera atormentada y en secreto, y a pesar de sus grandes éxitos artísticos no pudo disfrutar como merecía de sus logros. El periodista y escritor granadino, afincado en Málaga, Miguel Fernández dedicó tres años a investigar todo lo relacionado con Waldo de los Ríos, y lo ha volcado en el absorbente libro Desafiando al olvido, que por fin hace justicia a su memoria y nos permite descubrir la historia de un artista que ha estado olvidado durante demasiado tiempo.

Firmó arreglos de canciones míticas como Porque te vas de Jeanette, En un mundo nuevo de Karina, Cuando me acaricias de Mari Trini o La vida sigue igual de Julio Iglesias, y bandas sonoras como la de ¿Quién puede matar a un niño?, de Chicho Ibánez Serrador, y realmente su popularidad llegó a ser tan grande como la de algunos de esos intérpretes. Pero le acompañó durante toda su vida la insatisfacción artística, además de hechos que le desestabilizaban como la complicada relación con su madre y su mujer, su constante lucha con la báscula y la manera de vivir su homosexualidad, como tantos hombres gais en la época, dentro de una clandestinidad nada sana que le llevó a quitarse la vida cuando su amor no fue correspondido.

SHANGAY ⇒ ¿Cómo es posible que la historia de Waldo de los Ríos haya estado silenciada tanto tiempo?
MIGUEL FERNANDEZ ⇒ Por desinterés. Con la Transición, la sociedad española se desprendió del pasado. Estabamos tan obsesionados por ser modernos, con el futuro, con el progreso, que todo lo que recordaba a la dictadura parecía antiguo, paleto, cutre. Waldo de los Ríos había sido el artífice de muchos éxitos musicales de los sesenta y setenta que ahora se tildaban de horteras. Entre Alaska y Karina, la elección parecía clara. Pero quizás no había que elegir. Cada una en su contexto tiene su propio valor.

En el aspecto personal, a la historia de Waldo le ocurrió lo mismo. A fin de cuentas, era una víctima de la “doble vida”, esa situación que era tan habitual durante el franquismo. La noticia de su muerte se contó con mucho sensacionalismo y enseguida se olvidó.

“Waldo fue víctima de una sociedad hipócrita y homófoba que penalizaba la homosexualidad”

SHANGAY ⇒ ¿Consideras que Waldo de los Ríos murió víctima de su propia homofobia interiorizada?
MIGUEL FERNANDEZ ⇒ En todo caso, Waldo fue víctima de una sociedad que penalizaba la homosexualidad, una sociedad hipócrita y homófoba. Ser homosexual durante el franquismo era una tragedia. “Prefiero un hijo muerto que maricón”, decían algunos padres de la época. Waldo era rico y famoso, sufrió amenazas, es posible que algún tipo de extorsión por frecuentar determinados bares y ciertas zonas de Madrid…

Cuando se decidió a superar sus miedos, e incluso a plantearse vivir con la persona que amaba, el amor le dio la espalda. No siempre nos enamoramos de la persona adecuada ni hay la reciprocidad que esperamos. Ahí fue cuando dijo “no puedo más”.

SHANGAY ⇒ ¿Fue tan complicada la documentación para este libro como sugieres en él?
MIGUEL FERNANDEZ ⇒ La industria discográfica no ha dejado de transformarse desde los años ochenta. Las casas de discos españolas, como Hispavox, en la que trabajó Waldo de los Ríos, cayeron en manos de multinacionales que a su vez fueron absorbidas por otros conglomerados de compañías. En ese proceso, multitud de documentos, de partituras y de masters acabaron en la basura.

De las cosas personales de Waldo solo quedan unas cuantas cajas depositadas en la SGAE, sin un inventario exhaustivo. Es muy difícil, cuando no imposible, encontrar una partitura, un contrato, una carta… La mayoría de la gente de aquel tiempo está desapareciendo, y para sus herederos todo ese material es una carga. Hay pocas instituciones dispuestas a recogerlo, a pesar del valor que tiene.

