19/06/2019

Crónica de una fantasía: Mariah Carey se convirtió, literalmente, en la Navidad en Madrid

18 diciembre, 2018

Solo Mariah Carey se puede permitir un show como el que presentó anoche en el WiZink Center de Madrid sin que su reputación salga dañada. Porque a estas alturas se lo puede permitir todo.

¿Quién mejor que ella para dar el pistoletazo de salida a la fiestas navideñas? ¿Acaso hay otra artista en la actualidad que encarne, literalmente, la Navidad? No necesita ella ir de innovadora por la vida, aunque es consciente de que lo ha sido, porque en las últimas dos décadas ha encarnado una fórmula del r’n’b, fusionado con hip-hop, que ha abierto las puertas a infinidad de artistas que hoy día arrasan siguiendo sus pautas –léase Ariana Grande, por ejemplo–.

Amante de la tradición navideña más clásica –o rancia, si se quiere–, la Carey está muy presente en nuestras vidas todos los años por estas fechas gracias a su clásico –que en 2019 cumple 25 años– All I Want For Christmas Is You. Y dieciocho años después de su último concierto en la capital, anoche trajo su espectáculo navideño, ese que pasea por el mundo todos los diciembres, sin apenas variaciones, con sus fluctuaciones de peso y voz, pero siempre con la misma –aparente– ilusión.

Idéntica ilusión que la del público asistente, con un 80%, así a bote pronto, gay. En la fiesta VIP previa al concierto, al alcance solamente de aproximadamente 40 fans dispuestos a pagar varios cientos de euros por un ágape y la posterior foto con la diva, los nervios eran palpables. A pesar de que todos se sabían perfectamente el repertorio, los cambios de vestuario… Lo de Mariah Carey anoche en Madrid tenía más de ceremonia religiosa, de muestra de adoración máxima, que de concierto pop al uso.

Con casi media de hora de retraso, apareció la Carey, hecha un árbol de Navidad, tal cual, en vuelta en angelicales tules y leds. Más real ella como árbol que el de pega –en realidad, era medio árbol, puro decorado de Las Vegas– que aparecía tras ella –Mariah cuida el medio ambiente y pasa de cortar abetos en cada ciudad que visita, bien–. Entonó –y cómo– Hark! The Herald Angel Sing y el WiZink entró en éxtasis colectivo. Esas manitas que mueve como nadie al son de su voz, esos dedos que se acercan a su oído cuando se concentra para sus míticos agudos (pregrabados o no, nunca lo sabremos, ni importa en un show en el que reina, deliberadamente lo artificial…).

Entre villancico y villancico, entre cambios de vestuario y entre los distintos momentos para su lucimiento vocal, desplegó sus maneras de diva cómica, que tanto gustan y que tan bien se le dan. Porque para eso no hay otra como la Carey. Que obliga a salir a su maquillador y a su peluquero para que la dejen perfecta una vez se quita su capucha de Mamá Noel sexy, que necesita a su novio Bryan Tanaka para que la ayude a subir dos escalones que, literalmente, le cuesta la vida ascender, que también exige a este que le saque un enorme ramo de flores antes del bis, que recoge como sorprendida…

Hubo algún momento en que el guion se le fue de las manos. Como cuando le avisaron por el pinganillo que sus hijos no saldrían en el momento en que estaba previsto, como han hecho durante toda la gira, porque se habían quedado dormidos (era el último show de esta gira, los debía tener agotados de tanto ir y venir). Pues en Madrid nos quedamos sin ese momentazo ‘pantojil’, qué le vamos a hacer.

Pero entre tanto duende, regalos de pega, un Papá Noel que no había quien se lo creyera y demás clichés navideños elevados a la máxima potencia kitsch, hubo grandes momentos musicales. Los que los fans, temerosos de que su próxima gira mundial para presentar su excelente último disco Caution, no pase por España en 2019, necesitaban para irse tranquilos.

De entre los números navideños, brilló cuando rescató su dúo junto a John Legend When Christmas Comes –sin él, claro, aunque con un impecable grupo de bailarines masculinos–. Y es que cuando Mariah se zambulle en el soul clásico, ¡uf, qué tía! Y como era su último concierto antes de irse a Aspen y olvidarse del mundo para concentrarse en los renos y los niños, se permitió una parte dedicada a algunos de sus clásicos aptos par todos los públicos y un gran regalo, The Distance, de su último disco. Porque cuando sonó, en versión instrumental, GTFO mientras presentaba a su banda casi nos da algo. Llega a decir “get the fuck out” en pleno concierto navideño y a más de unx le da un soponcio, seguro.

Pues bien, cantó Emotions –aunque en esta no le apeteció forzar la voz, por si acaso–, We Belong Together y Hero, y nos dejó felices de verdad. Y así, entre el almíbar, el cachondeo, el exceso y, sí, su música, los ochenta minutos de show se pasaron como un suspiro. Con ese epílogo, no por esperado menos celebrado, de All I Want For Christmas Is You. Durante tres eufóricos minutos, realmente nos transportó a un universo de fantasía, y ojo, que eso no es tan fácil.

Eso sí, terminado el show, ella corriendo a hacerse fotos con los fans que habían pagado un pastón por ello. Que la Navidad es una época de hacer caja y a ella, que además de compositora, productora e intérprete, es una mujer de negocios, eso no se le escapa, y no va a renunciar a esa faceta de sus fiestas preferidas. Y ahora que está en plena forma, menos.

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Shangay

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