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Relatos gays de fin de semana: ‘Desnudar Madrid’

7 octubre, 2018
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Él desnudaba Madrid a su paso. De Móstoles a Alcobendas, de Las Rozas a Vicálvaro, no había camisa, tejano o slip que no saliese por los aires al paso de sus andares.

Con un guiño de un ojo hacía volar por los aires las camisas, con un chasquido abría los botones de los pantalones. Era la envidia de los hombres, la envidia de las mujeres. No había hombre guapo que ante él no se quitara la ropa. Muchos lo hacían en señal de reverencia, otros como reclamo.

“Soy tuyo”, decía los unos. “Soy tuyo”, decían los otros. Muchos posaban para él, otros simplemente se desnudaban mostrando su mejor pose. Él solo guiñaba un ojo, miraba a través del objetivo y sonreía levemente.

Yo he visto a hombres apuestos desnudarse en plena calle solo para que él los fotografiase, y he visto a padres de familia quitarse la ropa a destajo mientras cubrían los ojos de sus hijos con una mano.

Cualquier cosa con tal de ser el objetivo, cualquier cosa por dejarse inmortalizar por él. Una noche, en una discoteca de Madrid, coincidí con él. Yo era el único del local que estaba vestido y ante su presencia –era como si un león te mirase con los ojos más bellos y más temibles que jamás hubieses visto–, a punto estuve de llevarme la mano a la camiseta para darme un tirón de ella.

Él me detuvo con un solo gesto. Aquella noche acabamos en un bar a las tantas de la madrugada riéndonos a carcajadas.

De aquella noche algunas bocas dirán que hasta Neptuno y la diosa Cibeles se quitaron la ropa a su paso, pero nosotros, ajenos al mundo y a todo, conversamos quitándonos la palabra, entre cerveza y cerveza.

Ni siquiera nos importó que los camareros nos echasen del local, en pelota picada, en plena madrugada.

Fue un día en Madrid, una noche en la que solo el cielo quedó vestido de estrellas.

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