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03/12/2022

Vamos de culo, mientras Chanel presume del suyo (y hace muy bien)

3 febrero, 2022

A raíz de una reciente experiencia, nuestro redactor jefe ha comprobado que, desgraciadamente, el machismo sigue muy unido al triunfo de Chanel en el Benidorm Fest y su 'chanelazo', que la han llevado a representar a España en Eurovisión 2022. Incluso en cierto sector del mundo LGTBI.

Imposible no flipar con todo lo que ha sucedido tras el Benidorm Fest. Una cita impagable con la música que derivó, una vez terminado, en una batalla campal en las redes bochornosa.

Con las dos –o tres– Españas enfrentadas en una ‘guerra civil’ virtual que solo ha generado violencia verbal, y en la que la música y los logros artísticos de los participantes se obviaron por completo, haciéndonos olvidar por unos días, desgraciadamente, las loables intenciones con las que ha nacido esa cita que, confiemos, ha llegado para quedarse.

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En una reciente comida profesional en la que compartí mesa con periodistas “de tendencias” –muchos de ellos LGTBIQ+–, volví a comprobar que el machismo sigue siendo una lacra que nos va a costar erradicar. Tras poner verde a Rosalía por ‘vendida’, alguien comentó que Chanel ha llegado para convertirse en “la nueva Rosalía” (?).

Como siempre, las comparaciones entre mujeres, la necesidad de ver que entre ellas es difícil encontrar diferencias, que solo saben copiarse las unas a las otras, y que solo vale un modelo: el de la triunfadora, que todas las demás deben copiar. Mal empezó la conversación.

Acto seguido, llegó la condescendencia –esa misma que continuamos viendo en las redes sociales cuando se habla del tema–. La conversación derivó hacia la preparación profesional de Chanel. Que si solo ha hecho papeles secundarios en series, que si no se ha hecho un nombre gracias a los musicales en que ha participado…

¿Lograr la popularidad a los 30 sabe a poco? ¿Y si no era su objetivo y se ha convertido en un plus inesperado? En esto no cayó ninguno de los hombres –todo hombres en la mesa– que opinaba –yo decidí mantenerme callado llegado este punto y solo escuchar, que se me da muy bien–.

Lo siguiente fue comentar que se había preparado a conciencia durante dos meses –alguien tenía una fuente fiable– para bordar la canción. Más de un mes intenso de cardio para aguantar el trote de la coreografía sin ahogarse y ensayos non stop hasta los días de Benidorm. Tampoco les pareció algo digno de alabanza. La reducían a una marioneta programada para hacer bien su trabajo.

¿No sería mejor decir que Chanel ha demostrado ser una profesional como la copa de un pino? Para ellos, ni mucho menos. Mejor reducirla a ‘producto’, como ha sucedido en las redes, porque así amenaza menos al heteropatriarcado.

¿Celebrar el ‘chanelazo’? Ni se les pasó por la cabeza. Y así vamos, de culo, mientras Chanel presume del suyo.

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