25/11/2020

Crítica de zarzuela: vuelve la magistral ‘La del manojo de rosas’ de Sagi (y estamos muy necesitados de noches como esta)

11 noviembre, 2020
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Vuelve, triunfal, la producción de La del manojo de rosas que Emilio Sagi ideó hace ya treinta años para este mismo Teatro de la Zarzuela. Y lo hace a lo grande, de nuevo con Carlos Álvarez en el papel de Joaquín. El barítono malagueño vuelve a dar ‘el do de pecho’ (pese a su tesitura), como ya hiciera en 1990. Y sí, estamos muy necesitados de noches como esta en momentos como los que vivimos.

Si organizar un reunión de amigos es tarea extremadamente complicada por las restricciones que tenemos por el coronavirus, sacar adelante una función de zarzuela, de ópera o de teatro es, directamente, un milagro. Los teatros madrileños están haciendo esos milagros –cumpliendo con todas las normativas– demostrando que la cultura es segura, que los teatros (y los cines) son zonas libres de riesgo, pues, por ahora no se han contabilizado contagios en ellos. El público tiene ‘hambre’ de cultura, y si lo que se ofrece son joyas como esta que Sagi hizo con la zarzuela de Sorozábal, se viven noches como la del pasado 10 de noviembre en La Zarzuela.

[Fotos del montaje: Javier del Real]

Carlos Álvarez saltó de La del manojo de rosas a los mejores del escenarios del mundo. Treinta años más tarde, regresa con el mismo papel y en el mismo escenario en donde debutó. Y el éxito volvió a ser rotundo. Motivos canoros y escénicos no le faltan. Borda el papel, y su versión de la romanza Madrileña bonita merece en próximas funciones el bis que se nos robó en el estreno. Poco más se puede decir de su Joaquín, que es redondo y espléndido. Junto a Álvarez y su Joaquín, la Ascensión de Ruth Iniesta. Delicada, encantadora, con presencia vocal y escénica. No puede ser más deliciosa. Una pareja de lujo para una apuesta impecable como es la de Sagi.

Treinta años han pasado ya desde que el regista asturiano reinventara la zarzuela con esta producción con aires de musical de Broadway. Y treinta años que no han restado ni un ápice de genialidad, pese a las múltiples reposiciones que hemos visto de ella. El impactante decorado de Gerardo Trotti –que reproduce una castiza calle madrileña– sigue teniendo la misma vigencia. Como la tiene también el vestuario de la recientemente fallecida Pepa Ojanguren. Su ingenio es inmortal, como comprobamos al revisar algunos de los impagables looks que la asturiana creó para Tino Casal, y que son historia del mundo del espectáculo en España.

Emilio Sagi celebra sus cuarenta años en el mundo de la lírica y los treinta de esta versión de La del manojo de rosas  [Retrato de E.Moreno Esquibel]

Sagi conoce muy bien esta obra de Sorozábal. La lleva en la sangre. La estrenó su tío, el barítono Luis Sagi-Barba, después de que su abuelo le encargara personalmente la partitura a Sorozábal. La obra es una joya de esas que no necesitan adaptación alguna, con un libreto (de Francisco Ramos de Castro y Anselmo Cuadrado Carreño) que toca todos los palos que gustaban en aquel revuelto Madrid republicano de 1934.

Esta función tiene, además, caramelos como el papel de Espasa, que aquí pone en escena un desternillante Ángel Ruiz, que parece haber nacido para este papel. El actor y cantante es un grande de nuestro teatro que tiene una carrera paralela a la de esta revista. Desde los inicios de Shangay, este artista no ha parado de crecer, y lo demuestra como Espasa en La Zarzuela. Pero le queda mucho por mostrar. El 27 de noviembre regresa al Teatro Infanta Isabel como Miguel de Molina y es una buena oportunidad de comprobarlo.

Con un reparto cohesionado e impecable (magníficos Silvia Parejo como Clarita, David Pérez Bayona como Capó y Vicençs Esteve como Ricardo), esta función está llena de símbolos que cierran un ciclo, como la Doña Mariana de Milagros Martín, que estrenó hace treinta años esta producción como Ascensión. O que los miembros del coro y figuración salgan a escena con mascarillas para recordarnos que la (cruda) realidad nos espera en la misma calle Jovellanos. La vida, fuera, es mucho peor. Por eso hay que ir a los teatros. Hay un segundo reparto por descubrir que promete mucho.

En medio del drama que vivimos, necesitamos muchas más noches como esta. Que se suban los telones de los teatros, y que vivamos noches históricas como la del pasado 10 de noviembre en La Zarzuela, con un Carlos Álvarez que, esperemos, en sus ultimas funciones bise su romanza estrella. #CulturaSegura, no paramos de decirlo. Y en Shangay queremos seguir diciéndolo muy alto.

Dos momentos de La del manojo de rosas, que se acaba de estrenar en La Zarzuela.

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Shangay

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