Volver a empezar es el título de la mítica película de José Luis Garci que ganó el primer Óscar para una película española en 1982. KM0 es el título del séptimo álbum del malagueño Pablo Alborán, que vio la luz el pasado noviembre, y se siente también como un nuevo inicio, cuando cumple quince años de carrera. También ha propiciado su primera entrevista para Shangay, como portada de nuestro Anuario 2025.

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Antes de comenzarla –lo repetiría una vez terminada–, dijo “ya era hora”, con una enorme sonrisa. Una de las muchas que le vimos durante la mañana que pasamos con él. Está feliz Alborán, y no lo esconde. Tras un período complicado, por culpa de la ansiedad y de la grave enfermedad de un familiar muy cercano, a sus 36 años Pablo ha regresado a lo grande.
Rodeado de un gran equipo en todo momento, como gran pop star que es, y con muchas ganas de defender las –eclécticas– canciones de su nuevo disco, que presentará en directo con su Global Tour 2026/27, una monumental gira mundial que arranca el 28 de febrero en Latinoamérica y llegará a España en mayo. Bueno, y no olvidemos su debut como actor en la segunda temporada de la serie Respira en Netflix, con la que ha abierto una nueva vía profesional. Vamos, que ahora mismo no tiene de qué quejarse, porque vive un momentazo.
«El año pasado quise dejarme sorprender, hacía mucho que no me pasaba»
Se le notan las ganas de hablar de ello, dejando a un lado esa percepción de superestrella que muchos tienen de él. “Me hago gracia a mí mismo cuando veo mi agenda, de aquí a allá. Por eso me digo ‘disfrútalo mientras dure’. Porque luego tengo unas ausencias y unos vacíos…”. Y no se refiere a que se le olvide lo que vive. “¡No, me refiero a los contrastes que hay en mi vida!”. Está feliz de que esta vuelta a la vida pública se esté saldando con una respuesta tan positiva a su trabajo y con ese cariño abrumador de su público que tanto le llena. “Volver a empezar ahora tiene más sentido que nunca. Mi vida en este último año ha sido muy revoltosa, por lo que ha pasado en mi casa y mi familia. Así que me apetecía tirarme a la piscina, y dejarme sorprender también. Porque era algo que hacía muchos años que no me pasaba”.
¿Le habrá hecho pasar ese workaholic que lleva dentro muy malos momentos? Se piensa la respuesta durante unos segundos –algo que pasará en diversos momentos de la charla, porque tiene un punto muy reflexivo, y ganas siempre de que sus respuestas sean fieles a lo que piensa–: “Es verdad que a veces he sido mi peor enemigo, y que el exceso de trabajo me ha llevado a veces a no soportarme a mí mismo. Ese estar todo el día de promo hablando de mi disco, de mi serie, de mis vivencias personales… Pero estar ahora trabajando más que nunca no me está pasando factura, al revés”. Está decidido a aceptar las demandas del mercado con su mejor energía, “porque mantenerse es complicado, y te exige el triple de esfuerzo que el boom de un primer momento”.

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Para una persona que se define como muy reservada, el interés que despierta a todos los niveles reconoce que le abruma. Por eso, una vez más, recuerda que lo mejor es remitirse a su música, siempre tan esclarecedora. “Es que siempre ha sido en mis discos donde más vulnerable y transparente me muestro”. Vuelve a pasar en KM0. “Es muy contundente en sus letras. Claro, no se vive igual el amor a los 36 que a los 26. Ni la enfermedad, el éxito, la familia…”. Lo pone a huevo, porque pica la curiosidad: ¿son reales o ficticios los amores y desamores que ha volcado en el disco con tanto detalle? “Algunos sí, otros no. Los hay reales que me dan un buen enganche para arrancar una historia, y si mientras escribo veo que mis vivencias no son tan jugosas, me invento el resto”, explica entre risas. “También escribo a veces sobre relaciones que no he tenido y que me gustaría vivir… o que he tenido y me gustaría no haber vivido”.
