19/07/2019

Los personajes LGTBI de Chueca nos cuentan la historia del barrio más gayfriendly de España

7 julio, 2018

Chueca es uno de los barrios más diversos, abiertos y acogedores de todo Madrid y, probablemente, de toda España. Por sus calles han pasado todo tipo de personas, y muchas de ellas, célebres. Con motivo del Orgullo, decidimos entrevistar a aquellos personajes que no solo han visto cómo ha ido cambiando el barrio, sino que han formado parte de ese cambio.

Artistas, celebridades y referentes como la cantante Alaska, que ha estado desde siempre vinculada a este rincón de Madrid, la diputada socialista y activista LGTB, Carla Antonelli o la drag queen de referencia La Prohibida. También hablamos con las personas que viven Chueca día a día, vecinos, empresarios o trabajadores que conocen todos los detalles de este acogedor barrio.

Aquí, las entrevistas que te descubrirán los secretos de Chueca.

¡Chueca es genial!

"Chueca es algo único en el mundo"

Alaska forma parte del Orgullo y de la historia de Chueca. La entrevistamos para que nos cuente en primera persona cómo ve la evolución de barrio, y nos cuente también cómo recuerda aquellos primeros Orgullos, cuando ella era el único personaje conocido que se subía en una carroza, que no era otra que la nuestra, la de Shangay. Con Alaska iniciamos una serie de entrevistas a personajes que forman parte de la historia del barrio gay de Madrid, uno de los más importantes del mundo.

Pero también hemos hablado con ella del momento en que vivimos, en el que las redes sociales se han convertido en terreno abonado para que el insulto y la descalificación campen a sus anchas, algo que Alaska ha vivido en primera persona. Ella no tiene pelos en la lengua y responde contundente: “Todos queremos la tolerancia a base de imponer nuestra propia dictadura, pero esto no es así. Y el anonimato que permiten las redes sociales además amplifica las posibilidades de ser agresivo”.

SHANGAY ⇒ ¿Cómo recuerdas aquel Chueca de finales de los ochenta?
ALASKA 
⇒ Pues era todavía un Chueca más de noche, es decir, salvo el berkanismo [se refiere a la librería Berkana, pionera en el Chueca como foco cultural LGTB, al margen del ocio] y poco más. Ya no era aquel erial de yonquis de finales de los setenta y principios de los ochenta, cuando la salida del metro era un sitio ‘peligrosón’. Lo que pasa es que siempre habían existido esos baluartes, como el Black & White (del que ya tengo que hablar en pasado), que mantenían una cierta vida distinta a lo que era ese barrio degradado. Todavía no era la gentrificación, ni teníamos un Chueca bonito ni todo el mundo paseaba por la mañana, pero ya era un reducto. Por ejemplo, donde primero se puso house en Madrid, fue en Black & White, en el año 87, imagínate… Y cuando todavía las discotecas ‘heteras’ estaban muy perdidas, en Chueca se estaba poniendo house.

SHANGAY ⇒ Eres una mujer de centro, urbana, de las que ‘queman’ el asfalto. ¿Te has ‘quemado’ mucho Chueca?
ALASKA
 ⇒ Sí, porque además siempre me ha gustado que Chueca ha tenido la ventaja de que no se perdió el barrio, y esto no creo que sean cosas que se hagan ni queriendo ni pensando: son cosas que ocurren. No se perdió el mercado, no se perdió la señora, pero se adquirió también otra calidad de comercio, otro tipo de visitante, de café… Y todo convivía. Eso siempre me parecerá el modelo perfecto.

SHANGAY ⇒ ¿Cuáles son tus sitios míticos del barrio? De los nuevos, ¿nos desvelas tus secretos?
ALASKA
 ⇒ No puedo desvelar secretos de los nuevos, porque el nuevo Chueca no es un sitio al que yo haya ido. Cuando vuelvo a Chueca siempre lo hago a los clásicos, supongo que es una cuestión de edad [risas]. Para mí, Chueca es sobre todo el Black & White, porque más allá del mundo de la primera planta, el mundo de los ‘chicos’ y el de los encuentros, el sótano del Black & White, con los distintos disc jockeys que pasaron por ahí, era un lugar cuando, a mediados de los ochenta, cuando no era nada ‘total’ poner a ABBA ni a Village People, porque era música teóricamente pasada de moda, allí se seguía poniendo. E insisto en que el house también empezó allí… Así que siempre tendré mi corazón con el Black & White.

SHANGAY ⇒ ¿Cuál es la historia más bonita que te ha pasado en el barrio?
ALASKA ⇒ A ver, no sé… tendría que pensar. Pues no hay una. La propia posibilidad de tener un barrio, de pasearlo, de vivirlo, convivir con los vecinos y la gente que está de paso, ya me parece una historia lo suficientemente bonita. No ocurre en ningún otro país del mundo. De verdad que no valoramos lo que tenemos. Vas a Londres, a Old Compton Street, y es una calle con unos bares, y una tienda de látex; tienes el [bar] Old Compton, tienes el musical [en el teatro Prince Edwards, que está en esa calle], pero eso no es vida de barrio. Vale, muy bien, pero nada más. Insisto, no valoramos lo que tenemos. Chueca ha sido un ejemplo muy extraño. Nueva York, con Cristopher Street, tampoco tiene una vida de barrio, bueno, Estados Unidos tampoco se puede decir que sea un país de barrio… Pero lo que ha habido en Chueca es único en el mundo.

SHANGAY ⇒ Tus dos míticos locales, Morocco y Stella, no estaban en el barrio, pero de alguna manera llevaron ese espíritu al off Chueca. ¿Por qué no los montaste en la zona?
ALASKA
 ⇒ Creo mucho en el off… Y supongo que los locales que tuve eran marginales a Chueca, uno por un lado hacia Malasaña, y otro hacia Sol. ¿Sabes por qué? Pues porque a mí lo que me gustaba era ocupar lugares que ya existían y los de Chueca ya estaban el funcionamiento, no había ninguno que estuviera cerrado y que yo pudiera ocupar. Bueno, sí quise ‘okupar’ el Hotel Mónaco, es una de mis espinitas… ¡Pero si no había que hacer nada! Solo mantenerlo tal y como estaba. Para mí, cuando lo cerraron fue uno de los días más tristes de la historia de Chueca.

SHANGAY ⇒ Hablando del Orgullo, fuiste la primera persona conocida que se subió a una carroza, la de Shangay. Cómo han cambiado las cosas, ¿no?
ALASKA 
⇒ Hablando con vosotros, me decís que es el año 97 mi primera carroza. El año anterior también estuve en la mani. Y creo que en 95, porque recuerdo ir con una compañera de la UNED, donde estudiaba yo entonces. ¿Cuántos éramos en Sol? ¿Quinientos, mil? Al año siguiente, mil cien. De repente… ¿un millón? Eso fue así, casi de un día para otro. Y es bueno. Y digo sobre nuestra manifestación algo muy parecido a lo que he dicho con Chueca. Vas a la de Londres o a la de París y, bueno, pues la gente más o menos ve desfilar carrozas. Pero es que en Madrid se anda con las carrozas, y también se espera a las carrozas. Pero la gente que espera a las carrozas son matrimonios con niños, pequeñas gays que llegan del pueblo y están fascinadas con lo que están descubriendo, señoras que están paseando al perro… Y vuelvo a decir que eso es una cosa que solo se ha conseguido en Madrid.

