El pasado mes de febrero, la Administración de Donald Trump retiró la bandera del Orgullo del Monumento Nacional de Stonewall, en Nueva York, situado junto al bar del mismo nombre, que fue donde se inició el movimiento moderno pro-derechos LGTBIQ+. La decisión de quitarla vino motivada por el Departamento de Interior (DOI), que estableció que el Servicio de Parques Nacionales sólo podría izar las banderas aprobadas por el Congreso, como la de Estados Unidos, la del propio Departamento de Interior y la de POW/MIA (que representa a los prisioneros y desaparecidos en guerras).
Esta prohibición causó un gran revuelo nacional e internacional, sobre todo entre los activistas del colectivo, quienes denunciaban la retirada como una discriminación hacia la comunidad LGTBIQ+, pues tanto la enseña como Stonewall representan la libertad, derechos e igualdad queer. Stacy Lentz, propietaria del bar, confesó en The New York Times que «no es solo un símbolo abstracto», sino que la bandera indica que la historia del colectivo «no volverá a quedar relegada a un segundo plano».
Dos meses después, el Gobierno ha anunciado un acuerdo que permite que el arcoíris vuelva a ondear en Stonewall. Se izarán tres banderas en el mástil del monumento, y la del Orgullo se encontrará entre la de Estados Unidos y la del Servicio de Parques Nacionales. Según los abogados gubernamentales, el Departamento del Interior y el Servicio de Parques Nacionales «han confirmado su intención de mantener una bandera del Orgullo en Stonewall». También han confirmado que no será retirada salvo para «mantenimiento u otros fines prácticos».

Imagen actual del Stonewall Inn en Nueva York.
¿Por qué es tan importante la bandera LGTBIQ+ en Stonewall?
La decisión de Trump de retirar la enseña fue interpretada como una gran vulneración a la dignidad del colectivo, sobre todo por censurar la memoria histórica de la lucha iniciada allí en 1969 en contra de la homofobia, la represión y la condena. Gracias a la revuelta que tuvo lugar en ese bar de Manhattan, las lesbianas, gais, bisexuales y trans de Estados Unidos fueron escuchados por primera vez y demostraron que querían formar parte de la sociedad.

Mucha gente interpretó el gesto del Gobierno como un síntoma de recesión y retroceso en los derechos LGTBIQ+. Los activistas señalan que la política de Estados Unidos se entiende como un indicador de las tendencias políticas mundiales y de cómo podrían evolucionar los gobiernos internacionales. Es por eso que las medidas LGTBIfóbicas de Trump asustan al colectivo por cómo podrían repercutir en el resto de países y, por ende, en los derechos de la comunidad. Aunque queda la esperanza de que, de vez en cuando, nos lleguen buenas noticias, como que la bandera vuelve a Stonewall, a su casa.


