Bimba Bosé: Una mujer ‘chapada a la moderna’

La muerte de Bimba Bosé ha sido la peor manera de empezar la semana. Con solo 41 años, Bimba era una mujer fascinante que supo encontrar su hueco en el mundo de la música y en el de la fama pese a tener ‘el gran peso’ de ser la sobrina de Miguel Bosé.

POR: Nacho Fresno | @FRESNOticia

El título no es mío, es de un modelo de David Delfín durante un viaje a Turquía que hicimos con Shangay. Pero es tan bueno, “chapada a la moderna”, que  recupero la frase para definir a Bimba Bosé, que era una de esas personas que, cuando las conoces de cerca, te enamoran hasta dejarte rendido a sus encantos.

Tras muchos años dedicados a esta profesión, tras muchos 'fotocoles' y alfombras rojas o corrillos de prensa para hacerle las cuatro preguntas pertinentes, mi acercamiento a Bimba fue cuando formé equipo con ella y la periodista Teresa Barrios hace casi dos años en la Discovery Challenge de Land Rover. En un principio, no lo voy a negar, mi reacción fue: “Uf, Bimba, con lo borde que es...”. No habíamos ni recorrido dos kilómetros por las carreteras comarcales de Cádiz cercanas a Jerez cuando ya estaba enamorado de ella.

Es esa cosa tan cursi que solemos decir de los famosos, pero que tiene –algunas veces, no siempre– un gran fondo de verdad: descubrir a la persona que hay tras el personaje. No era borde, era, quizás, seca. O tímida. También es cierto que decía y hacía lo que pensaba sin tener en cuenta los convencionalismos. Pero, detrás de eso, Bimba Bosé era educada hasta el extremo. En las formas y en el fondo. Era la capitana del equipo –‘la famosa’, por plasmarlo de una manera clara– y consultaba todo antes de hacerlo. Hay que recordar que la Discovery Challenge es una prueba de aventuras, algunas bastante peligrosas, y ella era la imagen que iba a salir en los medios.

Era su primera Challenge, y fue pocos meses después de terminar su primera quimio. Lejos de ser una pobre convaleciente que quisiera despertar pena, era todo lo contrario. Era vida en estado puro. Es más, ante un “Tú verás, Bimba, si quieres hacerlo, pero yo, desde luego, no pienso hacer rápel por el puente de Ronda”, su respuesta fue con hechos: hizo el rápel –y la tirolina– mientras quien esto escribe la veía desde lejos ampliando la imagen con el móvil.  Gracias a ella, quedamos los segundos.

No me cabe la menor duda de que cuando sales de un cáncer (poco después de ese viaje se supo de su recaída) lo único que tienes es ganas de vivir y transmitir esa energía, esa positividad. Desgraciadamente, todos tenemos muchos ejemplos cerca. Pero la Bimba que descubrí en ese viaje no tenía nada que ver con esa asquerosa enfermedad. No, la Bimba que descubrí, y que me enamoró desde que se puso al volante del coche, era una persona divertida, culta, con un punto canalla; educada hasta el extremo de llegar a la exquisitez. No era la Bimba que yo ‘conocía’ de los photocalls. En ese momento recordé esa estupenda definición. En un país de personas “chapadas a la antigua”, Bimba era una rara avis: una mujer “chapada a la moderna”. Sobre una base de una educación perfecta, estaba ese barniz de modernidad que la hacía única. Le sobraba hasta el apellido, y simplemente con decir Bimba, todo el mundo sabía quién era. Gracias por ese viaje. Descansa en Paz. Como ha pedido tu hija Dora, te recordamos de la mejor manera posible: con una sonrisa.