21/10/2020

Giancarlo del Monaco: “El término ‘zarzuela’ es reductivo; hay que darle una dimensión diferente”

10 octubre, 2020

Lleva el mundo de la ópera en la sangre. Giancarlo del Monaco –hijo del legendario Mario del Monaco y la soprano Fedora Filippini– ha vivido en primera persona, desde niño, lo que es este mundo. Por ello es uno de los directores de escena que con más criterio se pueden permitir determinados lujos.

Este año tiene el privilegio de levantar el telón de uno de los teatros más emblemáticos de España, si no del mundo: el de La Zarzuela. Su visión de La Tempranica, de Gerónimo Giménez, y La vida breve, de Manuel de Falla es la que da comienzo a la primera temporada postconfinamiento, y lo hace cuando todavía muchos teatros líricos del mundo siguen cerrados. “No solo La Zarzuela, también el Teatro Real. Eso implica que España ha puesto todo el corazón en ello”, nos dice. Estos dos títulos se pueden ver en un espectáculo que se llama Granada, creado especialmente para la ocasión, y que, precisamente por la situación que vivimos, se ha tenido que desdoblar en días alternos para cumplir con las normas de seguridad sanitaria. Ya sabemos, siempre apoyando la #CulturaSegura.

Del Monaco es italiano, pero él se considera “una persona cosmopolita”. Lo entrevistamos tras la función de estreno, el pasado 1 de octubre, y ya había vuelto a su casa de Ibiza, donde pasó el confinamiento. Y sí, como los grandes de la ópera, la entrevista no estuvo exenta de anécdotas, como que tuvo que echar (literalmente) a su papagayo de la estancia en la que se encontraba, porque no nos permitía poder hablar por teléfono con normalidad. Como si fuera el Papageno de La flauta mágica. Anécdotas hubo. Pero también mucha pasión en esta conversación telefónica.

El mundo de la lírica no es ajeno a la vida. Por lo que, como el resto de los sectores sociales, económicos y artísticos, vive una situación muy complicada. “Cuando llegó la gripe española [en 1918] creo que también cerraron los teatros. Recuerdo cuando abuelo me hablaba de esa ‘española’, de la influencia asiática, de todo eso… Muchas veces algunos teatros cerraron. Por lo que no es una cosa nueva”, nos dice antes de empezar a disparar con bala, y no precisamente de fogueo: “Lo que me parece nuevo es el miedo que tienen muchas ciudades a abrir los teatros, que son los lugares más seguros. Porque la gente que va a los teatros es educada, se pone mascarilla, se desinfecta las manos… no habla boca a boca. La disciplina es mucho mayor que en otros sitios. Esto es políticamente un desastre”.

“Que me llamen italiano, si es por mi temperamento, pues lo entiendo… Pero no me considero un italiano, sino un cosmopolita”

Le recordamos que primero Italia (con la gente ya sentada en La Scala de Milán y la función a punto de comenzar) y España, después, fueron los países que antes cerraron los teatros: “Sí, y me parece que la política no tiene las ideas claras sobre quién tiene que abrir y cerrar”, afirma antes de empezar a atacar al sector del ocio nocturno: “Las discotecas creo que son de las cosas más inútiles de la historia de la humanidad. Primero, porque no se puede hablar por el ruido. Segundo, porque todos esos bailes, saltando, y todos drogados y borrachos… me parece una pérdida de control”, nos dice sin atender a razones, por lo que cambiamos de tema.

Giancarlo del Monaco y el director musical, Miguel Ángel Gómez-Martínez, durante los ensayos de La Tempranica. [Foto: Javier del Real]

La zarzuela levanta el telón esta temporada tan especial con Falla y Gerónimo Giménez. ¿Cómo entiende un italiano esta música tan española? “A mí que me llamen italiano, si es por mi temperamento, pues lo entiendo… Pero no me considero un italiano, sino un cosmopolita. Y como me considero como tal, siempre me ha interesado todo tipo de música. Por ejemplo, la comedia musical, la zarzuela, la ópera italiana, pero también la francesa, la alemana… Además, hablo cinco idiomas y no tengo problema en pasar de Wagner a la zarzuela. No es que la música no tenga fronteras, es el impacto que tiene un regista [director de escena] con la música, en mi caso, lo que no tiene fronteras. Para entender la zarzuela tienes que entender español. ¿Cómo puedes entender a Wagner si no hablas alemán? Y si no hablas italiano, pues lo mismo con la ópera italiana. La gente se olvida muchas veces de que un compositor compone la música sobre un texto. Tenemos cartas de Verdi en las que le dice a Boito: ‘Envíame textos, que no puedo componer’. El texto es fundamental, y va ligado al idioma”.

Para el regista, los libretistas son tan importantes como los compositores. Algo que él considera que antes se cuidaba mucho más. “Es evidente que la música se compone sobre los textos. Es tan verdadero esto que Wagner, que no encontraba ningún texto apto para su música, se puso a escribirlos él mismo. Inventando, además, un idioma. Porque el alemán de Wagner no es alemán, es el alemán de Wagner”.