«Siempre he defendido los derechos y la igualdad, y vi que debía verbalizarlo»
Dice que esa timidez que tiene no la supera con los años, sino que va a más; cuando se ve frente a una cámara o un periodista le cuesta soltarse, no como cuando está solo en casa, sin intermediarios y se pone a componer, y por eso se desata más. Esa sensibilidad y ese buen estar contribuyen a que se le siga considerando el yerno perfecto, un halago –así lo ve– que agradece, pero que no le gusta. “Siempre he querido agradar y caer bien, pero al idealizarme siempre hay quien me busca el defecto e intenta quebrarme”. Entiende que es una reacción humana; él dice ser el primero que, cuando se enfrenta a algo muy pulcro en apariencia, se pone a buscar el posible fallo. “Que te busquen las cosquillas no le agrada a nadie”. Así que reaccionó con el inesperado primer single del álbum, Clickbait, que descolocó a todo el mundo. Ácido, crítico y deslenguado, de repente estábamos ante un nuevo Pablo Alborán que se la jugaba. “A mi compañía no le hizo ninguna gracia cuando la escucharon. Ni mi madre la entendía”, recuerda riendo de nuevo. “Quería hablar de las fake news, de los titulares supermorbosos, de la obsesión por los likes y por captar la atención de la gente a cualquier precio”.
Sabía de lo que hablaba, obvio, pero él mismo era consciente de que siempre se le ha relacionado con las baladas que hablan de emociones tiernas, y que iba a chocar. ¡Un Pablo rebelde de repente! “Ahora que está contextualizada en el álbum, gente que fue muy crítica con el single me dice que le encanta. Porque el disco es un diario en el que hablo de mi relación con la fama, la enfermedad, el amor, la vida y la muerte”. ¡Un Pablo que dice palabrotas! “Uuuuu, eso leí alguna vez”, bromea, “ya está bien, ¿no?”.
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La vida está llena de contradicciones, no cabe duda. Porque cuando Alborán se pone sexy en TikTok o Instagram es evidente que también busca el like. “¿Quién no los busca en TikTok? Y me río muchísimo de mí mismo; hay que ser consciente de dónde estamos en cada red social”. Y todos sabemos que la carne vende. “También, sí. Bueno, me gusta cuidarme, pero con mi cuerpo soy muy tímido, aunque creas que no. Hombre, si me veo bien en una foto, la subo… Lo que no quiero es arrepentirme de nada. Y no estoy obsesionado con mi físico”, puntualiza. “No busco que la gente escuche mi música por verme un pezón; esa no es mi filosofía”. Y dice que tampoco le ha influido el físico de un artista a la hora de animarse a escucharlo (“hombre, si después de conocer su música ha coincidido dices ‘oye, mira qué bien”).
«Cuanto más transparente me muestro, más le dan la vuelta a lo que digo»
KM0 se lanzó el mismo día que LUX de Rosalía, y si algo tienen en común es la apuesta por incluir en ellos otros idiomas. Porque Alborán ha colaborado con la japonesa Lilas Ikuta y el brasileño Luan Santana (“quería hacer cosas que tuvieran una cadencia diferente”). También participan en él Vicente Amigo y, ojo, Ana Belén, con la que canta Inciso, un sueño hecho realidad para Pablo. “Es que el primer disco que me compré fue uno suyo, Peces de ciudad… Le enseñé esa canción y vino del tirón al estudio a grabarla, con una generosidad, una integridad y una elegancia increíbles”, recuerda. Cabría pensar que pudo ser muy de divas de jovencito, pero rompe esa fantasía de inmediato. “No supe lo que era un icono gay hasta muchos años después, te lo juro”.
