Al poner el primer pie en la exposición Ana Locking: Nostalgia / Utopía, en Madrid, la sensación de estar dejando el conflictivo mundo actual atrás y entrando en una nueva dimensión de belleza, ideas reveladoras y empatía consciente es total.
Ana Locking (Toledo, 1970) se ha tomado muy en serio, junto al comisario de la muestra, su pareja ejecutiva Alberto Gomper, establecer unos parámetros claros que definan los casi veinte años de su aventura en solitario en el mundo de la moda. Unos parámetros que poco tienen que ver con los de casi todos los otros diseñadores españoles coetáneos, de entre los que ella siempre destacó por su voluntad de llevar las prendas a algo más.
La idea de la moda de Ana Locking (tan popular desde hace unos años gracias a Drag Race España) como una narración evidente de ideas relevantes en el mundo contemporáneo, en la construcción de nuestra realidad social y personal, se presenta inmediatamente, desde la planta baja, al modo de dioramas museísticos (esos de museos de ciencias naturales o antropológicos, como cápsulas que eternizan una realidad) donde maniquíes futuristas escarban en el desierto del Colorado, merodean en el bosque cerca de la ventana de una casa iluminada o pasean por la Luna vestidos con una enorme precisión intelectual y una belleza extraña, enormemente deseable y tremendamente perturbadora.
Ver galería
Son narraciones escénicas, tableaux vivants, que ejemplifican muy bien el modo de operar de Locking en la búsqueda de definiciones exactas de momentos metafóricos operados por reflexiones propias de nuestro tiempo: ideas que nos traspasan y que aluden a nuestra posición intelectual en el mundo presente. El trabajo de Ana brilla aquí no solo por su precisión en la construcción de volúmenes y formas a veces casi escultóricas, en la tradición de Balenciaga, o por el cuidado y mimo artesanal de unas piezas que son prácticamente demi-couture por el tratamiento de los tejidos –muchas veces deconstruidos–, la aplicación ornamental o la contemporaneidad de sus estampados y bordados –desde flores pixeladas a células y tejidos del interior del cuerpo humano, por poner dos ejemplos- sino también por la aplicación de ideas provenientes de las artes plásticas contemporáneas y sus reflexiones conceptuales.
En las plantas superiores, un recorrido ya algo más cronológico pero sobre todo temático, los maniquíes posan como recién salidos de cajas de embalaje de obras de arte, y las prácticas artísticas más actuales –Locking estudió Bellas Artes, y fue primero artista y luego diseñadora– afloran por doquier: vínculos con lo instalativo, el videoarte o la performance, con la deconstrucción, el solapamiento de ideas por capas –al igual que sus tejidos–, las cartografías del pensamiento reciente, el uso simbólico de algunos materiales e incluso la expresión del sentir feministas, LGTBIQ+, anticolonial y migrante revelan una visión unitaria y totalizadora, a años luz de la pura y banal estética sublimada del comercio de moda por temporadas.

Detalle de la exposición. Foto: Pablo Lorente
SHANGAY ⇒ Tu exposición se visita partiendo de una foto tuya, de tu juventud, la misma que es portada del catálogo. En la que estás desnuda y mirando a cámara. ¿Cómo ve la mujer que eres hoy a esa chica de ayer?
ANA LOCKING ⇒ Esa foto está hecha en enero del año 2000, cuando casi empezaba con Locking Shocking [la marca que tuvo con Óscar Shocking, disuelta en 2007)]. Tenía 29 años. La realicé para un proyecto artístico de ‘Generaciones’, la convocatoria anual de Casa Encendida. Eran doce retratos a personas cercanas. Recuerdo que una de ellas era Bimba Bosé: era la época en que salíamos juntas…. Obviamente, empecé por autorretratarme, como un selfi antes de que esa palabra existiera. Eran fotos en díptico: un retrato al desnudo, acompañado de un paisaje que definiera a esa la persona. Un paisaje interior y otro exterior; quizá un avance de mi visión posterior del arte, la vida y la moda. Ahora no soy exactamente la misma, eso está claro. Ni siquiera físicamente: en la foto se ve el pecho desnudo que es precisamente el mismo que me operaron por cáncer. Hasta mi cuerpo ha cambiado. Pero quizá una cierta valentía y una actitud desafiante frente a la vida persiste. En esa foto… ¡parezco un chico! ¡Súper Tomboy! [risas] ¡Qué imagen más ambigua! Quizá define algo muy mío, la mutación. Porque es evidente que he cambiado.