SHANGAY ⇒ ¿Recuerdas el ‘trono’ en el que ibas sentada en nuestra carroza?

ALASKA ⇒ Era un trono muy aparatoso ese en el que me sentabais. Y el primer año, si no me equivoco, llevaba un vestido con la bandera. El segundo me puse un sari, como solo tenía que estar sentada… [risas] Era más de andar por casa todo. De hecho, con el paso de los años, de las carrozas y de las multitudes, se me ha hecho un poco difícil estar en la manifestación si no estoy parapetada sobre una carroza, no me sería posible participar, no puedo pretender lo que no es. Era un ambiente casi familiar y creo que muy acogedor. Este año, el sábado estoy tocando fuera.

SHANGAY ⇒ ¿Está todo conseguido o aún queda por luchar?

ALASKA ⇒ Me paso el día haciendo entrevistas y muchas de ellas con gente que, posiblemente, no sepa lo que son las siglas LGTB. Me resulta bastante común que me digan el típico “pero si lo habéis ya conseguido todo, ¿qué más queréis?”. Es una pregunta recurrente. Para empezar, conseguir las leyes no significa que estas tengan luego una respuesta en la sociedad, que es lo que digo que forma parte de le educación. Y segundo: ¡cuidado! Las leyes pueden ser de ida y vuelta. Hay que tener muchísimo cuidado con eso. Igual que se conceden, las leyes se derogan. Puede haber una vuelta de tuerca en un Gobierno, una situación internacional desfavorable y, de repente, nos encontramos con que lo que tenemos dejamos de tenerlo. En España hubo divorcio a finales del siglo XIX, y dejó de haberlo durante casi un siglo. Cuidado con las cosas que hacemos. Y no es una cuestión de ‘conseguir’,  sino de ‘manifestar’ y de ‘estar’, de no estar escondido. Y claro que hay muchas cosas que faltan por conseguir, y tienen que ver con los niños, con la transexualidad, con la libertad de cada uno… Y si no se dicen, es como si no existieran.

SHANGAY ⇒ Hablas de educación, y en estos momentos, bajo el anonimato de las redes sociales, tú misma has sido atacada e insultada en un intento de desprestigiarte por si trabajas en tal o cual medio. Y la gente que te ataca igual no sabe que toda la vida, desde los años ochenta, has sido colaboradora y has escritos en medios como el Abc, haciendo Gente del sábado y defendiendo desde esas plataformas tu modo de pensar. Que no es algo que hayas empezado a hacer ahora y antes no te criticaban por ello…
ALASKA ⇒ Efectivamente… [risas] Pero aquí hay un problema, bueno, a ver [se lo piensa antes de decirlo], de dictadura: todos queremos la tolerancia a base de imponer nuestra propia dictadura. Y esto no es así. Y el anonimato que permiten las redes sociales además amplifica las posibilidades de ser agresivo, inconsecuente y creo que, incluso, de ser delictivo. Tendría bastante poca mano con esa falsa libertad de expresión en las redes sociales. Sigo borrando cada día comentarios donde llaman ‘travelo’ a mis amigas. ¡Cada día! A veces es verdad que te ofende más lo de los demás y borro de lo de ‘travelo’ pero no me dedico a borrar en otros perfiles –en el mío sí borro todo porque, mal rollo, ¡no!– donde te pueden juzgar por declaraciones que haces, por otras que no haces, por titulares donde trabajas… Pero ahí ya estamos hablando de falta de cultura azuzada, además, casi como un derecho. Y eso es muy peligroso. Y es el momento que vivimos.

"Bienvenidos los guetos de libertad como Chueca"

Pocas mujeres se sienten tan orgullosas –nunca mejor dicho– como Carla Antonelli cada vez que habla de igualdad y derechos LGTB. Consciente de que queda mucho camino por recorrer, repasamos con la diputada socialista cómo ha cambiado Chueca en los últimos 30 años. Con mención especial a su querido Pedro Zerolo, reivindica que la manifestación no está reñida con la fiesta, y explica el efecto positivo del barrio gay sobre la ciudad entera.

SHANGAY ⇒ Cierra los ojos y cuéntanos qué recuerdas de la Chueca de hace 25 años…

CARLA ANTONELLI ⇒ Y 30 camino de los 35 [risas]. Un sitio oscuro con olor a pis, sin luz, el centro neurálgico de la droga, un sitio peligroso…, había que pensárselo dos veces antes de ir. Recuerdo que por aquella época se abrió en plena Plaza de Chueca el Sacha’s, que empezó como bar pero luego introdujo espectáculos transformistas. A la salida siempre nos jugábamos un poco la vida… Así eran Chueca y sus clubes.

SHANGAY ⇒ ¿Cuáles fueron tus primeros pasos en Madrid en lo que a la lucha por los derechos LGTB se refiere?

CARLA ANTONELLI ⇒ Cuando llegué a Madrid fui a un local que, creo recordar, se llamaba Montecristo; pertenecía a Goya la Mula, un showman de la compañía Incógnito con el que había trabajado. No conocía a nadie en la ciudad, ahí empecé a hacer migas con la gente y, de hecho, allí se gestó la que para mí es la primera manifestación legal por los derechos LGTB hace ya 40 años. Bajó por el paseo del Pintor Rosales por delante del Templo de Debod, la gente nos miraba sin participar y era un poco caos todo… Pero bueno, era la época.

SHANGAY ⇒ ¿Crees que el Orgullo ha perdido ese gen reivindicativo y ya solo se centra en lo lúdico?

CARLA ANTONELLI ⇒ Para mí, las manifestaciones no han perdido el poder reivindicativo. Lo que pasa es que se ha enriquecido porque entra en juego el poder festivo. La visión también es la que nos dan los medios de comunicación, aparte de proyectar la pancarta con toda la gente de la política, sindicatos y colectivos, enseguida se va a hacia la fiesta, y la marcha, que es más vistosa. En ese sentido, yo no tengo ningún problema: es una ‘manifiesta’. A principios de los 90 empezaron a salir las carrozas y, poco a poco, aquello fue cogiendo otra dimensión más lúdica. Pero, al fin y al cabo, estamos hablando de una efeméride, y está bien que se celebre. Y siempre está ese lema, esa pancarta por los derechos, los transexuales, el matrimonio… No es simplemente un “viva la fiesta”…. Cuando comenzamos éramos puramente reivindicativos para derogar la Ley de Peligrosidad Social, fíjate si había trabajo que hacer en ese sentido…

SHANGAY ⇒ ¿Ha perdido Chueca fuerza como núcleo del colectivo gay en Madrid? ¿Es eso positivo o negativo?

CARLA ANTONELLI ⇒ Chueca fue como un virus que contagió todo Madrid poco a poco, y por lo tanto hablamos de un espacio que siempre ha sido necesario. Y a las voces que dicen lo de los guetos…, bienvenidos cuando son el único espacio donde hay total libertad, y si propicia la apertura del respeto a la diversidad por orientación o identidad sexual. Luego se ramificaría por la calle Hortaleza, Gran Vía…

SHANGAY ⇒ ¿Qué anécdota se te viene a la cabeza una vez comenzó a normalizarse la situación y Chueca comenzó a ‘expandirse’?

