20/09/2020

¿Hemos saturado el mercado de parejas abiertas?

11 septiembre, 2020
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Qué libres nos sentimos cuando abrimos la pareja mi marido y yo. Liberados del yugo de la monogamia. Lo suficientemente maduros como para distinguir entre sexo y amor, entre lealtad y fidelidad e incluso entre erotismo íntimo y morbo anónimo. Un amor menos posesivo, más generoso.

Un amor esencialista. Honestidad a la hora de aceptar que el deseo no se agota con una sola persona ni el amor se agota con las intermitencias del deseo. Nos sentimos héroes que derrocaron años de tradición que oprimían nuestras libidos y nuestra realización personal, y encontramos complicidad y romanticismo en nuestro modelo.

“Hemos creado un peculiar monstruo que entre todos los que nos hemos sumado al boom del modelo de pareja abierta”

Pues bien… de un tiempo a esta parte, como suele decirse, sin anular lo anterior, también me voy dando cuenta del peculiar monstruo que hemos creado entre todos los que nos hemos sumado al boom del modelo. Doy voz al otro lado: me llegan historias de solteros hasta el moño de que les usen para el desahogo sexual y luego fin de la cita (sí, ya sé que probablemente son los mismos que huían del compromiso como de la peste, pero esa es otra historia), de otros que aseguran que se han hartado de recibir amantes que les llegan con el pliego de condiciones para no violar el contrato personal e intransferible de su apertura, por no hablar de los que aprovechan para hacer terapia de pareja con el tercero o lo usan como mecanismo de compensación de todas las carencias de la pareja en cuestión: aquellos que solo quieren los besos que el marido no les da, los centímetros de pene que le faltan o la violencia que no se atreven a pedirle. Hemos saturado el mercado y buscamos una especie de prostitución en prácticas no remuneradas.

Además, empiezo a ver a mi alrededor parejas que se han convertido en una unidad económica para mantener un nivel de vida concreto, pero que han externalizado todo su capital afectivo y sexual hasta vaciar de contenido sus relaciones. Que, eliminado el concepto de “infidelidad”, se han quedado sin catalizador de la ruptura. Y, tan modernos que somos, a veces veo a algunas parejas abiertas como una nueva versión de esas parejas heterosexuales totalmente destruidas que aseguran estar juntas por el bien de sus hijos.

Y pienso, llevando el razonamiento al extremo, que la ruptura quizá se extinga como especie. No por prohibida como antiguamente, sino por falta de sentido. ¿Para qué? La pareja, que molestaba pero no impedía, ahora ni siquiera molesta. Y qué cosa más desagradable decirle a alguien que ya no te gusta y tener que justificarte. Te evitas poner a los amigos comunes en una incómoda tesitura. Y, sobre todo, ¿irse a vivir a un piso peor, más lejano y con gente a la que no conoces? ¿O a un estudio inmundo? ¡Por encima de mi cadáver!

Por ello, con todo lo que valoro la flexibilidad en mi matrimonio de puertas para adentro, y sin querer volver al modelo monógamo por nada del mundo, cada vez me cuesta más hacer usufructo de mi pareja abierta porque me empieza a parecer algo mercantilista y poco solidario con el resto. Veo la saturación del mercado online por parte de mis congéneres, veo en la mirada del otro el “estoy hasta los cojones de vosotros” y eso me resulta poco sexy.

“Cada vez me cuesta más hacer usufructo de mi pareja abierta porque me empieza a parecer algo mercantilista y poco solidario con el resto”

Me solidarizo con los solteros que se enfrentan a un mundo en el que se abren menos “plazas nuevas” que en las plantillas de los periódicos. Podrás, como mucho, ser el novio de una pareja que se permite enamorarse de otros, pero que se irá de vacaciones a las Maldivas con el marido y nunca te sacará en Instagram.

Serás testigo de todas sus fotos mostrando una vida perfecta y darás un like. Pero quizá solo sea una pareja artística en gira promocional como Pimpinela, que aunque cantan al amor en realidad son hermanos. Y eres tú el que tiene que irse y pegar la vuelta. Olvidarte de todo, que ya tienes experiencia. Volver a la invisibilidad, por si eras nostálgico de otros tiempos. Aunque estos son los nuevos. Los que soñaron con la libertad afectiva y se encontraron con el libre mercado.

ILUSTRACIÓN: IVÁN SOLDO

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