¿Cómo lleva él ser un icono LGTBIQ+, a pesar de lo poco fan que es de las etiquetas, desde que salió públicamente del armario en 2020? “No me gusta el peso de las etiquetas porque no las busco. He pasado mucho tiempo intentando entender hasta qué punto es útil [esa etiqueta], y cuando lo he entendido, obviamente, agradeces que tu mensaje y tu visibilidad sea importante para alguien jovencito o jovencita que te ve”. Y continúa su reflexión: “En general, busco no cargarme a las espaldas un peso que no busco. Pero sé que existe una responsabilidad moral cuando eres un personaje público; todo lo que dices puede influir [en otras personas]. Entonces, que [una etiqueta] sea en positivo es un halago”. Y no solo piensa en esa etiqueta de referente gay visible. “También en temas como el transplante de médula [que tan de cerca le ha tocado]. Mis acciones benéficas las he hecho en privado, y casi nunca he hablado de temas sociales en público. Siempre he defendido los derechos y la igualdad, pero no me he querido comprometer hasta que me he dado cuenta de que, si verbalizas ciertas cosas, provocas un efecto positivo en la gente. Pero tienes que estar preparado para ello”.

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¿Por qué fue en junio de 2020 cuando se sintió preparado para salir del armario ante el mundo a través de un –comentadísimo– vídeo? “Lo sentí así”, recuerda. “Era pandemia, estaba en casa, tenía mucho tiempo conmigo mismo e hice mucha reflexión. Era el momento”. Considera que no hay que juzgar a la gente por acciones así, porque nadie conoce las circunstancias ni los sentimientos que llevan a tomar decisiones tan trascendentales como esa. Algo que quedó claro por el tono solemne de aquel vídeo. “Se juzgó de esa manera”, comenta. “Una vez que haces una cosa así, tienes que desentenderte de lo que piense la gente, porque si no te vuelves loco, o te arrepientes de haber subido el vídeo”.
Ver que se analizaba hasta la ropa que llevaba puesta, y escuchar que había necesitado la ayuda de un coach para grabarlo le dejó impresionado. “Lo hice, lo dije y ya. A partir de ahí tenía que recuperar la normalidad, porque precisamente en eso está mi lucha”. Buscó rápidamente la vuelta a la normalidad, esa que siempre defiende. “Quería seguir haciendo las mismas cosas que siempre, porque en mi vida personal no cambió nada drásticamente”, asegura . Es de suponer que resultó liberador hablarlo. “Sentí un poco más de paz”, apunta. “Por ejemplo, de cara a las entrevistas. Podía mirar a la cara a la gente pensando: ‘¿Qué quieres buscar? Porque no lo vas a encontrar”.
“No busco que la gente escuche mi música por verme un pezón; esa no es mi filosofía”
Recuerdo, muchos años antes de esa salida de armario, coincidir con Pablo en locales gais, y sorprendía, ciertamente, la naturalidad –esa que tanto defiende– con la que se mostraba, sin esconderse en absoluto, aun siendo consciente de que era el objeto de todas las miradas. “Gracias por decirlo”, me responde. “Si no lo hablaba públicamente, igual que no lo hago de mis parejas, es porque era algo muy íntimo”. Hasta que empezó a sentir cierta incomodidad en entrevistas… “Veía que un periodista sabía que era gay y buscaba la manera de que lo dijera. Ahí fue cuando pensé ‘tengo que hacer algo’. Cuando recuerda aquel momento, ahora con perspectiva, sí suena más rotundo al comprender la importancia de su visibilidad LGTBIQ+ para ayudar a la comunidad: “Hay gente que lo ha pasado realmente mal, que no están aceptados en sus casas, en sus trabajos, por su familia… Pues sí, hay que alzar la voz por esas personas”.
Ahora que está más expansivo en sus encuentros con la prensa, incluso logró recientemente que el universo TikTok se llenase de explicaciones sobre la demisexualidad a raíz de una entrevista suya. “Esa es otra. Algunos compañeros tuyos hacen con los titulares lo que quieren. Si digo ‘pues oye, he estado con mujeres después [de salir del armario] y sexualmente me lo he pasado bien’. Se lió y fue cuando dije se acabó, eso es algo mío”. Sigamos por la –¿su?– demisexualidad. “Es un concepto que no conocía, pero expliqué que disfruto más una relación cuando va más allá de lo carnal. Ya está: ‘Se declara demisexual’… Parece que todos los días me estoy declarando algo, y al final me tengo que reír. Y me da rabia, porque cuanto más transparente me muestro, más le dan la vuelta a lo que digo”.
