24/05/2018

Ópera gay: ¿es la lírica un terreno abonado para el público LGTB?

2 mayo, 2018
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Etiquetas aparte, por la polémica que siempre lleva el etiquetar todo, no hay duda de que la ópera y el mundo gay llevan siglos caminando juntos, de la mano. Cuatro para ser exactos. Y desde 2007 ya han comenzado a caminar el quinto, pues está estipulado que la primera ópera que se considera tal fue L’Orfeo, de Monteverdi, estrenada en Venecia en 1607.

Cuando le preguntamos a Joyce DiDonato (en una entrevista para Shangay) el porqué de esa larga relación, nos contestó así: “Siempre ha sido un espacio de libertad”. Y de ópera, la mezzosoprano debe saber algo, no en vano es una de las grandes estrellas mundiales, además de la diva indiscutible del MET de Nueva York en los últimos años. Patricia Racette, soprano norteamericana que está fuera del armario y que ahora regresa al Real para volver a representar la ópera de Kurt Weill Street Scenes y dar un concierto de cabaret, también habló sobre el tema. 

Sea como fuere, lo que también es indiscutible es este matrimonio indisoluble. No hay más que pisar cualquier teatro de ópera del mundo para ver que en sus butacas hay un más que alto porcentaje de público LGTB, compartiendo platea, anfiteatro o paraíso con otro no menos típico: el de señora con joyón y visonazo. ¿Significa eso que es un público de postureo y no de aficionados reales? Definitivamente no. De eso hay tampoco la más mínima duda. Pero ello tampoco implica que exista un subgénero de ópera gay. Hay óperas de temática homo, como también hay de venganzas, celos, pasiones o dramas heterosexuales.

Lo curioso es que Madrid, y el Real en particular, lleva unos años programando a Benjamin Britten, que además de ser uno de los compositores más importantes del XX, fue todo un referente en la cultura queer de mediados del pasado siglo, y escribió0 obras con papeles hechos a medida para su pareja, el tenor Peter Pears, que estrenaba en los teatros más importantes del mundo. Con él mantuvo una relación de 40 años, y hoy ambos están enterrados en la catedral de San Pablo. Los ingleses son así.

Britten, que no ha sido tradicionalmente uno de los músicos más representados en Madrid, ha llegado ahora por la puerta grande gracias a Joan Matabosch, el director artístico del Teatro Real. Hace unos días se representó Gloriana, un espectacular montaje de una de sus óperas más desconocidas, que compuso por encargo ‘real’ para la coronación de Isabel II. En su momento no gustó mucho esta elección, y uno de los motivos fue que el escogido para tan magno acontecimiento era un compositor gay, no acorde con el establishment.

(Fotos: Javier del Real)

Poco antes de este estreno, el Real recibió el prestigioso International Opera Award por el montaje de Billy Budd del año pasado. Y esta sí que es una ópera abiertamente gay. Este galardón es el más importante del mundo, y es la primera vez que un teatro español lo consigue. No existirá la opera gay como tal, pero la ópera más gay de Britten se ha coronado en el pódium mundial con una puesta en escena del Teatro Real, al que muchas veces se le acusa de no estar en la mejor división internacional. Una vez más, los hechos hablan por sí solos y desmontan bulos: nuestro país vuelve a ponerse en primerísima línea de la vida LGTB del planeta. Esta vez en el campo cultural.

Y si de cultura vinculada al mundo gay hablamos, pocos eventos hay en Madrid con mayor concentración por metro cuadrado que el Ciclo de Lied del Teatro de La Zarzuela… ¿Es ópera gay? El lied es un poema cantado por un solista; un paso más en exquisitez. El ciclo de La Zarzuela, un lujo para todos (y único en el mundo).

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Shangay

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