15/09/2019

La última charla LGTBI de ‘OT 2018’: “Lo peor era la soledad y el miedo rechazo”

31 octubre, 2018
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Operación Triunfo vuelve a ser un ejemplo para el resto de programas de televisión. Ayer, 30 de octubre, se coló el testimonio de Rubén, un chico de Toledo, en la última charla LGTBI dentro de la academia. El acoso fue el tema en torno al cual giró el testimonio.

Esta edición del concurso está siguiendo los pasos de la anterior en materia LGTBI. La visibilidad, la normalización y la tolerancia son buques insignia de este programa, y ayer se hizo gala de ello. La carta en el Día Mundial de la Bisexualidad o el revuelo por el término mariconez son claros ejemplos.

En esa carta, Rubén recordaba lo que sentía cuando se sentaba en un banco en frente de su colegio. «Recuerdo cómo hacía ejercicios para quitarme los gestos afeminados e inadecuados». Así comenzaba el duro relato del toledano.

«Era pura supervivencia. Las burlas, las carcajadas y el aislamiento iban a más», continuaba Rubén. Con estas palabras relata el bullying que sufrió durante sus años de colegio. Paradas, empujones y bofetadas eran parte de su rutina.

Como suele pasar en estos casos, «el dolor físico no era lo más doloroso», continuaba. La vergüenza, la inseguridad, el aislamiento y el propio dolor psicológico siempre es lo más duro. «Recuerdo que un día, un chico cogió un cigarro del suelo y me lo apagó en la mejilla. Sin embargo, mi preocupación no era ese dolor, sino cómo iba a explicar en casa esa quemadura», sentenciaba Rubén.

Sin lugar a duda, son unas palabras muy duras. Si alguno de los causantes de estos hechos le ha escuchado, se le debería caer la cara de vergüenza (como se dice coloquialmente). «Lo peor era la soledad, el miedo constante al rechazo».

Lo peor de todo es que en estos casos no solo hay una persona que acosa. También hay gente alrededor que no denuncia. Que no censura. Profesores que deciden pasar por alto estos hechos. ¿Qué ocurre si no se paran en seco desde el principio estos comportamientos? Que convierten la adolescencia de las víctimas en un infierno, como le ocurrió a Rubén.

¿Y si nuestros políticos se ponen de acuerdo para presentar una ley que preserve y garantice de verdad la integridad de las personas? Basta ya de que cualquier persona tenga que soportar estas situaciones simplemente por vivir.

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Shangay

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