CARLA ANTONELLI ⇒ Me queda el recuerdo, a principios de los 90, de dos chicos en Plaza España que se despidieron con un beso, y pensé: “Esto se extiende”. ¡Y por la glorieta de Embajadores igual! Y eso es lo maravilloso, bienvenidos lo lugares que han sido germen para convertir la capital en un referente mundial en estos temas.

SHANGAY ⇒ Donde sigue quedando mucho trabajo por hacer es en el apartado de agresiones homófobas. Madrid registra unos datos escalofriantes en 2016, pero hay voces que apuntan a que se está perdiendo el miedo a denunciar…

CARLA ANTONELLI ⇒ La verdad siempre está en el medio. Antes se denunciaba menos, pero en parte porque ibas a comisaría y te decían que la cosa no iba a prosperar… A mí misma me ha pasado en los 8  Ahora ha calado la percepción de que la agresión homófoba es denunciable y que incluso provoca detenciones. Pero también hay un aumento de agresiones porque, a mayor visibilidad…, más estamos en el centro de la diana. Y siempre que hay una situación de crisis y descontento social, se buscan cabezas de turco y pagan los más estigmatizados históricamente. Lo que pretenden es empujarnos hacia atrás y que volvamos a estar debajo de las piedras y dentro de los armarios, pero no lo van a conseguir.

SHANGAY ⇒ ¿Qué echas de menos de la primera Chueca que conociste? Supongo que es inevitable el recuerdo a tu gran amigo Pedro Zerolo…

CARLA ANTONELLI ⇒ Tantas y tantas personas que conocí. Se me han quedado por el camino un rosario de nombres y apellidos. Y por supuesto, mi compañero Pedro Zerolo. En la foto que tengo en mi casa, que reconozco que me costó cuatro meses volver a colocarla en el salón, estoy con él en la Plaza de Chueca mirando hacia el infinito. Pedro es Chueca. Y oye, si algo también echo de menos, son los 20 años que tenía en ese momento [risas].

SHANGAY ⇒ ¿Qué sientes cuando echas la vista atrás y ves la evolución del trabajo en Chueca de personas como tú?

CARLA ANTONELLI ⇒ Mucha motivación y orgullo de ver lo que fue y en lo que se ha convertido. Chueca tiene que seguir siendo bandera de nuestras reivindicaciones. Por más que hayan pretendido silenciarlas, hay que seguir siendo ejemplo de visibilidad y contagio de una ciudad que ahora es símbolo del respeto al respeto.

"En Chueca descubrí un Madrid tolerante donde encajaba"

No cabe ninguna duda de que La Prohibida forma parte de la historia de Chueca. El barrio la ha visto crecer como artista desde mediados de los años 90, y ella ha sido testigo de la evolución de este Madrid que comenzó a ser libre, a respetar y a aplaudir la diversidad.

SHANGAY ⇒ ¿Cuándo fue la primera vez que llegaste a Chueca?
LA PROHIBIDA ⇒ Llegué por primera vez a Chueca en el año 1995. Vivía entre Roma y Madrid en aquellos años, y recuerdo que el fotógrafo Álvaro Villarrubia me ofreció su casa, que tenía un balcón que se abría a la mismísima plaza.

SHANGAY ⇒ ¿Cómo recuerdas el barrio de entonces?
LA PROHIBIDA ⇒ Pues estaba mucho más tranquilo que en los años 80. Yo había estado en esa época por Madrid y me habían dicho que ni se me ocurriera ir a Chueca porque a partir de cierta hora era muy peligroso. Pero cuando yo llegué se estaba muy a gusto. Los niños jugaban por la plaza tranquilamente, había muchos bares y cafeterías que empezaban a abrir, y la gente salía a tomar algo a cualquier hora del día. Eso sí, la plaza estaba más fea, tenía unos setos que no me gustaban nada. Ahora está mucho más amplia y más agradable. En general, era un barrio muy entrañable. Luego se empezó a estandarizar, dejó de ser algo novedoso y comenzó a parecerse a otros barrios de Madrid, por eso fue dejando de interesarme en ese aspecto.

SHANGAY ⇒ Entonces, ¿has notado mucho su evolución?
LA PROHIBIDA ⇒ He vivido ese momento de crecimiento en el que Chueca dejó de ser un barrio marginal y en el que, efectivamente, hubo una progresión. He sido testigo de cómo nacieron locales como la librería Berkana, que estaba situada en la plaza y se convirtió en un centro cultural. Mis primeros discos se vendían allí, la revista Shangay se podía coger en la puerta… Berkana era el lugar de reunión de mucha gente, algo que desafortunadamente ha cambiado. Pero también hay lugares por los que parece que no ha pasado el tiempo, como la taberna Ángel Sierra, toda de madera, que hace esquina con la plaza, o el famoso LL bar.

SHANGAY ⇒ ¿Son esos tus locales míticos del barrio?
LA PROHIBIDA ⇒ Son emblemáticos, pero para mí, el sitio más mítico de Chueca es el Gris. Es un bar que lleva toda la vida abierto, creo que desde los años 80. Un bar divino, muy indefinible, pero maravilloso. En su momento tenía una mezcla de indies con siniestros y con gays… Es el sitio más auténtico del barrio, con una personalidad única.

SHANGAY ⇒ ¿Qué echas de menos del antiguo Chueca?
LA PROHIBIDA ⇒ Me gustaba cuando era un barrio mucho más barrio, antes de la gentrificación. Había muchas tiendas o restaurantes, como el Marsot, que dieron forma a un Chueca abierto y tolerante, y que han tenido que cerrar por el aumento del precio de los alquileres. Una auténtica pena.

SHANGAY ⇒ ¿Y qué te parece el nuevo barrio?
LA PROHIBIDA ⇒ El barrio ahora está muy cuidado, es un barrio de ocio bonito, y eso me gusta. Lo que no me gusta es que se ha centrado mucho en el lado LGTB, antes era más plural y moderno. Ahora es todo gay… y me aburre, porque el mundo no es así. Me gusta que haya un bar gay, uno de lesbianas, uno indie, otro de latinos… Y eso no lo encuentras ahora.


Fotografía: Mista Studio

SHANGAY ⇒ ¿Con qué recuerdo vivido en Chueca te quedas?
LA PROHIBIDA ⇒ Mi mejor recuerdo fue una vez que salía de una sesión de fotos de casa de Álvaro Villarrubia. Iba travestida y fui a dar una vuelta por el barrio. Era de las primeras veces que me travestía, y el hecho de estar en la calle y pasar desapercibida a pesar de la sofisticación de mi aspecto fue algo maravilloso. Pero el recuerdo va más allá. Me atreví a salir de Chueca y llegué a la Gran Vía. Aquella tarde pasé varias horas travestida por la calle. Llevaba poco tiempo viviendo aquí y descubrí un Madrid supertolerante, que pasaba de todo, y en el que yo encajaba perfectamente.

