Qué serenidad transmite Alba Flores en las distancias cortas. A sus 39 años, terminó 2025 por todo lo alto con el estreno de uno de los proyectos más especiales de su vida: el documental Flores para Antonio, dirigido por Isaki Lacuesta y Elena Molina, que ella protagoniza, y en el que se repasa y celebra la vida de su padre, el artista Antonio Flores, que falleció en mayo de 1995, cuando ella tenía solo ocho años.
La actriz, que ha participado en series tan populares como La casa de papel y Vis a vis, ha estado entregada en los últimos meses a la promoción de un proyecto verdaderamente especial para ella, que le ha servido para sanar heridas familiares, conocer mejor la figura de su padre y contribuir a que se le conozca. En Flores para Antonio –que ganó el Premio Forqué a mejor largometraje documental, y opta a dos Goyas, a mejor película documental y mejor canción original (titulada como el largo, que ha compuesto junto a Silvia Pérez Cruz e interpreta)–, Alba Flores se abre en canal.
Con las emociones a flor de piel, Alba repasa los recuerdos que tiene junto a su padre, comparte sus sentimientos mas íntimos al enfrentarse a imágenes inéditas junto a él y verbaliza todo lo que le genera repasar su trayectoria vital y artística. No debió de ser fácil, pero queda claro que no pensaba autocensurarse. “Al principio solo quería hacer un documental celebrando la vida y la obra de mi padre”, cuenta. “Fue ya metiéndome en faena cuando Elena e Isaki, a raíz de muchas conversaciones con ellos, vieron claramente que la manera más especial de contar la historia sería a través de mi propia búsqueda de mi padre”, explica. “Compartí con ellos mis sentires, mis carencias, mis necesidades… Lo vi como una oportunidad de hacer algo importante para mí a nivel personal. La vida me estaba ofreciendo la oportunidad de dar un gran paso de madurez”.

Está feliz por el paso que ha dado y por lo que supone el ejercicio que ha hecho, tan terapéutico: “Ahora pienso ‘qué suerte tengo de haber hablado sobre todo esto, también con mi familia; y de haber limpiado entre todos la sensación traumática que teníamos con su muerte, para celebrar la vida de mi padre con alegría”. Porque piensa en todas esas familias que no llegan a arreglar cuentas pendientes: “Por eso me siento tan afortunada”. Además, ha aprendido mucho sobre sí misma en todo este proceso catártico: “Me he dado cuenta de que me parezco a mi padre más de lo que pensaba. También he madurado. Y he sido más consciente de lo feliz que me hacen esos momentos en los que saboreé una libertad parecida a esa en la que se movía él”.
«Me atraviesan muchas cosas que no están en la norma, y la salida del armario la sigo haciendo»
La defensa de la libertad ha sido fundamental siempre en la vida de Alba Flores, y en ello sigue. “Cuando uso la palabra, en ocasiones me da incluso miedo, porque está tan manida últimamente… Hay discursos neoliberales que la usan en nombre de ganar dinero… A la que yo me refiero cuando hablo de mi padre y de mi familia es a una libertad de ser”, explica, “de disfrutar de los impulsos más espontáneos y naturales de la vida sin un juicio moral. Amar con libertad, cantar con libertad y pensar diferente a como funciona el statu quo”.
Revivir la historia de su padre, y su trágico final, le ha servido también a Alba Flores para desmontar con pasión el estigma relacionado con el uso de drogas, que en la generación de Antonio Flores causó verdaderos estragos, casi siempre silenciados. “Las personas de mi generación que hemos tenido familiares que pasaron por eso tenemos una madurez que quizá ellos no tuvieron en aquella época”, dice. “Merece la pena que reflexionemos sobre cómo vivieron, por qué la gente tuvo tantos problemas con el consumo de drogas y qué dice eso de la sociedad de aquel momento. Ahora tenemos herramientas para entenderlo desde otro lugar, sin estigmatizar. Merece la pena reflexionar sobre cómo podemos vivir una sensación de más libertad sin tener que alterar nuestra conciencia con drogas”.

