22/09/2019

Shawn Mendes y unos pocos centímetros de más… o de menos

11 marzo, 2019
Léetelo en 3 minutos

El grave desconocimiento de la anatomía a humana al que nos enfrentamos, a raíz de la polémica generada por una campaña protagonizada por la estrella pop Shawn Mendes, empieza a parecer altamente preocupante. Así en general, sí, pero sobre todo cuando la cosa –perdón– llega a los asuntos de la entrepierna.

Me explico. Hace pocas semanas la marca Calvin Klein decidía lanzarse en cuerpo y calzoncillos a la conquista del mercado millennial y optaba por llamar a algunos de los rostros más populares del momento para protagonizar su campaña. Una fórmula manida pero que acaba siendo resultona.

Dicho y hecho. El cantante Shawn Mendes se convertía en el estandarte de esta nueva etapa y las redes –ese concepto– enloquecían. Claro que no solo de la forma que uno podía haber imaginado. La realidad siempre importunando. Incluso cuando parece que todo funciona como toca.

En cosa de minutos, voces críticas empezaron a florecer entre los tuits de lujuria. Lamentos que mitigaban el ardiente furor por ver a una estrella en paños menores y volvían a evidenciar la enorme crisis que nosotros mismos nos hemos fabricado. ¿El motivo? Shawn no lucía un paquete lo suficientemente abultado para los estándares de Instagram. ¡Acabáramos!

ilustración: Iván Soldo

Lejos de ofrecernos una entrepierna reventona, exultante y visiblemente desafiante, se atrevía a ponerse delante de las cámaras con una vulgar planicie desértica. Una decepcionante estepa por la que uno podría pasearse sin despertar deseo alguno. Y así, ejem, no hay nada que hacer. Ni siquiera en Hollywood.

Rápidamente, las burlas poblaron los perfiles de medio mundo. Linchamientos vergonzosos de los que, imagino, Mendes se mantuvo ajeno, pero que volvieron a poner el foco en la insoportable estupidez humana. ¿De verdad hemos llegado a este punto?

Tratar de explicar a hombres adultos el funcionamiento de sus propios genitales como si nunca hubiesen reparado en ellos parece una tarea tan sencilla como tediosa. Las distintas fases de la erección, la variabilidad de los tamaños y las leyes de la física aplicadas al cuerpo humano son asuntos que, con tiempo y manos, deberían haber ya asumido. Y si no es así, ¿qué podemos hacer para remediarlo? ¿Adentrarnos en sus estrechas cabezas? ¿Dejar que sigan creyendo que lo que ven a diario en Instagram se parece, remotamente, al mundo real?

«Llenamos la pantalla de corazones mientras nos convencemos de que todo lo que guarda un diminuto slip no es más que un regalo de la naturaleza»

La red social de los stories se nos ha poblado de bulges a punto de caramelo sin que nos hayamos dado casi ni cuenta. Protuberancias de proporciones elefantiásicas que no son más que una obra de ingeniería visual y técnica. Y ahí seguimos, deslizando con fruición la pantalla como si nadie se hubiese percatado de la farsa. Como si comprarla nos hiciese algún bien.

La sobreexposición a la que nos hemos sometido se ha convertido en el vehículo perfecto para magnificar el sentimiento de exclusión. Ya no hace falta ni salir a la calle para terminar marginado. Podemos lograrlo desde nuestro propio sofá. ¡Todo son comodidades!

No solo hemos asumido los estándares que se nos han impuesto con gracia y alegría, sino que hemos ido moldeándolos hasta transformarlos en una grotesca caricatura. Y, encima, ¡nos encanta! Llenamos la pantalla de corazones mientras nos convencemos de que todo lo que guarda ese diminuto slip no es más que un regalo de la naturaleza.

Una ansiada bendición que abofetea nuestra autoestima y con la que, claro, no podemos competir. Y mientras, el pobre Shawn Mendes pecando de pura ingenuidad. ¿No podía haber pedido un poco de photoshop? ¡Ni que fuese un clásico calcetín! Total, todo el mundo lo hace, ¿qué puede salir mal?

José Confuso es articulista, columnista y autor de elhombreconfuso.com

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