SHANGAY ⇒ No hay duda de que has encajado porque, como cada año, vuelves a ser embajadora del Orgullo de Madrid…
LA PROHIBIDA ⇒ Yo no me siento icono de nada. Solamente soy una artista, una ‘entretenedora’. Pero no creo que represente a nada ni a nadie. Sí me siento parte del Orgullo gay de Madrid porque, cuando empezó a tomar forma y a ser conocido, yo estaba allí junto a otros artistas, los manifestantes, organizaciones y algunos partidos políticos que ayudaron a hacer grande el Orgullo.

SHANGAY ⇒ ¿Cómo recuerdas esos primeros Orgullos de Madrid?
LA PROHIBIDA ⇒ En el primer Pride nunca se me olvidará la imagen de Alaska y Massiel. Fueron las primeras artistas con una gran trayectoria que salieron a la calle con el colectivo a dar la cara, creo que fue en el año 1997. Alaska fue la primera que se subió en una carroza, y luego Massiel nos esperaba en Puerta del Sol, a pie de calle y de pancarta, y eso hay que reconocérselo siempre a ambas.

SHANGAY ⇒ El colectivo ha avanzado mucho, pero aún hay que seguir luchando…
LA PROHIBIDA ⇒ Evidentemente, hemos conseguido mucho a nivel político, pero a nivel social todavía nos falta. A mí me gusta ver el vaso medio lleno. Pienso que vivimos en un país superavanzado, y la prueba es que nos llame tanto la atención cuando un cardenal hace declaraciones homofóbicas o cuando hay un caso de violencia LGTB… Todas esas cosas son señales de que España está avanzando, aunque no se puede negar que queda mucho por hacer.

"¡Hay gente que estuvo 30 años conmigo!"

Griffin’s fue un mítico local gay situado en la calle Marqués de Valdeiglesias nº 6, en la antesala de Chueca entrando por la Gran Vía. Lamentablemente cerró hace unos meses, con miles de historias a sus espaldas. Fue siempre un referente en la escena gay madrileña. Sus orígenes están fuera del barrio gay de Madrid: Griffin’s abría sus puertas en la calle Villalar nº 8, en pleno barrio de Salamanca, el 27 de mayo de 1982. Fue el germen de una ‘burbuja gay’ fuera del barrio de Chueca, que en aquellos años no era ni sombra de lo que es hoy. Hablamos con Juan, su propietario para que nos cuente la historia.

Era otra época, donde ser gay no era tan fácil como ahora. Con la aparición de Griffin’s se dio un auténtico vuelco a la noche de Madrid, y en especial, al ambiente gay de la capital. Sus shows de travestis –“transformistas en aquel entonces”, como nos dice Juan– hicieron historia, convirtiendo al local en todo un referente que ha llegado hasta hoy.

SHANGAY ⇒  Un local gay en el barrio de Salamanca, y a principios de los años 80… ¿Cómo se explica eso?
JUAN ⇒ Se abrió de casualidad. Antes era un local muy de lujo, con marqueses, condes, personajes famosos como Sara Montiel. Pero como decía mi padre, “los marqueses firman, pero no pagan” [se refiere Juan a los típicos pagarés que se estilaban entonces, en los que se firmaba una nota y ya se pasaría algún empleado a pagar después, si es que se pasaba]. Entonces aquello se cerró porque no daba dinero, y se hizo una pequeña reforma. Se dejó muy bonito, muy ‘pijito’, pero tampoco funcionó. Entonces llegó un señor llamado Leandro, cajero de Caja Madrid, y le dijo a mi padre: “Si usted me pone aquí una barra y me cambia esto, yo le prometo que se lo lleno”. Y vaya si se lo llenó. A raíz de ahí empezaron a abrir el resto de locales por esa zona: El 17, La Cueva, La Bubu, El Valentino... Locales que estaban al otro lado de la Castellana.

SHANGAY ⇒ El Griffin’s se conocía dentro del ambiente, en una época en la que no había tanta libertad como ahora..
JUAN ⇒ Efectivamente. Era más restrictivo que ahora. La gente tenía que mantener la vestimenta, las formas. Además, ten en cuenta que los dueños eran dos heteros bárbaros [risas].

SHANGAY ⇒ Este local siempre fue un espacio de libertad para drag queens y travestis. Imagino que en aquella época las que venían a actuar lo hacían de una manera más discreta. ¿Todo era del local para adentro?
JUAN ⇒ Entonces se llamaban transformistas, porque los travestis eran los que se vestían de mujer en la Casa de Campo para sexo. Ahora ya son travestis, después de que la RAE cambiase el término. Y los transformistas venían como tú y como yo vamos ahora, dentro del local se ‘transformaban’ y antes de salir a la calle, se volvían a cambiar.

SHANGAY ⇒ ¿Tuvisteis algún problema con los vecinos? ¿Notasteis algún tipo de rechazo?
JUAN ⇒ Con los vecinos, ninguno. Fíjate que encima del local había un hostal que tenía dos plantas del edificio en el que estaban todos los chavales de la escuela de fútbol del Real Madrid, y ningún problema. Los del bar de enfrente estaban encantados, y como la embajada de Francia estaba al lado, siempre había vigilancia policial.

SHANGAY ⇒ ¿Cuándo te incorporaste tú al Griffin’s?
JUAN ⇒ Al principio yo era un niño, me incorporé en el año 91, cuando todavía estaba en el barrio de Serrano.

SHANGAY ⇒ ¿Por qué decidisteis mudaros a este local que está a la entrada de Chueca?
JUAN ⇒ El edificio en el que estábamos era muy antiguo, se venía abajo y nos tuvimos que ir. Buscamos varias opciones, y el único lugar que encontramos que más se adaptaba a lo que buscábamos fue este.

SHANGAY ⇒ ¿Has notado el cambio en la fiesta, en el tipo de espectáculo de travestis y drags?
JUAN ⇒ Los espectáculos han cambiado mucho pero, claro, es que también ha cambiado el cliente. Antes hacían un show muy particular en el que imitaban mucho a la gente. Ahora cada uno tiene su propio personaje y sacan sus propias canciones. Antes, por ejemplo, estaba la Terremoto de Badajoz, que te hacía de Lola Flores y era una maravilla; o Manolo Sevilla, que era una Isabel Pantoja espectacular.

SHANGAY ⇒ ¿Cómo fue el cambio desde el barrio de Salamanca, donde la calle Villalar era, como dices, una especie de ‘burbuja gay’, hasta Chueca?
JUAN ⇒ Hay que recordar que Chueca en aquella época era un barrio muy duro, todos los días había follones. Cuando empezó a entrar el movimiento gay tal y como lo conocemos ahora, todo empezó a funcionar, cambió totalmente el ambiente.

SHANGAY ⇒  ¿Qué cambios ves en la celebración del Orgullo? 
JUAN ⇒ No tiene nada que ver. Yo me acuerdo que los primeros orgullos eran más pequeños, salían de la puerta de Alcalá e iban para Sol. Me encontraba a clientes con su madres y sus hermanos que decían: “Mira mamá, este es el señor de adonde voy a tomar una copa”. En cambio ahora es un fiestón de puta madre, y ya nadie tiene que explicar nada.

