23/07/2019

¿Por qué nos enamora la isla de La Palma? Quizás porque es auténtica (y maravillosa)

4 agosto, 2018
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No hay nada peor que llegar a un destino y tener la sensación de que resulta conocido. Es como tirar el dinero, algo que molesta, pero, sobre todo, tener la sensación de perder algo más preciado: tu tiempo de vacaciones. Esto nunca ocurre cuando se va a La Palma. Es auténtica, diferente a todo lo demás. Una isla maravillosa que enamora a todo aquel que la descubre. La mejor prueba de ello es que casi todos los que van, repiten.

Pero, ¿qué es lo que tiene La Palma que a todos enamora? Probablemente sea el hecho de que es completamente diferente a lo que uno se imagina. Pequeña y grande a la vez, de naturaleza salvaje y agreste pero cálida. Parecen contradicciones, pero no lo son. Estamos en un lugar en el que playa, relax, ocio y aventuras son actividades posibles a lo largo de todo el año.

Otra de las señas de identidad de la isla es la pasión que los palmeros sentimos por ella. Quien nace en La Palma tiene como ‘un veneno’ dentro que nos hace volver una y otra vez, aunque llevemos años fuera. Va en nuestro ADN, es nuestra bandera, como la bandera LGTBI que ondeó este año, por primera vez, en la fachada del Cabildo Insular desde finales de mayo hasta el mes de julio.

Es increíble como, con poco más de 708 kilómetros cuadrados de superficie, puede resultar tan grande. No solo porque los trayectos pueden resultar largos debido a su orografía, sino porque en una mañana, uno puede pasar de ver los volcanes más espectaculares (en la zona de Fuencaliente) a un bosque de helechos de la era terciaria que te hace pensar que estás en una película de Parque Jurásico.

Y esto es tal cual se cuenta: subir a la zona de Los Tilos o El Cubo de La Galga, hacer una excursión a Los Nacientes de Marcos y Cordero, donde el agua brota, literalmente, de las rocas, parece que es imposible a menos de dos horas de distancia del que ha sido el último volcán en erupción de España, el Teneguía. Pasar de la lava caliente al verdor más exuberante es solo una de las maravillosas contradicciones que tiene La Palma. Una más de las que hace que esta isla sea única.

Tanto la zona de Los Tilos como la de El Cubo de La Galga tienen esta vegetación espectacular, con especies de la Era Terciaria. [Foto: visitlapalma.es]

Pero empecemos por el principio. Si algo tiene esta isla canaria es historia. Y muy rica e interesante. Prácticamente desde la llegada en 1493 de Alonso Fernández de Lugo a las costas palmeras [fue la última isla canaria en ser conquistada, un año después del descubrimiento de América], se convirtió en puente cultural entre Europa y América. Por ello, desde ese mismo momento, franceses, genoveses, flamencos o portugueses convivieron con los españoles en unas tierras que fueron un rico crisol de culturas. Como lo siguen siendo en la actualidad, porque nadie le pregunta a nadie de dónde viene.

Este detalle no es insignificante. Gracias a esta rica historia, La Palma es hoy lo que es. Pocos lugares pueden presumir de tener un patrimonio cultural tan interesante como esta pequeña isla atlántica. Su capital, Santa Cruz de La Palma, alberga algunos de los edificios más interesantes de las islas, como su imponente Ayuntamiento, para muchos el mejor ejemplo de arquitectura renacentista del archipiélago.

Garafía, en el norte, tiene una costa realmente espectacular. [Foto: www.visitlapalma.es]

Y no solo la capital. La otra población importante, Los Llanos de Aridane, tiene un centro histórico con una belleza espectacular a medio camino entre la América colonial y la arquitectura tradicional canaria, con las lógicas influencias españolas desde los años de la conquista. Muchos de sus pueblos, por pequeños que sean, esconden un patrimonio artístico que cuando uno lo descubre se sorprende hasta exclamar el típico «¡pero qué hace esto aquí!». Poner en práctica el verbo ‘descubrir’ en cada uno de los pasos que se dan allí es otro de esos ‘pequeños detalles’ que hacen de la isla un lugar absolutamente auténtico.

Desde hace unos años, Los Llanos de Aridane tiene un interesantísimo museo en sus calles, y en los laterales de muchos de sus edificios cuelgan espectaculares cuadros como este. [Fotos: www.visitlapalma.es]

Luego está, claro, como ya hemos apuntado, su desbordante naturaleza. La Palma es un festín para los cinco sentidos. Vista, oído, olfato, tacto y gusto se ven colmados en cualquier paseo por La Caldera de Taburiente, El Roque de Los Muchachos, la Ruta de los Volcanes, cualquiera de sus fascinantes playas, montañas, rutas para hacer en bicicleta o el simple hecho de ‘cruzar la cumbre’ que divide la isla en dos microclimas con sus correspondientes tipos de vegetación. El túnel del tiempo [así es como se le llama] que une los dos lados, con el espectacular mar de nubes que a veces se produce por la condensación de la humedad atlántica de los vientos alisios al chocar con la cresta de la montaña [una de las imágenes más características de la isla] suele dejar impactado a los que lo cruzan por primera vez. En muchas ocasiones pasar de un tiempo nublado o lluvioso a un sol radiante es cuestión de dos minutos.

Impresionante vista del Puerto de Talavera, con el Faro de Barlovento al fondo. [foto: www.visitlapalma.es]

Punto y aparte, sobre todo para el sentido del gusto, está la rica gastronomía que va más allá de los famosos mojos palmeros (rojo, verde o de queso) y las míticas papas arrugadas. Pescados, carnes, vegetales, frutas…, todo materia prima local de primera calidad. La gastronomía palmera ha dado un paso de gigante en los últimos años. Y, como punto especial, su queso, con denominación de origen protegida, y los postres. Esos postres que vienen de una riquísima colección de recetas familiares, también con una larga historia, que justifican la hospitalidad y dulzura que se palpa en las calles. Porque esa es otra característica de esta preciosa isla canaria: que acoge. Tanto que llega a atrapar. Con todo esto, ¿cabe alguna duda de que viajar a La Palma es una experiencia única?

Típica construcción de campo, conocida allí como ‘pajero’, en la zona de Mazo. [Foto: www.visitlapalma.es]

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