SHANGAY ⇒ Si hay algo que se entiende perfectamente en la exposición es que tu moda, sobre todo, es narrativa. ¿Cómo has trabajado a ese poder transmisor de ideas del diseño?
ANA LOCKING ⇒ De siempre he tenido una necesidad de no quedarme solamente en la estética, aunque sea también muy relevante. He creído siempre que primero hay que construir una historia y, una vez hecho esto, debo darle una forma estética. Nunca he sido capaz de empezar a hacer ningún tipo de trabajo si no hay alguna idea detrás en la que creo y veo lo suficientemente potente. De hecho, llevo un tiempo sin hacer colecciones porque no ha habido nada que me atrajera o me hiciera reflexionar lo suficiente. O que considerara con el suficiente peso como para relatarlo. Y te puedo decir que ahora sí, que me ronda una cosa en la cabeza que igual convierto en una nueva colección a final de año o para principios del que viene. Ya veremos, ya veremos…
«Mi cuerpo ha cambiado, pero una cierta valentía y una actitud desafiante frente a la vida persiste»
SHANGAY ⇒ ¿Cómo de natural te parece narrar a través de una silueta, u corte, un patrón o un tejido? No parece muy fácil…
ANA LOCKING ⇒ No lo es. La moda tiene mecanismos y herramientas muy complicadas. Parece que no, porque la vestimos todos los días y la tenemos incorporada como un elementos sencillo y vital. Pero sí que lo es. Llevar una visión personal o una idea concreta a una prenda que va a ser utilizada de forma personal por un desconocido sueña extraño. Pero al mismo tiempo es muy cautivador. En moda, lo normal es incorporar toda esa narración a través de iconos contemporáneos. Por eso hay también una iconografía pop muy recurrente en todo nuestro trabajo, porque es una forma clara de sintetizar en una imagen todas esas ideas. Y esa imagen aparentemente entra por los ojos muy fácil, como todo el pop.
Pero en mi caso, quiero que tenga muchas lecturas detrás, que sea interpretable en profundidad. Muchas veces la moda realiza un ejercicio indiscriminado de simplificar la realidad para que entre mejor, para que se venda mejor y para que el público lo entienda y lo consuma. A mí eso no me interesa. Creo que la moda no debe simplificar las historias, ni los relatos, ni lo que sucede en la sociedad ni en la política. No tiene que hacer ese ejercicio de simplificación para que se venda mejor una camiseta. Se tiene que trabajar con honestidad. Podemos elaborar una imagen concreta y usarla porque es muy icónica, pero hay que ser consciente de lo que se está contando detrás de eso. Que sea honesto de verdad, que exista una reflexión, que no solamente esté hecho para vender una sudadera.
SHANGAY ⇒ ¿Es ese sentido narrativo lo que te ha llevado estos últimos años a diseñar vestuario para cine y series de televisión, como recientemente en La vida breve, también presente en la exposición?
ANA LOCKING ⇒ Hay algo fascinante en ponerte al servicio de la narración de las historias de otros. Coger un guion que puede no tener nada que ver contigo, y pensar en qué vas a crear para ayudar a contar la historia que está escrita… Es algo que me encanta, porque se sale de tus preocupaciones, de tus impulsos emocionales, y te tienes que plantear quién es el personaje que vas a vestir: desde su carácter a los hechos de su vida, su época, su posición social y su psique. Algo totalmente distinto a lo que la moda propone, que es vestir para un desconocido que igual sólo comparte parte de tu estética y tu mundo. Es una experiencia única, y me gustaría mucho que me dieran la oportunidad de seguir haciendo vestuario para ficción. Otro de mis grandes sueños es hacer el vestuario de una ópera. Ojalá algún día…

Detalle de la exposición. Foto: Pablo Lorente
SHANGAY ⇒ Tu absoluto conocimiento sobre la historia de la moda se percibe también en muchas de tus colecciones de temporada. ¿Cómo trabajas esa tradición desde tu apuesta, tan de hoy?
