19/05/2019

Eloy de la Iglesia, el cineasta gay que nos descubrió el deseo

27 julio, 2018
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Doce años después de su muerte, una exposición fotográfica recupera en imágenes la poderosa cinematografía de Eloy de la Iglesia, el primer director patrio abiertamente homosexual. Su ‘ideador’ y comisario, el fotógrafo Pedro Usabiaga, nos habla sobre las claves, temas y morbos del hombre que abrió definitivamente los ojos del por aquel entonces ingenuo público español.

Collage ‘La sexualidad’ de Quentin Valois

Confiesa Usabiaga, fotógrafo que ha trabajado desde la foto-fija de películas a prodigiosos desnudos masculinos, una de sus especialidades, que la primera película que vio de Eloy de la Iglesia fue Juego de amor prohibido (1975). “Tenía apenas 15 años, el año de la muerte de Franco, y me dejó profundamente perturbado. Esa historia de una pareja de adolescentes guapísimos, Inma de Santis y John Mulder-Brown, dos alumnos que quieren escaparse y los secuestra su propio profesor universitario, sometiéndolos a un juego turbio junto a otro alumno que tiene como protegido… me trastocó. Una película además tan cortada por la censura y con todos sus diálogos alterados en el doblaje, porque sus connotaciones gays eran enormes, que es difícil saber hoy cuáles eran las intenciones reales de Eloy de la Iglesia. Lógicamente, tras esa película, esperaba pacientemente a que se estrenara otra del mismo director”.

Simón Andreu y Ángel Pardo en ‘Juegos de amor prohibido’

Fue esta condición de fan absoluto, sumada a cierto convencimiento de que el cine de Eloy de la Iglesia siempre se haya al borde de un olvido manifiesto, el que le impulsó a proponer “una expo inédita sobre su obra, desvinculada de los homenajes que se le hicieron en 1996, por iniciativa de Diego Galán, y que le permitieron volver al cine al final de su vida”. Finalmente, tras tres años de investigación y búsqueda de imágenes en archivos de instituciones públicas y coleccionistas privados, la ha logrado levantar.

Eloy de la Iglesia. Oscuro objeto de deseo, que recoge unas 200 instantáneas sobre el director, desde foto-fija de sus películas y rodajes hasta imágenes de su vida personal, entreveradas con otros materiales como carteles e incluso piezas de artistas actuales que hacen referencia al cine del autor. “Fue acusado siempre de oportunista, de director poco serio, que acababa sus películas a brochazos, y desde luego fue una figura molesta. Él decía que lo tenía todo: homosexual, comunista con carnet del partido, drogadicto… También decía que hacía un cine muy antisistema porque él mismo lo era. Por eso resultaba incómodo. Siempre: durante el franquismo, durante la Transición, en el periodo socialista y cuando llegó el PP. Era incómodo para todos. Eso explica buena parte de su intento de olvido. Para mí, sus películas siempre tenían un ambiente, una atmósfera, que no he encontrado en otro cineasta; y también contaba todo lo que yo quería ver en el cine de aquel momento, habida cuenta de nuestra falta total de referentes libres”, subraya.

Pedro Mari Sánchez en ‘Otra vuelta de tuerca’

Eloy de la Iglesia comenzó una prometedora carrera como guionista y realizador de televisión. Con apenas 20 años ya era un profesional conocido. Intentó ingresar en la Escuela Oficial de Cine y le denegaron la admisión porque no alcanzaba la edad establecida. Fue a París y estudió allí, en el IDHEC. Volvió y comenzó a rodar películas, primero infantiles o por encargo, hasta que introdujo sus temas: provocadores, turbios, violentos y cargados de sexualidad. Tras Algo amargo en la boca (1969), que casi acaba con su carrera por la intervención de la censura, tuvo su primer éxito cambiando la imagen de la mismísima Carmen Sevilla en El techo de cristal (1971), “que se mantuvo un año entero en cines de Madrid. Una película que incluía escenas de altas connotaciones lésbicas, que tuvo que cortar”, recuerda Usabiaga.