SHANGAY ⇒ ¿Crees que ha cambiado el sentido del Orgullo?
JUAN ⇒ Hombre, ahora está muy bien: el Orgullo es una diversión total y es también reivindicar claramente los derechos y todas las cosas por las que te han estado puteando toda la vida. Ahora no tienes ningún problema, al principio era muy complicado, había que romper y que provocar… Y ese fue el principio del Orgullo, que tuvo que ser muy duro y muy jodido. Los comentarios eran del tipo “pero, míralos, si van en pelotas…”. ¡Qué más da, si es su vida! En Sevilla van con trajes de sevillanas y en Valencia se ponen ‘caracolas’ en la cabeza. Pues aquí hacemos una fiesta en julio con 35 o 40 grados, y hay gente a la que le parecerá bien y a quien le parecerá mal pero… ¿qué más da?


Fran, encargado de Griffin’s durante muchos años, al que nunca olvidaremos

SHANGAY ⇒ ¿Cómo definirías tú al barrio de Chueca?
JUAN ⇒ Chueca es un barrio diferente. Ves Malasaña, que son todo bares, que si ‘el cafelito’, el restaurante y lo otro. Pero llegas a Chueca y tiene sus trastiendas. Tienes otra manera de ver, otra forma de sentir, es un barrio alegre y divertido. Sin embargo, está un poquito frenado, tiene un poco de parón. Hay locales muy majos, que trabajan muy bien, que son ahora muy potentes pero muy caros. La crisis ha afectado mucho al barrio. Todo el mundo ha tenido que bajar precios, el low cost y demás… También la presión del Ayuntamiento ha fastidiado mucho.

SHANGAY ⇒ ¿Cómo ha cambiado Chueca desde que trasladaste Griffin’s aquí?
JUAN
⇒Hombre, ha evolucionado, pero no hay la espontaneidad que había antes. Aquella alegría se transformó en el botellón. Lo que tienes aquí muchos fines de semana es un barrio gay, pero también mucha juventud hetero, que viene a divertirse y a pasárselo bien, pero que no están en el mundillo.

SHANGAY ⇒ Los treinta y cinco años de Griffin’s, ¿cómo los definirías?
JUAN ⇒ Es un local de ambiente, de gente de mediana edad a mayor, muy divertido, abierto a todo el mundo, y que si lleva tantos años por algo será…

SHANGAY ⇒ Parece que en el mundo gay tienes que ser el típico ‘chico gym’ joven y guapo. En cambio, tus clientes siempre han sido de una edad más avanzada. ¿Crees que esa gente mayor veía y ve a Griffin’s como su ‘refugio’?
JUAN ⇒ Esa gente sigue viniendo a Griffin’s; era lo que tenían en aquella época y no han encontrado ningún local que les refleje lo mismo. Guarda su esencia, su sitio, y son muchos quienes siguen manteniendo aquí su punto de referencia. Luego, la música es un poquito antigua, o pop, y llegas un poquito a juventud los viernes y sábados. Tengo gente que dice: “¡Joder, si llevo 35 años contigo!”.

 

"Chueca es mi barrio"

El Tintero lleva casi un cuarto de siglo en la calle Gravina nº 5, en concreto, 21 años. Su dueña, Pilar Fernández, es una de las personas que han visto la transformación de Chueca hasta convertirse en uno de los barrios gays más importantes del mundo. Uno de sus primeros diseños fue una camiseta con el logo del metro de Chueca. Fue un diseño –como se dice ahora hasta la saciedad– icónico, en una época en la que ese término ni existía. Tanto que la copiaron hasta para las tiendas de turistas. Por ello, y porque ha sido testigo en primera primera persona de lo que era Chueca, y lo es de lo que es hoy el barrio, hemos querido entrevistarla como un personaje Chueca en esta serie que hemos preparado en Shangay.com para celebrar por todo lo alto el Orgullo 2018.


Pilar, con Santi, que trabaja con ella en la tienda desde hace años.

SHANGAY ⇒ ¿El Tintero nació en Chueca por casualidad o fue algo premeditado?
PILAR FERNÁNDEZ ⇒ Fue casualidad. En 1996 yo venía de vivir en Buenos Aires, y cuando volví me di cuenta de que este barrio tenía mucho potencial, pinta de evolucionar muy bien, de convertirse un poco en zona moderna. Tenía ganas de montar este negocio y decidí hacerlo aquí.

SHANGAY ⇒ La camiseta del Metro de Chueca se convirtió en emblemática…
PILAR FERNÁNDEZ
⇒ Fue un diseño del primer año y tuvo muchísimo éxito. La hicimos varias temporadas, luego la dejamos porque surgieron muchas similares en Chueca.

SHANGAY ⇒ ¿Concibes un Tintero fuera de Chueca? 
PILAR FERNÁNDEZ ⇒ Sí, ya lo hubo, de hecho. Estaba en Conde Duque. Lo que ocurre es que El Tintero lleva tantos años aquí que ya forma parte del barrio.

SHANGAY ⇒ ¿Cuál es la filosofía de El Tintero?
PILAR FERNÁNDEZ
⇒ Creatividad; humor con cierta inteligencia, entre comillas; ironía pero, sobre todo, muy abierto a todo tipo de público, a todo tipo de gente.

SHANGAY ⇒ ¿Ha cambiado el público de Chueca en estos años, de 1996 a 2017?
PILAR FERNÁNDEZ
⇒ Yo creo que sí. Al principio, nuestro público era más gay… y más joven, y después fue ampliándose, como el barrio.

SHANGAY ⇒ ¿La evolución del público es entonces un reflejo de la evolución del barrio?
PILAR FERNÁNDEZ
⇒ Pues sí, gente joven, viajada, mucho turista, por supuesto gays, gente modernita, padres jóvenes, abuelos… ¡Es que ahora mismo hay de todo!

SHANGAY ⇒ ¿Los comienzos del año 96, con un barrio diferente a este de hoy día, fueron complicados?
PILAR FERNÁNDEZ
⇒ Al principio era un barrio, no te digo peligroso, pero tampoco era un barrio como ahora, que es un barrio caro. En los comienzos sí, era un poco más complicado.

SHANGAY ⇒ Tú, además de ser empresaria pionera de Chueca, eres vecina, también pionera. ¿Vivirías en otro barrio?
PILAR FERNÁNDEZ
⇒ He estado viviendo cinco años en Sevilla. ¿Que si viviría en otro barrio que no fuera Chueca? Pues sí, me iría a vivir a Miami, por ejemplo ahora –risas–. Es broma. Me encanta vivir aquí, la verdad. Haces mucha vida de barrio, conoces a los vecinos, a la gente de los perros…, me encuentro muy bien aquí.

SHANGAY ⇒ Dejémonos de eufemismos y terminología fina… Como tendera del barrio, ¿cómo definirías Chueca?
PILAR FERNÁNDEZ ⇒ 
¿Como tendera? [risas]. Pues un barrio muy agradable. La gente es educada, normalmente es agradable estar aquí en la tienda, los clientes no son de entrar, comprar e irse, sino que suelen quedarse un rato charlando… Está muy bien.

