20/06/2019

Un lobo con piel de arcoíris

6 junio, 2019
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Esta es la historia de una foto. De esas clásicas que los dirigentes políticos se sacan durante la carrera electoral. Como la del candidato que besa babosamente a un bebé sospechosamente tierno, o aquel que va de visita a un hospital para aparecer en las portadas de los periódicos con una sonrisa hipertensa, mientras el paciente agoniza y pide que acabe ya semejante tortura. No su vida, claro, sino la maldita carrera electoral.

Porque la carrera electoral es terrible para todos: para los políticos, porque todos luchan por rellenar los mayores titulares posibles, y para nosotros, los votantes, porque nos convertimos en una panda de borregas que solo tiene un valor numérico. En esencia, vales lo que vale tu voto. Así que, cuando la democracia está en crisis, hay que sacar la artillería pesada y empezar a llamar la atención de todas, todos, todes…

Y eso nos lleva a nuestro adorado punto de partida: la famosa foto sacada durante la jornada en la madrileña plaza de Colón donde Albert Rivera aparece custodiado por no una, ni dos, ni tres sino hasta cuatro banderas arcoíris y una bandera transgénero. Tal vez, las únicas cinco banderas que había en la plaza de Colón que no eran ‘muy españolas y mucho españolas’.

Y ahí estaban, asomando a ambos lados de Rivera como un maravilloso marco colorista e inclusivo. Estratégicamente colocadas. Incluso tres de ellas por delante de las vallas de seguridad. ¡Qué alegría! ¡Qué maravilla! Un marco cuyo centro era el propio Rivera, en pleno apogeo propagandístico y nacionalista hasta las trancas.

Un Rivera que acompañaba al Partido Popular y a Vox en una jornada más española que la tortilla de patatas. De poco o nada sirvió el pacto que hicieron los tres partidos de llevar exclusivamente banderas españolas. Nada, nada, nada… Si es que nuestro tito Albert es imprevisible, ¡él arrasa con todo! Lo mismo te aparece en el programa El gato al agua de Intereconomía –canal que, por cierto, pertenece al que fuera candidato de Vox a la Alcaldía de Barcelona, Julio Ariza– y te explica con pelos y señales por qué el matrimonio homosexual genera «tensiones innecesarias», que rompe el acuerdo de Colón y se planta con banderas LGTBI+.

Lo mismo te intenta convencer de que el autobús de Hazte Oír y su mensaje transfóbico se ampara en la libertad de expresión y te habla de ideología de género, que coloca una bandera a favor de la transexualidad a sus espaldas, por delante de la valla de seguridad y muy por delante de la bandera constitucional. De hecho, está tan a sus espaldas que es casi imperceptible en las fotos frontales. Bueno, mejor así: recordemos que el acto lo celebraban conjuntamente Ciudadanos, Partido Popular y Vox.

El PP, famoso por votar en contra del matrimonio homosexual, la adopción homoparental y por llevar a un ‘especialista’ al Senado que vinculaba la homosexualidad con desviaciones, violencia familiar, abandono y alcoholismo paterno. Y Vox, partido que no ha tenido problemas en reconocerse como ‘facha’ y que aboga por los valores cristianos y la derogación de la ley del matrimonio homosexual. Bueno, eso y que crearon a Gaysper, icono gay a la altura de la internacional Madonna o el siempre sexy Jesús Vázquez de los 90.

Porque nuestro querido Alberto Carlos Rivera Díaz cambia más de principios e ideología que una veleta atrapada en un tornado cambia de dirección. Porque él y su partido son de centro y les encantan los mariquitas. ¡Nos aman! Nos aman tanto que, para justificar posibles pactos con Vox, han planteado una reforma constitucional que permita blindar la ley que rige el matrimonio homosexual.

Querido Don Alberto Carlos Rivera Díaz: las leyes no se protegen blindándolas. Las leyes se protegen ejecutándolas e impidiendo que partidos de corte fascista y segregacionistas adquieran una posición de poder. Las leyes se protegen aceptándolas y no generando tensiones innecesarias en ninguna tertulia trasnochada.

Quiero creer que a la mayoría de los votantes no se nos convence con banderas, sino con hechos y discursos políticos coherentes. Que aparezca tan guapérrimo entre banderas de arcoíris pero luego se niegue a firmar un decálogo de medidas LGTBI+ presentado por el colectivo COGAM, al igual que hizo el PP, dice más de usted y su partido que cualquier foto con colorinchis y medidas express.

Que se justifique alegando que la marcha del Orgullo está politizada me parece casi obsceno y de una incultura manifiesta. El Orgullo siempre ha sido político. Primero, contra un estado que reconocía la homosexualidad como un delito. Segundo, contra una sociedad de valores religiosos que se consideraba en una posición privilegiada para juzgarnos. Tercero, contra los partidos políticos que no reconocen o quieren abolir nuestros derechos fundamentales. Partidos, por cierto, con los que usted pacta.

Fíjese si el Orgullo es político, que usted, muy sabio y muy español, se rodeó de banderas LGTBI+ para dar un discurso sobre España en una jornada puramente política. Hoy, para sorpresa de muchos, el futuro de muchas comunidades y alcaldías de España está en sus manos. Depende íntegramente de usted demostrar que valora todas las banderas por igual o si solo es un lobo vestido de arcoíris.

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Shangay

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