Gran parte de su carrera posterior, constantemente provocadora, se basó en su éxito comercial. Eso le permitía seguir rodando, muy por encima del resto de directores vascos coetáneos, tipo Eceiza, Zulueta, Erice o Uribe, hoy mucho más reconocidos por la crítica. “Eloy tenía mucho en común con Iván Zulueta. Arrebato era de sus películas españolas favoritas. Él tenía reticencias a que lo pusieran en el contexto de los ‘directores vascos’, y desde luego existía una acritud respecto a Imanol Uribe: porque Uribe pudo rodar La muerte de Mikel y a él el Gobierno vasco nunca le permitió rodar un increíble proyecto, Galopa y corta el viento: la historia de amor de un guardia civil y un abertzale, presentada antes y extrañamente demasiado parecida a la película de Uribe. Su Romeo y Julieta en masculino… Eloy era un director que tenía ese punto comercial del que carecían los demás, más intelectualizados, y que le permitió rodar más películas que ellos. Eso generó muchas envidias”.

Eusebio Poncela y Vicente Parra en ‘La semana del asesino’

Tras sorprender al español medio en plena Transición con títulos como La semana del asesino (1972) –un violento thriller donde el siempre armarizado Vicente Parra también efectuó su propio cambio de imagen, rozando elegantemente el tema de la homosexualidad, o abordándola directamente, como en Los placeres ocultos (1977)– tocó temas aún más escabrosos, como las dudas religiosas y la represión sexual en El sacerdote (1978), la zoofilia en La criatura (1977) o las relaciones de cierta clase política con la ultraderecha en El diputado (1978), que también trataba la homosexualidad de un diputado del Partido Comunista.

Eloy de la Iglesia hará una serie de películas hoy tremendamente reconocidas, puesto que conforman un género propio y español, el del cine quinqui, sobre la violencia y delincuencia juvenil de la época. Películas como Navajeros (1980), Colegas (1982) o El pico (1983) y El pico 2 (1984), en las que fue construyendo, paso a paso, una iconografía erótica masculina aún vigente, basada en la delincuencia y la prostitución.

Ovidi Montllor y José Luis Manzano en ‘El pico’

Del rostro aniñado de John Mulder-Brown a la ambigüedad de un joven Eusebio Poncela o un José Luis Alonso, terminó construyendo la tipología de chulo cada vez más peligroso con actores como Tony Isbert, Antonio Corencia, Antonio Flores, Javier García o su ya definitivo José Luis Manzano, al que convirtió en mito erótico y con el que tendría una extensa y tormentosa relación, que los llevaría a un descenso a los infiernos de la drogadicción. “Eloy siempre buscó buenos físicos y buenos protagonistas: gran parte de los mejores y más guapos intérpretes de la época trabajaron para él. Incluso estrellas como Patxi Andión o Vicente Parra. Pero esto ocurría también al otro lado: sus actrices están a la altura de sus hombres. Ana Belén, Charo López, Inma de Santis, Amparo Muñoz o incluso Carmen Sevilla. Creo que la belleza le importaba tanto como para rodearse de intérpretes guapos”, reconoce Usabiaga.

Eloy de la Iglesia

A las mujeres del cine de Eloy de la Iglesia va dedicada una de las piezas artísticas que el comisario ha buscado para que una nueva generación aborde la figura de Eloy de la Iglesia, su vigencia actual y la impronta que pueda haberles dejado. Las artistas Itziar Orbegozo y Tamara García muestran un videoarte conjunto donde “se perciben los colores, las texturas… te diría que hasta los olores de la feminidad tal y como la planteaba el director”, alega Usabiaga. No son los únicos: el cineasta francés Quentin Valois presenta varios collages que resumen temas del director, como el sexo y la violencia; el fotógrafo Jorge Fuembuena presenta una serie de foto-fijas realizadas durante el rodaje de Quinqui Stars (Juan Vicente Córdoba, 2018), un documental que compara a aquellos quinquis de su cine con los quinquis actuales y que está próximo a estrenarse en salas.

Este último es además hermano de Eduardo Fuembuena, autor de una excelente biografía de José Luis Manzano publicada el año pasado, Lejos de aquí (Uno Editorial). Por último, el francés Baptiste Pauthe ha realizado un inmenso grafiti que da la bienvenida a la exposición, retomando estéticas y discursos de las películas de Eloy. En palabras de Usabiaga, “estas colaboraciones refrescan la idea base de la expo. Y sirven para hacerle a Eloy un homenaje merecido. Estoy seguro de que, allá donde esté, si hubiera visto al grafitero francés con esos rizos, trabajando con el torso desnudo y manchado de pintura, lo hubiera cogido de protagonista de su próxima película…”.

Collage ‘La habitación negra’ de Quentin Valois

Eloy de la Iglesia. Oscuro objeto de deseo se puede visitar hasta el 4 de noviembre en la Sala Artegunea de Tabakalera (Pza. Cigarreras, 1 · San Sebastián). Más información en www.tabakalera.eu

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