SHANGAY ⇒ ¿De qué color es la tinta que hay en El Tintero?
PILAR FERNÁNDEZ ⇒ 
De todos los colores, como los que hay en el barrio.

"La gente quería libros que le respondieran muchas preguntas sobre sexualidad"


Fachada de la librería madrileña Berkana, en la calle Hortaleza nº 62

Berkana lleva casi un cuarto de siglo en funcionamiento. La reconocida librería LGTB ha pasado por tres ubicaciones, todas ellas en el barrio de Chueca, y ahora se encuentra en la calle Hortaleza nº 62. Es la primera librería que abrió en España dirigida al colectivo. Una de sus dueñas y fundadoras, Mili Hernández, nos recibe para contarnos cómo empezó todo y cómo ve actualmente el barrio gay por excelencia de España, por no decir del mundo. Pionera en el sector cultural LGTB, junto a Mar de Griñó, esta mujer debe su vida a un negocio que hace unos meses vio peligrar su existencia, aunque con el apoyo de la ciudadanía todo sigue en marcha. La librería madrileña puede presumir, entre otras cosas, de encumbrar y definir a Chueca como barrio gay, pues tuvo los primeros mapas de los locales de ambiente de la zona.
Mili Hernández y su mujer y socia, Mar de Griñó, dentro de su librería


SHANGAY ⇒ ¿En qué año abrió Berkana?
MILI HERNÁNDEZ ⇒ La librería abrió en 1993. En aquel año lo único que había en la zona era bares, saunas y alguna discoteca, ese era el ocio dirigido al público gay.

SHANGAY ⇒ Fuiste pionera en el sector cultural dirigido al público LGTB…
MILI HERNÁNDEZ ⇒ Berkana fue el primer negocio ‘de día’ que se abrió en esta zona, y trajo una cosa que los demás negocios no habían hecho: una visibilidad de día. Todo el mundo sabía que en el barrio había bares gays, pero esos locales se frecuentaban por la noche; por ejemplo, en el Black & White había que tocar un timbre para entrar. El único café que había durante el día, pero que no se anunciaba como sitio gay, era el Café Figueroa.

SHANGAY ⇒ Servisteis de guía y referencia para muchas personas que visitaban el barrio por su orientación sexual…
MILI HERNÁNDEZ ⇒ Por aquel entonces no había guías de la zona, el barrio no era conocido como barrio gay, aunque todo el mundo sabía lo que había por aquí. Berkana era un negocio completamente abierto y visible, sin ningún problema para mostrar lo que ofrecíamos.

SHANGAY ⇒ ¿Recuerdas algún problema en los comienzos de la librería?
MILI HERNÁNDEZ ⇒ No vivimos ninguna situación complicada con nadie, pero sí que es cierto que tuvimos dos problemas: no teníamos libros y tampoco lectores. Los libros para este público no existían en España, y muchos gays y lesbianas estaban en el armario… Esos fueron los problemas más gordos.

SHANGAY ⇒ Además de pionera en Chueca, ¿también lo fuiste en toda España?
MILI HERNÁNDEZ ⇒ Exacto, la primera en toda España. Plantamos la librería, había muy poquitos libros y nos preguntamos: “Ahora a ver cómo vienen los clientes”. Poco a poco se fue trabajando. La apertura salió mucho en prensa y eso nos ayudó bastante. A la prensa le sorprendió, era la primera vez que un negocio ‘de día’ para la comunidad gay les invitaba a una inauguración. La prensa vino y su cobertura nos dio un empujón que nos vino muy bien.

SHANGAY ⇒ ¿Tiene algún significado la palabra Berkana?
MILI HERNÁNDEZ ⇒ Berkana es el nombre de una runa [inscripción en lengua germánica del siglo III] que significa renacimiento, crecimiento y fertilidad.

SHANGAY ⇒ ¿Ha cambiado vuestro público en estos 24 años de trabajo?
MILI HERNÁNDEZ ⇒ Hay muchos clientes que han crecido con nosotros. Conocemos a algunos que entraron aquí con 18 años y ahora tienen más de 40. Ese público sabe perfectamente lo que significamos, y nos lo ha agradecido en la última campaña que hemos hecho para salvar la librería, porque estábamos muy mal. Esa gente es la que se ha volcado, la que vino aquí con mucho miedo buscando este tipo de libros para intentar entender su situación personal… El año 1993 no era 2017.


Mili Hernández dentro de la librería Berkana


SHANGAY ⇒ Fuisteis de gran ayuda para muchas personas…
MILI HERNÁNDEZ ⇒ La gente venía aquí, en muchas ocasiones, por necesidad… Necesitaba referentes, quería libros que le respondieran muchas preguntas sobre su sexualidad.

SHANGAY ⇒ A la hora de abrir, ¿tenías algún modelo de librería en la cabeza?
MILI HERNÁNDEZ ⇒ Emigré en 1980 a Londres, y nada más llegar fui a visitar Gay’s The Word, la primera librería gay que se abrió en Londres, y que todavía sigue existiendo. Después fui a Nueva York y, al igual que en Londres, lo primero que hice fue visitar Oscar Wilde Bookshop. Esos dos negocios me salvaron la vida, encontré las respuestas que necesitaba para deconstruirme como mujer heterosexual, porque recibí una educación heterosexista. Me construí como mujer lesbiana y aprendí a amar a las mujeres. Esas librerías me salvaron la vida por partida doble, y Berkana es un homenaje a eso.

SHANGAY ⇒ ¿Cómo fue tu vuelta a España?
MILI HERNÁNDEZ ⇒ Cuando regresé, para mí era muy sintomático que no existiera ningún lugar para orientar a las personas LGTB. Me dije que esto no podía ser así y que no podíamos volver otra vez al armario, no quería volver a sentir lo que había sentido años atrás. Y me impliqué mucho con el movimiento gay.

SHANGAY ⇒ ¿Ayudasteis a que Chueca fuera conocido como barrio gay?
MILI HERNÁNDEZ ⇒ A partir de nuestra apertura y visibilidad a la comunidad, aparecieron más cafés por la zona, lugares con grandes escaparates, shows de drag queens; todo eso se empezó a generar en torno a la librería. Cuando ya éramos unos poquitos y nosotros éramos un punto de información, decidimos hacer un mapa gay en el año 1995, y denominamos a Chueca como barrio gay; el primer mapa de Chueca lo hicimos aquí. La zona era frecuentada por personas homosexuales, pero nadie había ‘bautizado’ al barrio como tal.

SHANGAY ⇒ Tras muchos años en funcionamiento, hace poco habéis estado al borde del cierre. ¿La filosofía de la librería sigue siendo la misma?
MILI HERNÁNDEZ ⇒ Sigue siendo exactamente la misma. Es cierto que ya no hay tanta necesidad de referentes, ahora los podemos encontrar en muchísimos sitios. Los adolescentes ya no vienen con los mismos traumas que hace veintipico años.

SHANGAY ⇒ ¿Hay ahora más librerías LGTB en España?
MILI HERNÁNDEZ ⇒ Sí, en Barcelona y Madrid. Ya no somos la única, pero sí la primera.

