'Salomé', Gaffigan y Michieletto incendian (en todos los sentidos) Les Arts de Valencia

La maravillosa ópera de Strauss, una obra maestra absoluta, sube al escenario del coliseo valenciano con una soberbia Vida Miknevičiūtė en el rol titular. La soprano lituana es solo una de las responsables de una gran noche de ópera en la ciudad del Turia.

La maravillosa ópera de Strauss llega a Valencia en un impactante montaje procedente de La Scala de Milán. Foto: Miguel Lorenzo-Mikel Ponce.
La maravillosa ópera de Strauss llega a Valencia en un impactante montaje procedente de La Scala de Milán. Foto: Miguel Lorenzo-Mikel Ponce.
Nacho Fresno

Nacho Fresno

Plumilla poliédrico -escondido tras una copa de dry martini- que intenta contar lo que ocurre en un mundo más absurdo que random.

26 abril, 2026
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Salomé es perversión en estado puro; una obra con personajes perversos y pervertidores. Y la propuesta que Damiano Michieletto acaba de estrenar en Les Arts de Valencia (una producción de La Scala de Milán) plasma a la perfección la depravación de esta obra de teatro de Oscar Wilde, que Richard Strauss estrenó como ópera en Dresde en 1905, y que durante muchos años estuvo prohibida en Viena. James Gaffigan en el foso, al frente de la Orquestra de la Comunitat Valenciana y el regista italiano incendian, literalmente, tanto en el plano musical como el escénico, el impotente edificio de Calatrava.

Nada de ello sería posible sin  Vida Miknevičiūtė en el rol titular de la princesa Salomé. La soprano lituana ya la interpretó en la reposición de este montaje en La Scala; conoce bien la producción y eso se notó. Su Salomé dejó sin aliento a una sala abarrotada, en la que no había un hueco libre. Un éxito absoluto que fue reconocido, sin fisuras, en los saludos finales con una rotunda ovación.

Salome, de Richard Strauss, en Les Arts de Valencia. Foto: Miguel Lorenzo-Mikel Ponce.

Vida Miknevičiūtė, Salomé, y Nicholas Brownlee, Jochaanan, en Les Arts de Valencia. Foto: Miguel Lorenzo-Mikel Ponce.

Junto a ella, un estupendo elenco con un soberbio Jochaanan (Juan el Bautista) de Nicholas Brownlee. El bajo-barítono estadounidense fue también uno de los grandes triunfadores de la noche del estereno. Como lo fueron el tenor británico John Daszak (Herodes), la mezzo alemana Michaela Schuster (Herodías) y el tenor estadonidense Christopher Sokolowski en el papel de Narraboth. Jorge Rodríguez-Norton, como uno de los cinco judíos, volvió a demostrar su poderío en el repertorio alemán que tan bien conoce, por el que se ha hecho un habitual de Bayreuth.

Con una escenografía de Paolo Fantin, con predominio del blanco y negro, Michieletto concibe un espectáculo limpio y diáfano, en el que la protagonista –el único toque de color del montaje, con su vestido verde– y el resto de sus personajes dejan al descubierto su depravación, que es mucha, y su falta de escrúpulos. En dos planos a la vista en el escenario para el palacio de Herodes (con unas puertas blancas que se abren y cierran para mostrar diferentes momentos), y con la cisterna en la que se encuentra preso Jochaanan en el centro, el director resuelve todo este drama de lascivia y perversión de manera meridianamente clara. Una propuesta en la que unos ángeles que deambulan por la escena de manera recurrente resaltando la obscenidad y la indecencia de la historia.

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Perversa danza de los siete velos

Resuelve la siempre complicada danza de los siete velos de una manera ejemplar, una escena en la que Vida Miknevičiūtė baila para su padrastro ‘mecida’ por una perversa y enmascarada coreografía de Thomas Wilhelm. En ese momento la protagonista (que durante toda la ópera tiene su personaje desdoblado) pierde el color verde de su vestido para pasarse al negro dominante, no sin antes de teñirse de un espectacular rojo sangre en una impactante escena, antes de poder por fin cumplir su perverso capricho y poder cantar, extasiada en su depravación, Ah! Ich habe deinen Mund geküsst, Jochanaan (¡Ah!, besé tu boca, Jochanaan)

El Palau de Les Arts de Valencia encarrila del mejor modo posible el cierre de su XX temporada. Gaffigan y Michieletto incendian (en todos los sentidos) el coliseo de ópera valenciano.

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