Es todo un terremoto. Entre redes sociales, televisión y pódcast, Carlos Peguer ha conseguido hacerse un hueco en la vida de los más jóvenes: cuenta con más de 200 mil seguidores en Instagram y más de 300 mil en TikTok.
Una amplia audiencia con la que comparte su día a día y le siguen en cada proyecto que lidera. El más popular es, sin duda, el pódcast La pija y la quinqui, que comparte con Mariang Maturana, y por donde han pasado personalidades como el presidente Pedro Sánchez, Rosalía y Pedro Almodóvar, entre otros tantos.
Ahora se ha lanzado a la televisión como presentador del programa El Sótano Club, que de lunes a jueves modera Alba Carrillo y él se encarga de los viernes. “Tampoco he sentido un gran cambio, porque al final cuando grabamos el podcast se hace como si fuera tele, y ya había hecho mis pinitos, o sea que me siento muy cómodo y tranquilo. Además, los colaboradores lo hacen muy fácil porque siempre hay conversación”.
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Internet… ¿espacio seguro?
A pesar de estar muy conectado a las redes, reconoce que evita en todo momento leer lo que se publica de él y lo que comenta la gente: “Intento cuidar mi salud mental así. Mi novio, mis amigos y mi familia me tienen un poco al tanto de todo, pero me filtran la información. Creo que nadie está preparado para la exposición pública y para leer cosas que no te gustan. Por eso mi manera de afrontarlo es ignorar que existe. No sé si es la manera más sana pero a mí me sirve”.
Dice ser muy consciente de lo privilegiado que es y que su realidad no es la misma que la de mucha gente, por eso dice que intenta cuidar todo lo que publica: “Es mejor ser consciente de que a veces la puedes cagar que llevar una imagen inmaculado y perfecta. Es como Carrie Bradshaw, todos sabemos que es un poco petarda y que si puede elegir mal, lo va a hacer. Pero al final de todo la entiendes y la quieres”.
“A veces me escriben niños que están en el instituto y que mi visibilidad les ayuda. Yo fui ese niño y ahora soy una persona que enseña su vida por redes sin tener vergüenza por ello. Y eso me llena de orgullo”. “A mí Internet me salvó la vida, porque descubrí que no estaba solo y había más gente como yo… Por eso tenemos que proteger a esos jóvenes que necesitan este espacio, porque ya no existe ese Internet donde los maricones y los raros nos encontrábamos”.



