22/09/2019

10 series míticas para el público gay

5 diciembre, 2014
Léetelo en 8 minutos

10. Las chicas de oro

(1985-1992)

Solo los más fanáticos recordarán que Las chicas de oro incluía un efímero personaje gay en su episodio piloto –un amanerado mayordomo que desapareció de la noche a la mañana sin explicación aparante de la cadena ABC–. A pesar de aquello, la serie empatizó como ninguna otra de los ochenta con el público homosexual por su mezcla de humor mordiente, fina ironía y mala leche. Será porque sus protagonistas, impecablemente enmarcadas en los esquemas de la inocente, la sensata, la calenturienta y la cascarrabias, se las apañaban para romper toda clase de convenciones desde sus aparentes papeles de ancianas adorables residentes en Miami. Y sí, las subidas de tono que alcanzaba Las chicas de oro, más en plena época Reagan, serían difíciles de encontrar en una serie actual. Si hasta en la reciente Looking vemos a su protagonista, Patrick (Jonathan Groff), buscar consuelo en Dorothy, Rose, Blanche y Sophia al final de la primera temporada de la serie por algo será. De revisionado obligatorio. 

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9. Hora de aventuras

(2010)

Gamers gayers del mundo, la sicodélica Hora de aventuras es vuestra serie. Cómo Jake el perro y Finn el humano han conseguido calar en el imaginario gay más geek y nerd es algo difícil de explicar –algo así como lo que sucedió con Bob Esponja–, aunque sus tramas delirantes, sus enfoques adultos, su universo multicolor y personajes tan maricas como la Princesa Bultos o la vampiresa Marceline ayudan bastante. Curiosamente, Hora de aventuras ha sacado al mercado todo el merchandising imaginable como buena serie de culto que es, pero sus capitulos siguen inéditos en DVD y BD en nuestro país. Habrá que esperar. 

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8. Mujeres desesperadas

(2004-2012)

Para su creador, el abiertamente gay Marc Cherry, no tuvo que ser fácil lidiar con los egos de sus cuatro protagonistas –cinco si sumamos a Nicollette Sheridan en sus últimas temporadas–, pero en el fondo de eso trataba la serie: del juego de poder entre cuatro mujeres que se disputaban el control del vecindario de Wisteria Lane. Al final, sus surrealistas intrigas y secretos no eran lo más interesante para el público gay, que prefería seguir los pasos de la petarda Gabrielle (Eva Longoria) y sus escarceos con el joven jardinero (Jesse Metcalfe), empatizar con Lynette (Felicity Huffman), esa madre al borde de un permanente ataque de nervios y aplaudir las manías, credos y estilismos de la pelirroja más famosa, Bree van de Kamp (Marcia Cross). Ah, también se paseaba por ahí una desorientada Teri Hatcher. 

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7. Revenge

(2011)

En su intento de emular los hitos audiovisuales de los ochenta, a Revenge le habría gustado volver a dignificar el drama televisivo como ese formato de prestigio para el prime time, aunque sus tramas sean más propias de la sobremesa por mucho que se enmarcen en el lujo de los Hampton. Para eso ayuda tener a Madeleine Stowe, otrora rostro icónico de los noventa, aunque confesamos que nos divierte más imaginándola en una pelea con el cirujano plástico que le abotorgó la cara que haciéndole la vida imposible a la mojigata de Emily (Emily VanCamp) en este melodrama encorsetado.

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6. Melrose Place

(1992-1999)

El personaje gay de Melrose Place, Matt Fielding (Doug Savant), era lo que menos interesaba al público homosexual, quizá porque los guionistas se esforzaron tanto en presentar una imagen normalizada del colectivo que olvidaron que, en esa comunidad de vecinos plagada de locas, el suyo resultaba hasta anodino. En torno a esa famosa piscina se concentraban chulazos, asesinos, ladrones, infieles y, por supuesto, malas malísimas que se convirtieron en divas gays como Kimberly (Marcia Cross) y Amanda (Heather Locklear), todo muy en la estela de Aaron Spelling, ese hombre al que nunca le agradecimos lo suficiente su contribución a la humanidad. 