SHANGAY ⇒ ¿Crees que se ha perdido ese espíritu reivindicativo que caracterizaba al Orgullo de Madrid hace años?
MILI HERNÁNDEZ ⇒ Era lógico que el Orgullo cambiara, pero nos hemos pasado. Creo que le damos más importancia a lo lúdico-festivo que a la reivindicación. Se podrían combinar perfectamente ambas cosas; habría que tener unos colectivos fuertes, pero el empresariado es el que más dirige. Creo firmemente en la fortaleza de los grupos sociales, con liderazgo y personalidad, que no olviden la importancia de seguir luchando.

"No cambio mi vida por nada"

Al margen de ser el barrio gay de Madrid y uno de los más cosmopolitas, Chueca es una de las zonas más castizas de la capital. Por ello, estas entrevistas con personajes que forman parte de su historia no tendría sentido sin hablar con una vecina del barrio de toda la vida. Visi, de 83 años, es historia viva de estas calles. Sus abuelos ya vivían en la plaza, y ella sigue en el mismo piso. “Pues sí, tengo 82 años, no tengo inconveniente en decir mi edad. Si no la digo, ¿a quién voy a engañar? A usted [le insisto en que me trate de tú] no le voy a engañar, porque le importa tres narices mi edad. Y no soy tan tonta como para engañarme…”, suelta con sorna cuando le preguntamos por el tiempo que lleva viviendo en el barrio en el que nació. “Cumplo 84 el 10 de noviembre: Escorpio del primer decanato, de los buenos”, nos suelta con su acento más chulesco-madrileño antes de empezar a contarnos cómo era la Plaza de Chueca y cómo la ve ahora.

SHANGAY ⇒ ¿Es usted vecina del barrio?
VISI ⇒ De Chueca, de toda la vida.

SHANGAY ⇒ ¿Dónde vive?
VISI
⇒ En la plaza de Chueca. En plena plaza, en un primer piso. Ahí nací, y ahí vivo.

SHANGAY ⇒ ¿Qué le parece el barrio?
VISI
 ⇒ A mí este barrio me parece maravilloso. Siempre ha sido un barrio muy bonito, bohemio, porque había gente de todas clases, y… ¡muy bien! Yo mi barrio no lo cambio por nada. Está ubicado en un sitio divino, en pleno centro; si quiero moverme, no necesito transporte.

SHANGAY ⇒ ¿Sus padres también vivían aquí? 
VISI ⇒ Sí, y mis abuelos. Tengo este piso heredado de mis abuelos.

SHANGAY ⇒ ¿Se lo han intentado comprar? 
VISI ⇒ Sí, mucha gente. ¡Pero no lo vendo! ¿Dónde quieres que me vaya?

SHANGAY ⇒ La plaza es un poco el emblema de Chueca. Y ha cambiado mucho cómo era y cómo es… 
VISI ⇒ ¿A qué te refieres? ¿A la época que tuvimos de la droga? Eso fue espantoso. Yo siempre he tenido perros y salía a las tres y cuatro de la mañana a bajar a mis perritos, que eran pequeños, chihuahuas, y era espantoso verlos ahí, tirados en la calle, drogándose, pinchándose, era muy desagradable… También debo decir que conmigo nunca se metieron. Quizás era porque me conocían por los perros y por ser vecina de la plaza. Es ese aspecto ha cambiado mucho la plaza: está muchísimo mejor.

SHANGAY ⇒ Que sea el barrio gay por excelencia de España, y uno de los más importantes del mundo…
VISI 
⇒ Pero, vamos a ver, esto no es que haya crecido por generación espontánea. Aquí ha habido siempre gays ‘a punta pala’. Y siempre lo hemos sabido, toda la vida, y convivíamos con ellos, ¿por qué no? ¿No somos todos iguales?

SHANGAY ⇒ Cuando llega el Orgullo, ¿usted es de las que protestan?
VISI
 ⇒ Yo sí que me he ido. Sí. Ahora está mejor, el año pasado la plaza estaba ya más tranquila. Ten en cuenta que vivo en un primero. Pero vamos, yo me iba de vacaciones, las adelantaba, y me iba.

SHANGAY ⇒ ¿Sigue haciendo usted vida de barrio?
VISI
 ⇒ Sigo haciendo la vida de siempre, y además, me encanta.


Visi posa para shangay.com con Nuria y Carmen, las dueñas de La Panadería de Chueca, donde desayuna todos los días.

SHANGAY ⇒ ¿Viene a desayunar usted todos los días aquí, a La Panadería de Chueca, donde le hacemos esta entrevista?
VISI
 ⇒ Todos los días a desayunar, y algunas tardes a tomar café. Dependiendo de cómo me encuentre de ánimo. Aquí antes había una peluquería, al lado, en esa tienda de modas, había una cuchillería. Resulta que la mujer del peluquero era matrona, y fue la que atendió a mi madre. Luego en este local hubo más cosas, tuvo la tienda un tiempo David Delfín. Pero mira por dónde, al cabo de los años, vengo a desayunar al sitio que tenía la persona que me trajo al mundo. Y vengo porque tengo una relación muy buena con las dueñas, Nuria y Carmen.

SHANGAY ⇒ Entonces, usted ha llegado a hacer amistades con los nuevos vecinos de Chueca…
VISI 
⇒ Síiiiiii [alarga la respuesta muy castiza]. Yo hago amistades con todo el mundo. ¿No ves que hablo mucho?

SHANGAY ⇒ ¿Es usted de las que se bajan a la plaza y se sientan en una silla al fresco?
VISI 
⇒ No, no, no… [como insistiendo]. Eso sí que no. Yo bajo y voy a algún sitio. Además, tengo dos balcones, y como vivo en un primero, puedo dar la mano desde el balcón a la gente. Prefiero ponerme en mi balcón.

SHANGAY ⇒ ¿Considera que han cambiado mucho los negocios?
VISI
 ⇒ Pues sí, y es algo que no me gusta demasiado. Ya teníamos nuestras tiendas de toda la vida, conocíamos a los dueños…, y a mí me gustaba.

SHANGAY ⇒ ¿Cómo definiría usted el barrio?
VISI
 ⇒ Es que este barrio de Chueca siempre ha sido muy movido, no solo ahora. Ha tenido siempre un encanto especial. En concreto, esta plaza, al ser tan pequeña, no era para que jugaran los niños, sino que era de gente mayor. Y como los teatros están tan cerca, pues venían los actores, pasaban por aquí… No sé cómo definirlo. Un barrio alegre, una plaza alegre.

SHANGAY ⇒ Usted, como gata, como madrileña de pro, dígame si le gusta cómo ha cambiado la ciudad.
VISI 
⇒ Bueno, eso daría para una entrevista… ¡de tres años! [contesta sarcástica sonriendo picarona]. Hay cosas que me gustan, y otras que no, evidentemente.

SHANGAY ⇒ Pero insiste en que no se ve viviendo fuera de Chueca…
VISI 
⇒ No, no… Seguro que no. Siempre y cuando esté en Madrid, no me veo fuera de mi barrio. En cuanto a trasladar mi residencia a otro sitio, como voy siendo bastante vieja, pues igual me lo tendría que pensar. Y eso que tengo una casa cómoda.

