La espermidina es un líquido incoloro de inconfundible olor amoniacal. Aunque fue aislada por primera vez en el semen humano, de ahí su nombre, también está presente en algunas frutas, queso, carnes procesadas, verduras y flores primaverales.
La espermidina tiene muchas funciones esenciales, como la estabilización del ADN y la multiplicación de las células. Su papel resulta vital en la supervivencia de la célula, de hecho hay estudios que aseguran que podría emplearse en la lucha contra el deterioro celular y retrasar el envejecimiento.
La presencia de esta sustancia en la naturaleza explica que haya más cosas que compartan un olor similar al del semen. Estos son algunos de los ejemplos más evidentes.
La espermidina es un líquido incoloro de inconfundible olor amoniacal. Aunque fue aislada por primera vez en el semen humano, de ahí su nombre, también está presente en algunas frutas, queso, carnes procesadas, verduras y flores primaverales.
La espermidina tiene muchas funciones esenciales, como la estabilización del ADN y la multiplicación de las células. Su papel resulta vital en la supervivencia de la célula, de hecho hay estudios que aseguran que podría emplearse en la lucha contra el deterioro celular y retrasar el envejecimiento.
La presencia de esta sustancia en la naturaleza explica que haya más cosas que compartan un olor similar al del semen. Estos son algunos de los ejemplos más evidentes.
Las flores
En las diferentes estructuras florales envueltas en la reproducción sexual de frutales como manzano, peral, kiwi y peral japonés, entre otros, se ha observado la presencia de una alta cantidad de espermidina, considerablemente mayor en comparación con otros órganos vegetales, en donde sus contenidos son mínimos y algunas veces indetectables.
Como todos sabemos, la primavera es la estación de la ‘explosión’, cuando brotan algunas de las flores más hermosas, como las de las anteriores especies. Por eso podemos decir que la primavera, o al menos en las zonas donde estén plantados estos árboles, “huele a semen”. En España son muy comunes, sobre todo en la zona central.

El fuet
La polimerización de la prutescina es un proceso químico necesario para formar la espermidina. Este compuesto (que contribuye también al olor de la orina y del semen) se encuentra a bajos niveles en los alimentos frescos, pero aumenta radicalmente durante procesos como la fermentación, almacenamiento y descomposición. Esto explicaría una mayor concentración en las carnes procesadas, como es el caso del fuet.

Las piscinas
El semen tiene una composición más compleja de lo que pensamos: espermidina, fructosa, creatina, calcio, vitaminas C y B12, zinc… e incluso cloro. El cloro, como la espermidina, actúa como desinfectante natural que protege a los espermatozoides de los ácidos de la vagina.
Por lo tanto, desinfectantes con base de cloro como la lejía o sitios con presencia de este elemento químico (piscinas, saunas), tienen siempre ese inevitable punto de olor a semen.