La mezzo canaria Nancy Fabiola Herrera en una escena de La Tempranica, de Gerónimo Giménez, en el Teatro de La Zarzuela. [Fotos: Javier del Real]

Del Monaco está, y ha estado, muy ligado a nuestro país. Habla muy bien español y considera que nosotros mismos somos los que no valoramos nuestro patrimonio lírico como se merece. “He vivido en España varios años, tengo dos hijas que viven en Madrid, Alessandra y Laura, y siempre me ha interesado la zarzuela; he puesto en escena obras como Las golondrinas”. Pero va mucho más lejos: “Considero que muchas zarzuelas no son zarzuelas, porque ¿qué significa zarzuela? ¿Qué es una opereta? ¡Algunas son como operetas y otras son como óperas! El contenedor del termino ‘zarzuela’ es mucho más variado de lo que el público piensa. La zarzuela tiene muchas obras que se pueden comparar con los dos Strauss o con el verismo italiano. Tiene todas las direcciones posibles. Me parece que llamar a la zarzuela así, zarzuela, es un error. Por eso yo creo que con La vida breve y La Tempranica, como ya hicimos con Las golondrinas en su momento, hemos demostrado que la música española tiene una profundidad mucho mayor de lo que la mayoría piensa.

Ante la pregunta de si la gente lo puede interpretar como algo casposo y viejo responde: “Está claro. Mira, si nos preguntamos qué es el Teatro de la Zarzuela, pues la respuesta no es nada más que la Opera-Comique española [mítico teatro parisino en el que se han estrenado obras cumbres de la ópera como Carmen]. ¿Es así o no? Por otro lado, Carmen tiene versión con recitativo y diálogos y otra solo cantada. ¿Qué es, entonces, Carmen con diálogos? ¿Una zarzuela francesa? Es un error llamar zarzuela a todo aquello que no es ópera. Para mí, Doña Francisquita es una ópera. Una gran parte de la zarzuela española lo es. Habría que empezar a reformar la idea de zarzuela. A darle una perspectiva diferente para el futuro, una interpretación escénica nueva”.

Ainhoa Arteta en La vida breve, de Manuel de Falla, en la apuesta escénica de Giancarlo del Monaco.

Es quizá por eso que dice Del Monaco por lo que el género no ha tenido una mayor proyección internacional. “Claro, porque es una palabra reducida, ligada solo a España, cuando muchas obras son internacionales…”, dice enfadado. “Haciendo el trabajo que hizo Lluís Pasqual con la Francisquita, Calixto Bieito con El barberillo de Lavapiés o yo mismo con Las golondrinas…, se le da una dimensión diferente, porque la tiene”.

Cambiamos de tema y llegamos a la creación contemporánea. Un problema no solo en la zarzuela sino también en la ópera, pues no conecta con los nuevos públicos. “¿Por qué no hacer ópera moderna en vez de zarzuela? La columna vertebral de la música española viene del folclor, claro. Pero también Boris Godunov y otras muchas obras rusas. Músorgski y estos compositores inventaron la ópera rusa de la tradición de la música popular rusa, no como Chaikovski, que lo hizo partiendo de la música de estilo francés. En la zarzuela se hizo lo mismo. Solo que los españoles se han divertido mucho al considerase compositores de operetas… Pero, perdóname, para mí La Tempranica no es una opereta. No hablemos de La vida breve, que es una obra cumbre de la música operística mundial”.

“En la época de mi padre, Plácido Domingo no habría podido cantar así, porque no lo hubieran aceptado; ya no hay cantantes de ese calibre”

Este término que a él no le gusta da nombre a un teatro, una sala para él mágica. “El Teatro de la Zarzuela tiene un lado que es muy familiar, muy íntimo. Esto lo han perdido muchas de las salas de hoy, que son de cemento armado, frías. La Zarzuela tiene esa atmósfera acogedora que transforma a todo el equipo que trabaja en una producción y lo convierte en una familia. Nos sentimos tan cercanos, incluso ahora trabajando con mascarillas… El calor y la atmósfera que tiene un teatro de 1700 o 1800 nunca lo va a tener un teatro moderno. La historia transpira por las paredes del teatro. Cuando camino por su escenario pienso ‘cuánto sudor de artistas estará absorbido por la madera del suelo’. La tradición es también el sudor en la madera del suelo de un escenario. Por ejemplo, todos estos técnicos que han trabajado juntos. Esto no se puede borrar de una sala como esta. Además, fue durante casi medio siglo el Teatro Nacional, porque el Real estaba cerrado”.

Abre un nuevo frente, vuelve a cargar la escopeta, y a disparar con bala: “Ahora parece que el mundo de la política se inspira la frase típica de Otello: ‘El moro ha servido, el moro puede irse’. ¿Entiendes esta frase? El gran problema de países como España o como Italia es que a los políticos no les importa nada la cultura. Porque la cultura involucra solo a una minoría. Y eso interesa poco. ¡Les interesan más las discotecas! La política no debe considerar la cultura como una cosa minoritaria, sino que tiene que extenderla a todo el mundo, a la masa… La gente tiene que ir a los teatros como va al cine –vuelve a encenderse–. En Alemania es así. Allí la ópera es tan popular como el cine, porque la política ha querido que lo sea”.

