Este 9 de enero es un día grande para los fans de Isabel Pantoja. Y es que la plataforma FlixOlé añade a su catálogo los dos títulos con los que la gran pantalla capitalizó la fascinación en torno a la tonadillera: su debut cinematográfico –restaurado–, Yo soy esa, dirigida por Luis Sanz en 1990, y su segunda película –y de momento, última–, El día que nací yo, de Pedro Olea (1991).

Isabel Pantoja y su galán, Jose Coronado, en Yo soy esa.
Los dos filmes protagonizados por Isabel Pantoja se integran en Nuestras folclóricas, colección que sigue la carrera de las estrellas del cine musical y costumbrista español, desde los años 30 hasta finales del siglo XX, con películas de Imperio Argentina, Juanita Reina, Concha Piquer, Lola Flores, Rocío Dúrcal y Carmen Sevilla, entre otras muchas.
Además del valor cinematográfico que supone ver y escuchar al icono de la canción española interpretando algunos de sus himnos más emblemáticos ante la cámara, ambos títulos se han convertido con el tiempo en documentos imprescindibles para comprender la fascinación social y mediática que despertó Isabel Pantoja, así como su profundo impacto e influencia en el panorama cultural.
Su llegada al cine fue un proceso meditado. A finales de los 70 rechazó debutar en la gran pantalla de la mano de Pedro Masó en La Coquito (1977), al no aceptar las secuencias de desnudos que incluía el guion. Años después, aceptó protagonizar Yo soy esa, proyecto concebido expresamente para su lucimiento y producido por el cantautor Víctor Manuel, que quiso construir un vehículo cinematográfico a la altura de su fama.

Isabel Pantoja, con el morbo de aparecer de novia en Yo soy esa.
Un auténtico fenómeno cinematográfico
En Yo soy esa, Isabel Pantoja interpreta un doble papel: por un lado, a Ana Montes, una consagrada artista cuyo marido (a quien da vida Jose Coronado) se encuentra atrapado en una espiral de ludopatía y drogadicción. La pareja acude al estreno del filme que ambos protagonizan, una historia que bien podría reflejar sus vidas tiempo atrás.
Este juego entre Isabel Pantoja con Ana Montes y su otro alter ego en la gran pantalla, Carmen Torres, estuvo marcado por un contexto de enorme carga emocional y mediática: la reciente muerte de su esposo, el torero Francisco Rivera, ‘Paquirri’. Costó 300 millones de pesetas y recaudó más de 650 millones, cifras que animaron a Víctor Manuel a producir el segundo y último largometraje de la artista: El día que nací yo.
La misma película combina melodrama, numerosos números musicales (la estrella canta clásicos como Ojos verdes, Como dos barquitos y, claro, Yo soy esa) y una sugerente estructura de cine dentro del cine que, a su vez, se proyecta como homenaje al cine clásico de folclóricas.

La Pantoja en El día que nací yo.
Este drama con pinceladas cómicas, dirigido por Pedro Olea y con guion de Jaime de Armiñán, lleva a la Pantoja a interpretar a Juana Medina, una gitana que vende pescado en el mercado y los fines de semana canta en un tablao. Un profesor desterrado por razones políticas (Arturo Fernández) le propone que lo ayude a hacer un diccionario caló. Juana se siente atraída por el docente, pero también por un cura anarquista amigo de este. Destino y memoria se fusionan en este melodrama donde el papel de la artista adquiría un tono más trágico e intenso que el de su primer largometraje.

La divina Amparo Rivelles aparecía en El día que nací yo.