ANA LOCKING ⇒ Es verdad que hay elementos históricos y tradicionales en mi trabajo en moda, y que efectivamente los actualizo al presente estético. Es algo que he hecho desde siempre, desde mis primeros desfiles. Pienso en mi colección Kaspar Hauser, por ejemplo [Kaspar Hauser fue un joven real alemán del siglo XIX que apareció en Nuremberg y aseguró haberse criado en una celda aislada. Las dudas sobre su procedencia y la realidad de su historia fueron muy controvertidas, y han provocado obras literarias, escénicas y cinematográficas desde entonces]. Yo conocía la película histórica de Werner Herzog sobre el tema. Pero luego vi la versión más reciente (2012) de Davide Manuli y ahí me explotó la cabeza: ese ser andrógino que no sabe hablar y que es básicamente un DJ, una chica que es un chico, algo así como mi foto del catálogo… [risas]. Y claro: la colección fue un compendio de transversalidad histórica. Creo que por eso me llamaron de la serie La vida breve, porque sabían que podía hacer un vestuario del siglo XVIII que tuviera una mirada contemporánea, que dialogara con el presente del espectador usando los mismos recursos de la época desde otra parte. Como utilizar pintura acrílica para los estampados, o pan de oro, en vez de bordar en oro.
«Llevo un tiempo sin hacer colecciones porque no ha habido nada que me hiciera reflexionar lo suficiente»
SHANGAY ⇒ “La vida no es perfecta y yo no quiero que mi moda sea ajena a la vida”, dijiste mientras enseñabas la exposición a la prensa. ¿Es esa deconstrucción de tejidos y cortes una parte fundamental de tu trabajo?
ANA LOCKING ⇒ Es una parte que está añadida a los conceptos que quiero trabajar, y que traspaso a veces con mayor o menor éxito en las prendas, porque es difícil, aunque siempre he intentado trabajar sobre esas capas. Es decir, sobre un tejido que es muy preciosista, taparlo con otros, o luego limarlo y deconstruirlo artesanalmente para que sobresalga el fondo. O dejar roturas o cortes abiertos, como heridas, jugar con partes deshilachadas… Las múltiples capas y el trabajo incidental sobre los tejidos me permiten jugar en los mismos términos en que funciona la vida: una sucesión de hechos que se solapan, de accidentes que nos ocurren…

Foto: Jesús Madriñán
SHANGAY ⇒ No solo trabajas con superposición de tejidos y prendas. También de ideas. ¿Cuál es tu vínculo con la alta cultura y con la cultura pop, que están constantemente superpuestas en cada una de tus piezas?
ANA LOCKING ⇒ Es que eso me fascina. Esa es la clave. Siempre he pensado que todo lo interesante surge en los márgenes, en los barrios periféricos, en la cultura contemporánea más popular. De forma concreta pero también de forma metafórica, todo surge ahí. Las cosas más interesantes para mí surgen en aquellos lugares en los que esos habitantes no tienen nada que perder. Todo lo que tienen y reivindican es por ganar. Creo que es de la necesidad de donde surgen estas transmisiones culturales maravillosas que luego la alta cultura coge y lleva a otro lugar, tratando de sofisticarlo. En el fondo, la moda no es más que un empeño por sofisticar la realidad. A unos diseñadores les gustará más una realidad, por ejemplo el barrio de Salamanca, y a otros nos gustan más otras realidades: en mi caso las subculturas. Y cogemos eso y lo sofisticamos.
«Siempre he pensado que todo lo interesante surge en los márgenes yen la cultura contemporánea popular»
SHANGAY ⇒ ¿Es tu interés por las subculturas periféricas lo que te llevó primero al mundo de las ballrooms de voguing y luego a la cultura drag?
ANA LOCKING ⇒ Primero, es que yo soy una chica de la periferia. Eso me define, junto a otras cosas, evidentemente. Desde que estoy en Drag Race España recibo un cariño increíble. También porque creo que el colectivo sabe que yo siempre he estado ahí. Ahora de una forma más evidente, porque la televisión te hace llegar a más gente. Pero mi compromiso ha sido claro desde el principio. Y creo que la gente asume mi honestidad: cuando me emociono en el programa, no estoy actuando. Me emociono de verdad. Y soy una persona que va a clubes, a discotecas donde también está este público maravilloso al que apoyo incondicionalmente. Es verdad que ahora me siento aún más implicada, porque estoy en una posición más visible.