Con lo libre que se siente a día de hoy, asegura no sentir presión ante esa necesidad de la prensa de saber más y más sobre él. “Protejo mi intimidad, pero luego hago una vida muy normal. Tú me has visto en bares, voy al cine, a la compra…, y cuando he tenido parejas, he vivido con ellas. Siempre con tranquilidad, porque he estado muy arropado y he tenido mucho amor en mi vida. Solo que antes no lo verbalizaba”. Aprovechando esa tranquilidad, una pregunta quizá frívola, pero cuya respuesta interesa: ¿Es muy ligón Pablo Alborán? “No sé…, últimamente la cosa va muy mal”, y se echa a reír. “Supongo que es por el trabajo”.
A su carrera musical añade ahora la de actor, tras su debut en la serie Respira. Era el blanco perfecto para ser masacrado, por novato y por intrusismo, y él es el primer sorprendido de lo bien que se ha recibido su papel de cirujano bisexual [acaba de ser nominado a los premios LGTBIQ+ Queerties por su interpretación]. “Me esperaba muchos palos, y estoy muy feliz y agradecido”. En este caso, sí confiesa haber sentido presión, “porque no quería que me hicieran sentir un intruso, porque me he preparado para esto y estudio interpretación”. A su exposición habitual se suma la que supone estar en una producción para Netflix, “haciendo de médico, de las profesiones que más respeto, y también con una importante visibilidad por mi trama en la serie”. Es él quien mete en la conversación lo que supuso rodar sus primeras escenas subidas de tono ante una cámara con otro hombre: “Lo llevé fatal. Si no paro de decir que reservo mi intimidad muchísimo, imagínate lo que fue que en mi primera escena tuviera que besarme con otro chico… Si hubiera sido algo más bruto o sexual, no me habría sentido preparado, pero como era todo muy romántico y muy cuidado, sí me gustó”.
“Hay gente que lo pasa realmente mal, que no están aceptados en sus casas, en sus trabajos… Pues sí, hay que alzar la voz»
Que no se malinterpreten sus palabras, porque es evidente que si dice que le gustó, en realidad se refiere a que se sintió cómodo con el trabajo, porque le preocupaba mucho cómo se iba a recibir –y cómo se iba a enfocar– su debut interpretativo. “Para mí era importante que no se buscara el reclamo fácil; la carne por la carne, precisamente”. No puede evitar ser un romántico, hasta se sonroja tímidamente cuando se le dice. Y lo sorprendente es que haya podido mantener tan vivo ese romanticismo, en cierto modo muy clásico, en una industria que tiene mucho de depredadora. “Es bonito decir que haces música por amor al arte, pero es cierto que esa parte de ti, tus canciones, las vendes, las expones”. Asegura que con el tiempo ha aprendido a dar un paso atrás cada vez que publica un disco y no estar tan pendiente de las opiniones que genera. “Intento siempre buscar un equilibrio entre esta industria tan voraz y lo bonito que es hacer música, algo que me alimenta y me hace sentir vivo”. Y sí, se apagó la cámara, nos fundimos en un abrazo –con absoluta naturalidad– y repitió: “Ya era hora”. Lo era.
FOTOS: SALVA MUSTÉ
ESTILISMO: ALEJANDRA GOMBAU
MAQUILLAJE y PELO: JUAN PACHECO PARA FENTY BEAUTY Y TWELVE BEAUTY HAIR BY ICON
DIGITAL ASSIST: DAVID GÓMEZ
SET DESIGNER: LUCHO CAMPOS
POSTPO: ONIRICFX
VÍDEO: PABLO CARRASCO DE JUANAS
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