20/10/2019

Santiago Abascal se intenta marcar un pinkwashing en la casa de Bertín Osborne

7 abril, 2019

Bertín Osborne abrió la puerta de Mi casa es la tuya a los líderes políticos de la derecha española. Pablo Casado (Partido Popular), Albert Rivera (Ciudadanos) y Santiago Abascal (Vox) compartieron charla y manjares con el intérprete de Como un vagabundo en plena campaña electoral. El presentador aseguró que había invitado también a Pedro Sánchez (PSOE) y Pablo Iglesias (Podemos), que declinaron asistir. Los tres se mostraron encantados de poder explicar los puntos más controvertidos de sus respectivos programas en un entorno amable, controlado y libre de espíritu crítico.

El más cómodo debía de ser el dirigente de Vox que, tras denegar su presencia en multitud de espacios televisivos menos afines, elegía el que conduce el gran caballero español de la ranchera para desnudar su figura política. Bonita forma de demostrar que a la extrema derecha se le da mejor ser polémica en sus mensajes de odio que ser valiente. Parece que al final Vox no va a estar tan lejos de esa “derechita cobarde” que tanto menciona Santiago en sus mítines.

Entre confesiones, risas y vinitos también hubo tiempo para tocar alguna de las polémicas que ha generado Vox en sus incendiarias intervenciones hasta la fecha. Oye, que luego no se diga que Santi y Bertín solo habían quedado para zamparse unos pimientos asados en televisión. Armas, violencia de género y, cómo no, LGTBIfobia formaron parte del insuficiente menú degustación de la noche. 

“¿Es Vox homófobo?”, arrancaba Bertín. “Sin ninguna duda, no. Lo que hay son muchos gays, muchos gays que no piensan como el lobby LGBT, sino que piensan como nosotros. Porque ¿cuál es la bandera de los gays españoles? Pues la de España. Es la tuya y es la mía. Pero en esto también hay propaganda: Vox es un partido contra los inmigrantes, contra las mujeres, contra los gays… ¡No, es falso!”, explicaba Abascal.

El político bilbaíno quiso dejar muy claro quién, además de los medios de comunicación, tiene la culpa de la mala fama de su partido.“Vox es un partido a favor de la libertad, de la libertad con la que quiere acabar la izquierda. Que no quiere que eduquemos a nuestros hijos como nos dé la gana, que no quiere que podamos hablar de historia, que no quiere que podamos disfrutar libremente del fruto de nuestro esfuerzo por los impuestos abusivos que hay para sostener un modelo como el de las autonomías. Todo lo demás es propaganda”.

También aprovechó que pasaba por Mi casa es la tuya para marcarse un pinkwashing en prime time. Así contaba el líder de Vox una anécdota con la que quiso revelarse como un indiscutible defensor de la causa LGTBI… “Y cuando digo esto, lo digo con convicción, ¿eh? No me hace falta decir ‘tengo un amigo gay’. La única vez que en mitad de una clase en el bachillerato he realizado una acción contundente ha sido por un ataque a los gays. Ataque terrible que dijo un compañero en una clase de tutoría. Dijo una barbaridad que no quiero reproducir sobre los gays. Estábamos silla con silla y me dio tal ataque de rabia que le levanté la silla y se cayó para atrás, estaba él echándose un poquito para atrás, le levanté la pata y se cayó para atrás. Nos levantamos los dos y tuvo que venir el tutor a separarnos… Pero da igual, frente a la propaganda se puede hacer poco”.

Bertín que, extasiado ante la pretendida verborrea LGTBIfriendly de su entrevistado, estaba ejerciendo de convidado de piedra, quiso meter el dedo en la llaga para conocer su postura sobre el matrimonio LGTBI. Fue entonces cuando a Santiago se le volvieron a caer los colores arcoíris del discurso. “Creo que tienen que deben poder tener la posibilidad de tener una unión civil, pero que esa unión civil no se llame matrimonio… El matrimonio es la unión entre un hombre y una mujer. Pero hay muchos gays que están de acuerdo con esto”.

Para poner el broche final a la romántica velada de ayer, solo faltó que Bertín hubiera despedido a su invitado cantándole aquello de «Buenas noches, señora, buenas noches, señora. Hasta la vista. Gracias por sus sonrisas, gracias por sus caricias. Hasta la vista». Ese sí que habría sido el momentazo que todos esperábamos.

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