La vida breve, con mascarillas, en el Teatro de La Zarzuela.

Le pedimos que nos cuente cosas de su infancia, pues por sus padres, puede presumir de haber vivido en primera persona la historia de la ópera del siglo XX. “Hay una cosa que puedo decir. En la época de mi padre, el teatro tenía unas condiciones completamente diferentes a las de hoy: era popular. Yo recuerdo que cuando llegaba en tren a Milán y cogía un taxi para ir a casa, el taxista me hablaba del espectáculo de La Scala. ¡No de las discotecas! Además, había cantantes de gran popularidad, como mi padre, Di Stefano, La Callas, La Tebaldi, etcétera. El teatro de ópera hoy está en gran decadencia. se ha vuelto para una élite, cuando en la época de mi padre era popular. Por no hablar del XIX, donde la ópera era popularísima. La música de Verdi era la que se cantaba por la calle. La ópera era un acto de unidad popular, y en España también. En relación al pasado, creo que hoy estamos en decadencia. ¡Vivimos la decadencia! Vivimos la decadencia bailando en las discotecas”.

“Ser director de teatro hoy es muy difícil, porque no se encuentran cantantes”

Y abre un nuevo frente en el que pone especial interés para que quede escrito: “También hablar siempre de [Plácido] Domingo… no es un proyecto para el futuro de la ópera. Es una prueba de que no hay muchos cantantes de alto valor, cuando hace cincuenta años había cinco, o diez, de ese calibre. En la época de mi padre no habría podido cantar así, porque no lo hubieran aceptado. Es que el público se ha acostumbrado un poco a la decadencia. ¡Y alguna vez la aplaude!”.

Pero la pregunta es, ¿cómo vive un niño con un padre que era una leyenda los años más dorados de la ópera? “Te cuento una historia. Cuando iba al colegio (estuve diez años en colegios en Suiza) allí se hablaba sobre quién era mejor, Del Monaco o Di Stefano. No se hablaba de solo de Los Beatles. En ese colegio de Suiza recuerdo que, cuando se murió Beniamino Gigli, llegó el maestro a la clase –donde había también iraníes, árabes y chicos de todas partes del mundo– y pidió que nos pusiéramos en pie y guardáramos un minuto de silencio. Era 1957. La cultura operística era muy profunda en aquella época. Hoy ser director de teatro es muy difícil, porque no se encuentran cantantes de ese calibre”, vuelve a disparar.

No hay duda, y menos escuchándole, que la ópera es un mundo de pasiones. Siempre lo ha sido. Y parece que sigue igual. ¿Hay algún mundo más fascinante que el de la ópera? “No, creo que la ópera tiene una fascinación increíble. Solo que la política no invierte en ella. La política de un país tiene que tener la responsabilidad de la cultura. Por ejemplo, si pagas 350 euros por una entrada, y 100 por el gallinero, está claro que quitas la posibilidad de que muchas personas puedan ir. El único sitio que veo que tiene una política justa de precios es La Zarzuela. Pero la gente también puede pensar ‘ah, como la zarzuela cuesta poco, es que vale poco’, y eso es ridículo. Recuerdo ir al teatro en los años de mi juventud en Moscú, en Alemania del Este, donde se iba al teatro por dos o cinco euros. Insisto: el teatro tiene que ser como el cine. Y la cultura tiene que ser empujada por el Estado, no dejarla a la privatización”.

Le pedimos que resuma en pocas palabras por qué hay que ir a La Zarzuela a ver este programa doble, que por motivos de adaptarse a la nueva normativa ha tenido que duplicase y programarse en días alternos, en vez de los dos títulos en cada función como estaba previsto. “Creo que tiene una dimensión diferente de lo que la gente piensa que es una zarzuela, una dimensión más profunda”, dice sin pensarlo dos veces.

Y añade: “Quiero decir que Daniel Bianco [director del Teatro de La Zarzuela] está haciendo un gran trabajo por el género, y que tengo muchos amigos en España con los que hablo de música y de teatro, como Emilio Sagi, Bianco y otros con los que tenemos que pensar qué hacer por el futuro del teatro musical. Porque este término engloba la zarzuela, la ópera y el musical. ¿Por qué no puede el Teatro Real hacer un West Side Story? Y que un teatro como el de La Zarzuela se concentre solo en la música española me parece un poco un límite. Pienso que sería muy interesante, por ejemplo, programar Cavalleria rusticana y La vida breve la misma noche. Así se compara a Falla con Mascagni, y se vería que la música española es de altísimo nivel. Esa es mi opinión. Que la política reflexione un poco”.

Dicho queda.

Más información sobre Granada, un espectáculo que engloba La vida breve
y La Tempranica en el Teatro de la Zarzuela, AQUÍ

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