Como persona LGTBIQ+, merece la pena preguntarle cómo está viviendo el auge de los discursos de odio hacia la comunidad. Y no duda un segundo: “Me preocupan mucho el pinkwashing y el queerbaiting. La comunidad se ha abierto paso en este sistema cisheteropatriarcal con uñas y dientes, con mucha lucha, con cuerpos que han sido violentados y asesinados. Ahora que hemos conseguido una presencia y unos derechos, y somos para el mercado neoliberal un público, de repente se utilizan nuestras luchas de una manera muy perversa”. De manera que pide que estemos alerta en todo momento: “Hay que estar muy atenta para saber distinguir quién es realmente un aliado en nuestras causas y a quién le convenimos para vender más, o lograr un lavado de cara”.
«Me preocupan mucho el pinkwashing y el queerbaiting»
Celebra que en su familia siempre se le ha aceptado y apoyado como es, y recalca que es algo que se ha hecho con todos quienes forman parte de ella: “Una cosa bonita que tiene mi familia es que siempre ha sabido convivir con la diferencia”. Algo que, desgraciadamente, no es tan habitual. “Ideológicamente, y en otras cosas, no estoy de acuerdo con muchos de mis familiares, pero nos podemos sentar todos a la mesa y debatir. A veces, nos desesperamos un poco unos con otros, pero nos escuchamos y nunca llega la sangre al río. Hay una base de amor que es difícil llevarla a círculos más grandes, pero hay que aspirar a ello”. Y va más allá: “Nuestra tribu es más grande que la familia de sangre, incluye a la familia escogida, y como persona LGTBIQ+, agradezco que me lo hayan enseñado”.
Ha comentado en alguna entrevista que ha tenido varias salidas del armario a lo largo de su vida, y en el documental vemos una nueva: como cantante. “Pensaba que ibas a decir como Flores, que también está guay”, apunta entre risas. Explica que no es exactamente una salida del armario como cantante, porque siente que está en un proceso, y tampoco es que haya estado cantando en secreto y nunca se lo hubiese contado a nadie. “Estoy saliendo del armario como persona con carencias y dificultades”, confiesa. “Me he presentado ante el mundo diciendo ‘hay cosas que me habría gustado hacer y no he podido, y a las que aspiro’. Eso me ha dado vértigo”. Lleva unas cuantas, confirma. “Me atraviesan muchas cosas que no están en la norma, y la salida del armario se sigue haciendo”. Habla de un ‘proceso líquido’, continuo en el tiempo: “Cuando era adolescente había menos opciones sexuales y de género. O no sabíamos que existían. Ahora estamos aprendiendo a tener una libertad que hace veinte años no podíamos ni soñar”.

Confirma que siempre se ha resistido a aceptar una etiqueta a nivel de género y de orientación, porque le ha costado hacerlo: “Si te digo que soy lesbiana, mentira. Si te digo que soy bisexual, un poco mentira también. Si te digo que soy maricón, un poco mentira pero un poco verdad. Si te digo que soy un poco travesti, también un poco mentira pero un poco verdad. Si te digo que soy queer…, creo que es lo que más siento que me da la libertad de poder hacer lo que me dé la gana, ¿no? Y también de jugar con mi género como me dé la gana. ¿Te podría decir que soy no binarie? Sí, pero sentiría también que es un poco mentira, porque respeto mucho esa identidad de género, y hay personas que ponen mucho el cuerpo en ese sentido, y yo no lo siento como mi lucha. Pero si me tratan con el artículo neutro, estoy comodísima”.
“Una cosa bonita que tiene mi familia es que siempre ha sabido convivir con la diferencia”
Imposible no recordar su potentísima contribución al Orgullo LGTBIQ+ de Madrid de 2023, que realizó con compañeros de reparto de Te estoy amando locamente, de Alejandro Marín. “Le tuve que echar coño, cari”, dice. “Veníamos de estrenar la película y sentíamos una responsabilidad. Habíamos encarnado esa lucha. Si la primera vez que hubo una manifestación del Orgullo en Barcelona fue a palos, en Sevilla fue la primera vez que se dejó celebrar, y la lucha fue muy transversal”.
Recuerda que quienes iban a dar ese pregón se pasaron mucho tiempo redactando entre ellos el texto, y aprovecha para poner en valor las aportaciones de Ana Wagener, Omar Banana, Álex De La Croix, La Dani, Lola Buzón y Carmen Orellana: “Como tengo un altavoz potente, todo se personalizó en mí, no fue justo”. Recuerda haber pasado muchos nervios. “Iba con la contradicción, porque quería hablar del Orgullo crítico precisamente en ese escenario, el del Orgullo ‘normal’. Tenía ganas de recordar que se pueden hacer las cosas de otra manera, y sabía que suponía una contradicción, peo decidí que no hay que tenerle miedo, porque si no, no se avanza. Fue muy emocionante. Porque no tantas veces me he subido a un escenario como parte de la comunidad a decir lo que pienso. Fue otra salida del armario”, y sonríe al verbalizarlo.

Cabe pensar que de su padre ha heredado, entre otras muchas cosas, ese espíritu de rebeldía que siempre mostró, y que a Alba también le caracteriza. Ella lo confirma: «Es importante ser fiel a tus principios y ser honesta. Creo que eso me lo transmitió en mis escasos ocho años de vida junto a él». Para terminar, le pregunto si siente que esa visibilidad guerrera que proyecta le ha podido traer problemas en su profesión, y su reflexión al respecto es rotunda. «Hay una especie de creencia de que significarse va a pasar factura. Bueno, cari, no le vas a gustar a todo el mundo. Y tú, ¿le quieres gustar a según qué gente? ¿Quieres que llame a tu puerta? Igual si estás en un caso de muchísima necesidad, bueno, pero de momento no es el mío. Así que lo que ocurre es que la gente que no piensa como yo pasa de mí, y la gente que sí, me ofrece nuevas oportunidades. Para mí está bien así».
FOTOS: SALVA MUSTÉ
VÍDEO: PABLO CARRASCO DE JUANAS