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5. Pretty Little Liars

(2010)

Con Gossip Girl como hermana mayor, Pretty Little Liars quiso convertirse en serie de referencia adolescente sin que supiéramos nunca muy bien si se consideraba a sí misma una parodia del género (¿en serio esos guiones tan mediocres hay que tomárselos en serio?). Y no iba desencaminada, pues tenía todos los ingredientes más desquiciados para atraer al gay ávido de pan y circo: cuatro niñatas que son malas de manual, secretos, glamour, pijerío y buenas dosis de terror y fantasía. Un efoque primordialmente femenino que, como suele suceder, acabó seduciendo a una parte del público homosexual a pesar de lo horrendo de su estética. 

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4. Los ángeles de Charlie

(1976-1981)

Culpamos directamente a Los ángeles de Charlie de haber alumbrado una nueva generación de estilistas gays. Al fin y al cabo, esas tres cabelleras eran lo más famoso de la serie, peinados que ni en las más rocambolescas misiones perdían su modelado. Jaclyn Smith, Kate Jackson y Farrah Fawcett conocieron la fama mundial como policías reconvertidas en agentes privados en busca de acción pistola en mano, pero fue sobre todo esta última la que terminó por convertirse en un icono gay, con retrato de Andy Warhol incluido. Nuevamente, gracias Aaron Spelling. 

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3. Dinastía

(1981-1989)

Dejando al margen que fue una de las primeras series en incorporar un personaje homosexual –y qué personaje más torturado, pero ese es otro cantar–, lo que más empatizó con el público gay fue su aire glamuroso y, por supuesto, la comidilla extraoficial de sus dos protagonistas, Joan Collins y Linda Evans. Porque reconozcámoslo, nos interesaban tanto o más los vaivenes de la millonaria familia Carrington como las peleas que estas dos gatas tenían dentro y fuera de plató. Mucho oro, maquillaje, joyas y terciopelo para una de las series de los ochenta que más contribuyó a definir la estética del momento –más concretamente la travesti– mientras nos contaba que los ricos también lloran.  

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2. Absolutely Fabulous

(1992-2012)

Serie de culto gay donde las haya, la inglesa Absolutely Fabulous era tan desquiciada y desinhibida en su retrato de la mujer madura incapaz de asumir su edad que todo era un derroche de cirugía, alcohol, drogas, modelitos imposibles y peinados que desafiaban la física para mayor gloria del público gay. La serie era un divertido manual de cómo ser fabulosa y no morir en el intento con un humor tan políticamente incorrecto –para eso la cadena pública BBC nunca ha tenido reparos– que la convirtió en una de las más celebradas de su época, a pesar de su escasa popularidad en nuestro país. 

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1. Sexo en Nueva York

(1998-2004)

Podrían escribirse tesis universitarias sobre los motivos por los que Carrie Bradshaw (Sarah Jessica Parker) polarizó tanto a la comunidad homosexual. Para unos era la encarnación viva de la frivolidad, la nadería hecha personaje; para otros, la sublimación máxima de un tipo de mujer hasta ahora no representada por la televisión, una ensoñación ideal que lo mismo hablaba de la última colección de Prada que de lluvia dorada en un ambiente de alta comedia sofisticada. Porque sí, Sexo en Nueva York era de un amor y lujo irritante, pero cuando decidió dejarse el recato por el camino –y esos falsos testimonios a cámara sobre las prácticas amatorias de los estadounidenses–, terminó siendo una de las series que más elegantemente incorporó el sexo a su trama sin que el espectador dirigiera su dedo acusador a las cuatro protagonistas. Y donde se trate el sexo de manera natural y sin tapujos, siempre habrá un fan homosexual dispuesto a celebrarlo, a aplaudir la explicitud de Samantha, el recato de Charlotte, las quejas de Miranda y, bueno, todo lo que Carrie representaba en su cúmulo de clichés, que era a todas las mujeres –y muchos gays– al mismo tiempo. Por supuesto, las secuelas cinematográficas las consideramos apócrifas.

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