Lapili es una artista hiperactiva, y comprometida, que tiene muy claro lo que quiere. Lo vuelve a demostrar en su nuevo álbum, Miss Fatty Fairy, en que vuelca de nuevo sus obsesiones y su pasión por el baile en un proyecto conceptual. Su parte «fatty» habla de la conexión consigo misma desde lo físico; la parte «fairy» habla de la importancia que tienen para ella su energía emocional y la espiritualidad.
Siempre de acá para allá –se encuentra en Londres cuando hablamos–, Lapili está feliz del momento que vive. «Nunca he dejado de crecer», afirma. «He estado muy expuesta desde el principio de mi carrera, y he aprendido a hacer música literalmente haciéndola, y eso me hace sentir muy orgullosa». A nivel personal, también lo está. «Los 30 me han sentado divinamente», asegura entre risas. «Nunca he estado mejor en cuanto a salud mental».

SHANGAY ⇒ La lucha para llegar a este punto no ha sido fácil, ¿verdad?
LAPILI ⇒ Así es. Es complicado siempre para quienes somos mujeres, artistas disidentes y queer; al final, para todos los que estamos fuera de la heteronorma, porque la industria es así. Cuando tu estructura es independiente y quieres hacer las cosas de una manera distinta, todo te provoca más quebraderos de cabeza, y afecta a la salud mental continuamente. Ahora me siento firme, sé cómo quiero gestionar las cosas y, claro, muchas veces me toca comerme energías heteropatriarcales muy violentas, chantajes que siempre vienen de hombres… Yo seguiré apostando por una energía más femenina, igualitaria y empática.
«A los chasers de gordas que me entran les digo: ‘chicos, estáis malitos»
SHANGAY ⇒ ¿Qué supone para ti este nuevo disco?
LAPILI ⇒ He aprendido un montón haciéndolo, he llegado al punto justo en que me encuentro más combativa que nunca, pero ahora señorona [risas]. Y apostando por la música de baile como siempre, porque es muy importante para mí. Bailar todos los días es lo que me da vida, alegría y me mantiene muy segura de mi cuerpo, sin preocuparme por todas la mierdas e inseguridades que nos meten en la cabeza. Cuando bailo me siento divina y agradecida.
SHANGAY ⇒ ¿Cómo viviste la cantidad de comentarios sobre su físico que se vertieron sobre Chanel a raíz de su actuación en la final del Benidorm Fest?
LAPILI ⇒ He alucinado. Ya pasó cuando presentamos juntas Matahari el año pasado en La revuelta; fue muy fuerte ver todo lo que se dijo de ella, más que de mí, que soy la que no encaja en la norma. Es una barbaridad ver lo frustrada que está la gente, y que no se den cuenta del daño que pueden hacer. Lo que está claro es que no podemos vivir a través de la mirada del otro, y esas personas tienen que ubicarse en la vida. Chanel es un puto pibón, una potraca tremenda, y ya les gustaría todos los tíos que la critican en redes acercarse siquiera a ella. Como lo que a mí me pasa con los chasers de gordas que me entran, que suelen suelen ser típicos hipermusculados de gimnasio que en la intimidad buscan estar con gordas… Chicos, estáis malitos [risas].
SHANGAY ⇒ En este disco utilizas un mensaje conceptual para celebrarte en todas tus facetas, física y espiritual…
LAPILI ⇒ Totalmente. Hay mucho de celebración y también mucha reflexión. Por eso he incluido canciones como Ojos, en donde hablo de la importancia de la empatía, y de cómo, cuando nos echamos mierda a nosotros mismo, sería muy guay poder vernos a través de la mirada de las personas a las que inspiramos.

SHANGAY ⇒ ¿Cómo has logrado abrirte camino fuera de España?
LAPILI ⇒ Currando mucho. Obviamente, amo mi país, y sacar proyectos como Lágrimas de sequía me ayudó mucho a reconciliarme con la tierra en que nací, en la que he sufrido tanto pero que igualmente adoro [Ciudad Real]. Al final, siempre me ha pasado que no me siento entendida aquí. Saqué mi primer tema afrohouse en 2018, y es en 2026 cuando la gente está empezando a entender aquí el afrobeat… Claro, yo, por ejemplo, llego a Londres, y todos los géneros que hago están más que conectados con la gente, entienden los códigos que utilizo.
«No soporto ver tantas estructuras que no permiten ser libres a personas que no hacen ningún mal»
SHANGAY ⇒ Igualmente estás muy conectada con las comunidades queer de otros países, como Ghana, y te muestras muy combativa a la hora de defender derechos fundamentales de las personas LGTBIQ+ allá donde vas…
LAPILI ⇒ Es que yo soy queer, y me considero bisexual. Como he vivido tanta discriminación por mi cuerpo, por mi manera de bailar y mis gustos, sobre todo musicales… Porque a mí, por perrear desde bien pequeña, me llamaban puta, e incluso se lo decían a mi madre. Me he encontrado límites siempre por todas partes para no permitirme ser. No soporto ver cómo existen tantas estructuras que no permiten ser libres a personas que no están haciendo ningún mal, me envenena, y por eso conecto tanto con las reivindicaciones del colectivo, y sobre todo de las mujeres trans, que son las más discriminadas. Es importante para mí estar en esas luchas.
EL ÁLBUM MISS FATTY FAIRY ESTÁ DISPONIBLE EN PLATAFORMAS.
LAPILI TIENE CONFIRMADOS CONCIERTOS EL 27 DE MARZO EN VILLENA (ESTIGMA FESTIVAL), EL 4 DE JULIO EN SALOBREÑA (SALORGULLO) Y A PRINCIPIOS DE AGOSTO EN EL SONORAMA RIBERA (ARANDA DE DUERO).


