A lo largo de la historia del cine encontramos títulos que han contribuido a la visibilidad del colectivo LGTBIQ+. Para muchos, estas películas han sido la mejor forma de activismo, porque todos sabemos que el cine es, casi siempre, el mejor reflejo de la realidad. Cintas como Pink Flamingos o La ley del deseo, por mencionar solo un par, marcaron un punto de inflexión en la manera que tenía la sociedad de entender y empatizar con las personas LGTBIQ+.
Piedras de un camino al que han seguido éxitos como Brokeback Mountain, Moonlight, La llamada, Pillion o la española A una isla de ti, que se estrena el 10 de abril en cines, y en la que el activismo viene precisamente de la no reivindicación.
Gracias a lo que consiguieron esas películas que muchos aún guardamos en nuestra memoria, hoy pueden existir otras que sencillamente cuentan la historia de amor entre dos hombres, dos mujeres, personas no binarias, intersexuales, trans… No importa el género ni la orientación ni la orientación sexual de los protagonistas, y ahí es donde reside su mayor valor, en vivir esta realidad con total naturalidad. ¡Y con humor! Porque, por ejemplo, A una isla de ti es una bonita comedia romántica para todos los públicos, un género que rara vez ha dado voz a historias LGTBIQ+.
Su protagonista, Jaime Zatarain, nos habló de esto en la entrevista que le hicimos: «Nos hemos dado cuenta al hacer esta película que no se suelen contar muchas historias LGTBIQ+ de esta manera, desde la naturalidad total; a veces el activismo está en no reivindicar nada”, explicó.
En este proyecto, donde además tuvo increíbles compañeros y compañeras como Freddie Dennis, Toni Acosta o Carlos González, se vivió una energía increíble al saber, precisamente, que la historia que estaban contando iba a ayudar a tantísimas personas. «Todos estábamos a favor de contar esta historia para que se normalice el ser quien te dé la gana”, contó el actor en nuestro reportaje. Unas declaraciones que llegan en un momento en que la política amenaza los derechos del colectivo, y nos anima a pensar que de ninguna manera podemos dar pasos atrás, ni en la ficción ni en la realidad.
Por todo lo que Zatarain nos cuenta y lo que la película refleja, aplaudimos estrenos como este, que ponen su grano de arena en la cartelera para que en el futuro, ojalá, ni siquiera sea noticia que una historia de amor en la gran pantalla sea entre dos personas del mismo sexo.