“Al rescatar estos artistas LGTBI estamos rescatando también la memoria de gente corriente que sufrió el escarnio y la persecución”

SHANGAY ⇒ Hoy día es muy habitual que los productores de éxito sean grandes estrellas. ¿Crees que si hubiera vivido hoy Waldo de los Ríos lo habría sido mucho más que entonces?
MIGUEL FERNANDEZ ⇒ Probablemente. En la época en la que murió, a Waldo le interesaban ya otros horizontes profesionales, como el de la composición de bandas sonoras o musicales. Intentó componer uno sobre la vida de Jesucristo antes de que se estrenara Jesucristo Superstar. Dejó a medias uno sobre Don Juan. En ese sentido, creo que habría evolucionado en una línea parecida a la de Adrew Lloyd Webber o Ennio Morricone.

SHANGAY ⇒ ¿Por qué crees que vivió siempre tan atormentado?
MIGUEL FERNANDEZ ⇒ Para empezar, porque tenía un sentido de la responsabilidad y de la disciplina muy acusado. Su madre lo educó para que fuera un genio. Con veinte años ya tenía un puesto de responsabilidad en una discográfica; a los cuarenta, cobraba cheques de seis ceros en dólares… El personaje terminó por apoderarse del ser humano.

SHANGAY ⇒ ¿Qué fue lo que más te llamó la atención de él al escribir el libro?
MIGUEL FERNANDEZ ⇒ Precisamente, la grandeza del ser humano que se esconde tras el personaje. Un hombre que colecciona juguetes porque la infancia se le fue estudiando música y acompañando a su madre en los escenarios. Un hombre que se siente atraído por la falta de ambición de su amante. Un hombre que ama a su perro. Un genio rodeado de cosas sencillas.

SHANGAY ⇒ ¿Confías en que tu libro contribuya a hacer justicia a su memoria?
MIGUEL FERNANDEZ ⇒ Ojalá. Waldo fue muy feliz en Madrid y no hay una calle que lo recuerde. Gracias a su trabajo, la música española se escuchó en medio mundo sin que ninguna institución lo reconociera jamás. Ni siquiera en Buenos Aires, su ciudad natal, hay algo que lo recuerde.

SHANGAY ⇒ ¿Crees que hay muchos más artistas LGTBI de la segunda mitad del siglo pasado que merecerían ser rescatados como has hecho con Waldo de los Ríos?
MIGUEL FERNANDEZ ⇒ Sin duda. Al rescatar esos artistas estamos rescatando también la memoria de gente corriente que sufrió el escarnio y la persecución. Creo que es hora de poner en valor tanto sufrimiento.

Miguel Fernández, autor de Desafiando al olvido

SHANGAY ⇒ ¿Qué crees que aportó Waldo de los Ríos a aquella primera época dorada del pop español de la que formó parte?
MIGUEL FERNANDEZ ⇒ De los Ríos buscó la dignificación del pop. Aquellos artistas grababan con toda una orquesta detrás, esas canciones que ahora canturreamos en el karaoke o nos alegran la noche tuvieron, gracias a Waldo y a otros músicos, un armazón muy sólido; no se grabaron en el baño o la cocina del cantante de turno. Hay un vídeo de TVE en el que Waldo explica a Karina cómo ha hecho el arreglo de la canción En un mundo nuevo, con la que se presentó en Eurovisión en 1971, que lo resume todo: De los Ríos, Calderón o Algueró eran auténticos modistos que convertían un tema sencillo en una pieza de alta costura.

SHANGAY ⇒ ¿Qué es lo más te llamó la atención, para bien y para mal, de cómo vivían las personas LGTBI su sexualidad y su identidad en aquellos años?
MIGUEL FERNANDEZ ⇒ Las historias que he escuchado mientras escribía el libro me han sorprendido por su capacidad de resiliencia. A pesar de las dificultades, del miedo y la persecución, la gente se esforzaba en mantener la vida que querían vivir. Por la mañana, representaban su papel. De noche, recorrían una geografía de bares y lugares donde podían ser ellos mismos. La confianza en el futuro de aquella gente nos condujo a la libertad que disfrutamos hoy.

EL LIBRO DESAFIANDO AL OLVIDO DE MIGUEL FERNÁNDEZ ESTÁ PUBLICADO POR ROCA EDITORIAL

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