"En Chueca siempre te sentías integrado"

En 1996 vino por primera vez al Orgullo de Madrid. Le invitó su gran amiga La Prohibida, y en el 97, cuando Chaumen decidió instalarse en la capital, ya se subió a la primera carroza de Shangay. “Recuerdo que iban también Alaska, La Plástika… En aquella época era muy familiar, y se respiraba muchas ganas de hacer cosas nuevas”. Él tenía también deseos de compartir su personal y atrevida visión de la alta costura, y en Madrid encontró el lugar perfecto, y las personas ideales, para hacerlo. Chueca fue el primer barrio que conoció, y lógicamente, tiene recuerdos asociados a él.

Él ha sido el diseñador de celebrities patrias como Malú, Mónica Naranjo o Marta Sánchez.

SHANGAY ⇒ ¿Cómo recuerdas Chueca cuando llegaste?
CHAUMEN
⇒ Muy dragqueenesca [risas]. Estaba rodeado de La Prohibida, las Plutonia… En aquella época ya se veían muchos chicos que vestían diferente, mucha drag. Hasta que llegó la obsesión por el músculo unos años después, que se lo cargó un poco todo, porque muchos hombres no necesitaban arreglarse para ligar, al contrario, querían ir con cuanta menos ropa mejor…

SHANGAY ⇒ ¿Cómo has visto la evolución del barrio?
CHAUMEN
⇒ Lo veo un poco de capa caída comparado con lo que vivimos hace veinte años; le falta una variedad de ambientes que antes sí veía. Creo que necesita más actividades culturales y artísticas dentro del ámbito gay. Porque es algo que no solo ha pasado en Chueca, también lo he visto en Valencia o en Ibiza. A Chueca antes iba todos los días, a visitar a amigos, a pasear al perro… Me encantaba esa sensación de comunidad que teníamos, te sentías integrado. Es algo que en Madrid siempre he sentido, en cualquier barrio.

SHANGAY ⇒ ¿Ya vestías a La Prohibida entonces?
CHAUMEN
⇒ En aquella época empecé a hacerle cosas, sí. No era la primera travesti a la que vestía, en Valencia ya había diseñado cosas para algunas. A La Prohibida la conocí en Ibiza, y en cuanto la vi me dije “tiene madera, quiero vestirla”. Porque no era la típica drag queen de la época, la veía travesti, que para muchas entonces decir eso era un insulto; para ella y para mí no, obviamente… Me encanta seguir vistiéndola, e ir cambiándole la imagen, aunque me cuesta [risas].

SHANGAY ⇒ ¿Buscaste también a las cantantes con las que has ido trabajando?
CHAUMEN
⇒ No, han venido a mí siempre. Marta Sánchez contactó por primera vez en 1988 a través de una amiga común, Cristina Tárrega. Me compró diseños de mi colección y después ya trabajamos juntos en el vídeo de Con solo una mirada. Mónica [Naranjo] me vio por primera vez en un programa de televisión, y de nuevo una amiga común nos puso en contacto. A Ana Torroja, que vestí en dos giras, le pasó mi contacto Marta. Y Malú, a quien le hice el vestuario de su última gira, me descubrió a través de Ana…

SHANGAY ⇒ ¿Te ha faltado alguna diva?
CHAUMEN
⇒ Me habría gustado vestir a Alaska, que me encanta. Y mira que lo he intentado, pero no ha habido forma [risas].


Chaumen con Mónica Naranjo

 

SHANGAY ⇒ ¿Qué se siente al haber vestido a esas grandes estrellas del pop nacional?
CHAUMEN
⇒ El orgullo de haber podido hacerles diseños que una persona de la calle no se pondría. Pero nunca he presumido de haber vestido a artistas así, a todas las personas a las que visto las veo iguales. Hombre, cuando las he visto en televisión o en conciertos me he sentido muy satisfecho, pero es algo que siempre he llevado con mucha naturalidad. Ten en cuenta que a Mónica [Naranjo], por ejemplo, la conocí antes de ser famosa, y también he vestido a otras que no llegaron a serlo, como Folclóricas Arrepentidas. Yo lo único que he querido siempre es hacer bien mi trabajo.

SHANGAY ⇒ El boom de Mónica Naranjo se asocia mucho a tus looks…
CHAUMEN
⇒ Es que todo lo que llevaba era mío, hasta los biquinis [risas]. La estuve vistiendo quince años. Lo último que hice con ella fue una portada para Shangay, precisamente. Con Mónica tuve mucha libertad creativa, nunca tuvimos ningún problema. Además, siempre me decía que con mi ropa se sentía muy segura en el escenario, y eso es muy importante para una artista, porque lo transmite.

SHANGAY ⇒ La Prohibida es, además de amiga, una de tus musas. ¿Cómo estás viviendo su éxito actual?
CHAUMEN
⇒ Es algo de lo que no soy tan consciente. Ella viene, se hace ropa, nos vamos de viaje… Todo igual que hace cinco años. Bueno, tengo más libertad para decirle cosas y aconsejarle. Su éxito lo he percibido en mis ventas, eso sí. Y se lo merece, porque trabaja mucho aunque, aun así, creo que está desaprovechada a nivel popular, porque en el indie sí se lo ha comido todo. Siempre le digo que debería hacer un programa infantil, porque tiene don para los niños, que la ven como una muñeca gigante [risas]. Y serviría también para que mucha gente adulta se quitara el prejuicio de si es travesti, que es algo que un niño ni se plantea. 


Con Esperanza Roy, Marta Sánchez y Javier Gurruchaga

 

SHANGAY ⇒ ¿Te ha inspirado siempre más la mujer que el hombre a la hora de crear?
CHAUMEN
⇒ No, pero es que la mujer ha sido siempre más atrevida. Aunque el hombre ha evolucionado mucho, aún le cuesta quitarse algunos prejuicios. También he vestido a artistas masculinos, de los Mojinos Escozíos a Chimo Bayo. Me gusta hacerlo, porque hay más espacio para innovar. Pero hay menos recursos para él; por eso creo que muchos se visten de mujer [risas]. Yo me he puesto siempre lo que me ha dado la gana, hasta minifaldas de 18 cm, nunca me he cortado. Pero si no hubiese tenido la oportunidad de hacerlo, a lo mejor me habría puesto cosas de mujer.

SHANGAY ⇒ ¿Diseñas más ropa masculina ahora?
CHAUMEN
⇒ Llevo unos años que hago mucho vestido para chicos, también para heterosexuales. Porque hoy día, el heterosexual está muy amariconado… [risas]. En el mundo gay veo todavía mucho prejuicio, y mucha discriminación, incluso entre nosotros. Al menos, así lo he sufrido yo, y es una pena. ¿Por qué no aceptas a un chico con pluma, por ejemplo? Es una cuestión de educación, y aún tiene que pasar un tiempo para que se supere. En ese sentido, creo que muchos jovencitos heterosexuales nos están dando una lección, porque son más naturales y no tienen esas nociones de masculinidad que en el mundo gay están haciendo tanto daño. Ya hay muchos niveles de gris entre hombre y mujer, y eso me parece ideal.


Con La Prohibida, muchos años atrás

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