'Enemigo del pueblo': la cruda realidad llega al Teatro Real en una brutal (y compleja) ópera

Tras su estreno en Valencia, la obra Francisco Coll vuelve a sorprender no solo por la triste vigencia del texto original de Ibsen, sino también por la bestial propuesta escénica de Àlex Rigola, la apabullante dirección musical de Christian Karlsen y su brillante reparto.

La ópera de Francico Coll 'Enemigo del pueblo' llega al Teatro Real en un brutal montaje dirigido por Àlex Rigolá. Foto: Javier del Real.
La ópera de Francico Coll 'Enemigo del pueblo' llega al Teatro Real en un brutal montaje dirigido por Àlex Rigolá. Foto: Javier del Real.
Nacho Fresno

Nacho Fresno

Plumilla poliédrico -escondido tras una copa de dry martini- que intenta contar lo que ocurre en un mundo más absurdo que random.

12 febrero, 2026
Se lee en 5 minutos

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El (inquietante) pasodoble con el que Francisco Coll comienza su ópera Enemigo del pueblo volvió a sonar tras su estreno mundial en Valencia el pasado mes de noviembre. Lo hace en el Teatro Real, que es coproductor de este magnífico espectáculo junto al Palau de Les Arts. Y llega en un momento en el que esta función –basada en la obra de teatro Un enemigo del pueblo, de Ibsen–está más de actualidad que nunca, con un texto (al igual que ocurre en la vida real) en que que todos arriman el ascua a su sardina en «un mundo en descomposición» –tal y como reza el libreto– en el que «la razón sin poder es inútil, y el poder sin razón es peligroso». Argumentos que los contrapuestos personajes de la obra (al igual que ocurre en la actualidad, en nuestra sociedad) utilizan a su favor, acusándose unos a otros de crear ‘enemigos del pueblo’, de manipular a las masas, llegando a cuestionar (como ocurre en la actualidad) el sufragio universal.

Hay que empezar diciéndolo muy claro: el compositor Francisco Coll ha creado una fascinante partitura para esta durísima obra de Henrik Ibsen. Ya lo contamos en estas páginas tras su estreno valenciano en el Palau de Les Arts Reina Sofía. Este hecho queda patente desde el comienzo de la citada ¿obertura?, ese pasodoble ‘deconstruido’, con el que se levanta el negro telón, momento en el que también resulta evidente que Àlex Rigola ha concebido una puesta en escena impactante, con un único decorado maravillosamente iluminado por Carlos Marquerie, y con un libreto –también suyo– que logra traducir el lenguaje teatral (y la realidad actual) al operístico de manera magistral.

Si el propio Coll fue quien dirigió la obra en Valencia, ahora, en el foso del Real, está el director sueco Christian Karlsen, quien afronta la obra con dramatismo y pasión. Para él, estamos ante una partitura que nos lleva «a un gran espectáculo flamenco». Karlsen y Coll se conocen desde hace años, cuando coincidieron estudiando en Londres: «En mi opinión, Coll es el mejor compositor español desde Falla. Una obra no cobra vida hasta su estreno. Enemigo del pueblo ya lo ha hecho, tras ver la reacción del público en Valencia. Es una ópera muy importante escrita en español. Nunca sabemos cuáles serán los hitos en la historia de la ópera antes de que ocurran, pero creo que es importante poder decir que se ha asistido al estreno de una obra que va a ser icónica», asegura, contundente, el director.

Enemigo del Pueblo Teatro Real

EL barítono José Antonio López (el doctor Stockmann) y el tenor Moisés Marín (El Alcalde, su hermano). Foto: Javier del Real.

Con este entusiasmo se pone al frente de la Orquesta Titular del Teatro Real, que saca todos los matices a una obra compleja, apabullante; con bellísimos momentos, por lo abrumadores que resultan, y extremadamente dura para los solistas. Todos resuelven con maestría sus dificilísimos papeles en escena. No es una música en absoluto fácil de cantar (pero sí de escuchar), y la riquísima partitura que Coll ha compuesto tampoco es fácil de poner en escena. No es tarea fácil que se resuelvan de forma tan brillante, como aquí ocurre.

Brillante reparto para una obra muy compleja

El reparto de Madrid es exactamente el mismo que el de su estreno valenciano. El barítono José Antonio López (el doctor Stockmann, que se convierte en enemigo del pueblo), el tenor Moisés Marín (el alcalde de la localidad que consigue manipular a la población), la soprano Brenda Rae (Petra, hija del doctor), Isaac Galán (Mario, director del periódico del pueblo) y la mezzo Marta Fontanals-Simón (Marta, una empresaria) están al frente de los principales –y muy complicados, insistimos– papeles. Una misión nada fácil de la que salen triunfadores en unos roles no solo muy duros de cantar, sino con unos larguísimos textos para memorizar. El Coro Titular del Teatro Real, bajo la dirección de José Luis Basso, una vez más brillante en su complicado papel de ‘pueblo’ frente a su ‘enemigo’.

A nivel escénico, desde el mismo instante en que se levanta el telón también despejamos cualquier duda de que Enemigo del pueblo es una ópera que no nos va a dejar indiferentes. Según va desarrollándose la representación, también comprobamos que este brutal texto nos va a poner frente al espejo con nuestras propias contradicciones. La obra, en dos actos, se representa sin descanso. El comienzo del segundo  (con esa playa de arena blanca, que ocupa todo el escenario, contaminada por la luz rojo-sangre de Carlos Marquerie frente a las impresionantes proyecciones de Álvaro Luna del mar, teñido del mismo color) es de una brutalidad tan salvaje que impresiona aún más al escuchar el precioso (y desolador) dúo del final de Stockmann y su hija.

Enemigo del Pueblo Teatro Real

Un momento del segundo acto de Enemigo de pueblo, con el Coro Titular del Teatro Real en escena. Foto: Javier del Real.

Si la obra de Ibsen, escrita en 1882, es de una brutalidad absoluta, resulta aún más brutal escucharla, verla y sentirla en una ópera contemporánea en la que, cosa extraña, reman en la misma dirección música, texto, dramaturgia, elenco, orquesta, coro y puesta en escena… Sobre todo cuando comprobamos que la desgarradora actualidad de 2026 –tanto nacional como internacional– tiene mucho que ver con lo que narra el texto original; cuando vemos que una obra de teatro del finales del XIX, traducida a una ópera compuesta en 2025, nos pone frente al espejo para que nos reflejemos en ella ya casi a mediados del XXI…

Con Enemigo del pueblo se ve la luz al final de un túnel demasiado largo. Hay esperanza: con creaciones contemporáneas como esta queda patente que la ópera está viva. El presente existe cuando se logra conectar con el público. Solo hay que hacer dos cosas bien: componer pensando en la audiencia, y subir a escena esa partitura con montajes tan brutales como este. Y ese público que conecta, lo agradece.

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