En esta expo se vuelve evidente: por ejemplo, he planteado una conquista de la Luna por el colectivo LGTBIQ+ en uno de los dioramas. Estoy totalmente convencida de que nos iría mucho mejor hoy si la llegada a la Luna la hubiera realizado el colectivo. Si en lugar de una bandera estadounidense, estuviera la bandera del arcoíris en su versión más inclusiva. Porque es una bandera que acoge a todo el mundo, incluso a las heteros como yo. No es el símbolo de una nación, es la bandera de todas las naciones y todas las personas. Es la bandera de la libertad. Me he dado cuenta que eso lo resume todo: para mí lo importante es la libertad.
SHANGAY ⇒ También has sido una creadora libre, que ha diseñado desde jarrones a joyas, y que también dibuja. ¿Por qué has dedicado la expo solo a tu trayectoria en moda?
ANA LOCKING ⇒ Nos pensamos mucho tanto el comisario, Alberto Gomper, como yo, si incluir lo que comentas, desde los jarrones hasta mis dibujos a carboncillo, para que el público entendiera también mi faceta artística. Pero decidimos que era absurdo, o más bien imposible, enseñarlo todo. Resumir en un espacio acotado veinte años de actividad diversa terminaría por convertirse en un popurrí de Ana Locking. Lo lógico era limitarnos a las colecciones y a los elementos que forman esas colecciones: incluyo obviamente algún boceto o dibujo, joyas, las ideas que tenemos para los dosieres de prensa de los desfiles que ayudan a comprender la idea de las colecciones… Muchas cosas, pero siempre en relación a la moda que he presentado año a año estas décadas.

Detalle de la expo. Foto: Pablo Lorente
SHANGAY ⇒ Esta expo es una biografía tuya, de tus ideas y tu proceso creativo, pero no una autobiografía en términos estrictamente personales. ¿No has incluido nunca tus vivencias íntimas o los sucesos de tu vida en tu trabajo?
ANA LOCKING ⇒ Me da mucho pudor hablar solamente de mí. Es que no me interesa. Aunque la gente venga a la expo y me vea llorar en la pieza audiovisual documental que hemos preparado ex profeso, y piense lo contrario. Mi pudor es real, hasta el punto de que muchos de mis amigos, a veces, me dicen: “Cariño, tienes que creértelo más. Que eres Ana Locking, una fucking creadora”. Me reprochan que vaya en modo perfil bajo casi siempre, que no me lo tenga creído [risas]. Pero es que, en el fondo, no me interesa hablar de mí. Prefiero hablar de lo que veo que nos pasa o nos afecta a todos, de ciertos aspectos culturales y sociales que compartimos, que están sucediendo y forman parte de nuestro presente, más que de mis emociones particulares o mis hechos biográficos. Tiendo a ser personal, pero no personalista; son cosas que obviamente reflexiono y veo en lo que nos rodea, pero que trato de contar con una visión más general y abierta. Porque me influye, pero no solo a mí: hay que abrirlo a una generalidad.
«Estoy convencida de que nos iría mucho mejor si la llegada a la Luna la hubiera realizado el colectivo LGTBIQ+»
SHANGAY ⇒ Tu moda se encuentra en una línea difusa entre alta costura y prêt-à-porter, como si cada una de las prendas que vemos hubiera pasado por tus manos…
ANA LOCKING ⇒ Es que de hecho, han pasado por mis manos. Absolutamente todas. Por eso también han salido todas de mi archivo personal. Porque lo que no vendemos, lo guardamos. Yo no liquido mis creaciones; no podría, porque cada una de las piezas la he pensado, patronado, cortado, cosido y rematado con mis manos. Por supuesto, con la colaboración de mi equipo, pero cualquier investigación textil, de volúmenes y los detalles son parte de mi trabajo. Esa búsqueda, ese estar con las manos en la masa, es lo que me gusta de mi profesión.
Lo heredé de mi infancia, de ver el trabajo del taller de confección de mi madre, pero también es una necesidad para mí: el trabajo manual me permite distanciarme del presente. Abstraerme de todo. Es un lugar mental muy placentero. Y es verdad que, para mí, la esencia de la moda es el prêt-à-porter. Por eso nunca me he definido como una couturier de alfombra roja o de trajes de novia. Eso no me interesa. Me interesa la ropa que está en la calle. En esta exposición hay muchas piezas que no dejan de ser una falda y una sudadera. Muy curradas sí, pero la esencia es eso. Lo que sí he sido siempre es muy exigente con el prêt-à-porter. Adoro y respeto mucho el proceso artesanal. Hay mucha búsqueda, investigación, preparación y tiempo dedicado a ello en mi trabajo, de siempre.







