'Casi todo bien', la anticomedia romántica sobre el fracaso, la creatividad y el amor hacia la literatura

Andrés Salmoyraghi y Rafael López Saubidet dirigen esta película sobre un escritor frustrado que no consigue publicar su novela.

Fotograma de 'Casi todo bien'.
Fotograma de 'Casi todo bien'.
David Pallarés

David Pallarés

Con siete años vi a Madonna besarse con Britney Spears en la tele y desde entonces mi vida cambió.

22 abril, 2026
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Madrid es una ciudad de sueños rotos. Muchos de los que vivimos aquí vinimos con un propósito y, en muchas ocasiones, no es fácil de cumplir. Por eso es el escenario perfecto para Casi todo bien, la comedia dramática de Andrés Salmoyraghi y Rafael López Saubidet que narra la historia de Hilario, un escritor de 40 años cuya novela acumula rechazos editoriales mientras sobrevive trabajando en una librería que está a punto de cerrar.

Un retrato generacional –que ya puedes ver en cines– que está lleno de verdad sobre aquellos que crecimos creyendo en la cultura como un refugio, con mucho humor, ironía y un tono que oscila entre la comedia y el desencanto, protagonizado por Marcel Borrás, Silma López, Lorenzo Ferro, Julián Villagrán, Secun De la Rosa y Adelfa Calvo.

Uno de los grandes aciertos del filme es su mirada sobre Madrid. La ciudad no es solo escenario, sino un personaje más: librerías, bares y noches interminables componen un ecosistema reconocible que funciona como carta de amor a la vida cultural urbana. Esta dimensión casi romántica contrasta con la deriva vital del protagonista, que crea una tensión constante entre lo que la ciudad promete y lo que realmente ofrece.

El conflicto central –la aparición de una posible ‘musa’ que sacude la apatía de Hilario– introduce el elemento clásico del renacimiento personal. Sin embargo, la película evita caer en soluciones fáciles: más que redimir al personaje, lo obliga a confrontar sus propias contradicciones, su cinismo y su miedo al cambio. De hecho, la antipatía que produce su protagonista es uno de los puntos fuertes del filme, ya que lo convierte en más antihéroe y en un personaje más reconocible, al que puedes incluso llegar a entender en sus errores. La historia funciona precisamente porque nunca pierde de vista su escala humana: es pequeña, sí, pero también reconocible.

La vida misma

El gran valor de Casi todo bien reside en su capacidad para reírse de la precariedad emocional sin trivializarla. Bajo su apariencia ligera, la película habla de aspiraciones incumplidas, del paso del tiempo y de la dificultad de reinventarse cuando la vida no sale como uno imaginaba.

Entre libros y escritura, la película funciona además como una carta de amor a la literatura, y a lo que estamos dispuesto a sacrificar por perseguir un sueño. No pretende ser una gran tesis sobre la creatividad ni sobre la crisis de los cuarenta, pero termina diciendo algo relevante sobre ambas. Su modestia es su mayor virtud: en un panorama saturado de historias grandilocuentes, esta película encuentra su fuerza en lo cotidiano, en lo imperfecto y en esa incómoda sensación de que, a veces, casi todo está bien… pero no del todo.

Cartel de 'Casi todo bien'.

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