20/11/2019

Albert Salazar, protagonista de ‘A.K.A.’: “Reconocer que tenemos microfobias en la cabeza nos ayuda a avanzar”

8 noviembre, 2019

Atención a Albert Salazar. Atención a A.K.A. (Also Known As), la obra que protagoniza en el Teatro de la Abadía de Madrid –en cartel solo hasta el 17 de noviembre–. En la última edición de los Premios Max se llevó el galardón a Mejor actor (Salazar) y Mejor autoría revelación (Daniel Meyer) y, entre otros, también cuenta con cuatro Premios Butaca (espectáculo de pequeño formato, texto, dirección –Montse Rodríguez Clusella– y actor).

Es un gran fenómeno lo de esta función. Porque A.K.A. está alcanzando una relevancia impensable para una función en principio tan pequeña. Solo en cuanto a su dimensión física, y al hecho de que cuenta con un único actor, Albert Salazar. Debuta con la función en Madrid justo cuando se acaba de mudar a la capital. Es un momento de crecimiento tanto personal como profesional para este joven actor –de 23 años–, más conocido hasta ahora en Cataluña gracias a su participación en series como La Riera. “Ahora mismo vivo en el AVE”, dice. “Sigo yendo a Barcelona mucho, y después de pasar por Madrid tenemos gira nacional hasta abril con la obra”.

Nota cómo las expectativas de los espectadores que van a ver ahora A.K.A. han crecido enormemente. “A raíz de los premios que tenemos ya, y de lo mucho que la recomienda quien la ha visto, la gente viene dispuesta a que le encante”. Suele ocurrir, porque es una función que atrapa desde el minuto uno, y que Salazar lleva sobre sus hombros absolutamente solo. Interpreta a Carlos, un adolescente de quince años, solitario y sensible, que comparte con el público su vida a través de un monólogo, con gran exigencia física también. Es un joven de origen magrebí, adoptado, que estudia, baila hip-hop, queda con sus amigos en el parque, vive enganchado a las redes sociales…, lo habitual. Cuando conoce a Claudia por una app y se enamora, todo lo que vive con ella da pie a que el espectador reflexione sobre el deseo, el rechazo, la identidad, el racismo…, y sucede sin que apenas se dé cuenta.

“Los premios deberían dar siempre voz a gente que no tiene las mismas oportunidades que los grandes teatros”

¿Cómo recuerda la gala de los Max en la que se coronó gracias a su interpretación de Carlos? “Como un sueño. Antes de ganarlo estaba tan nervioso que no recuerdo nada, y después me emborraché para celebrarlo, y tampoco me acuerdo de nada”, dice riendo. “No me lo esperaba para nada, no cabía en mi mente pensar que lo iba a ganar. Más cuando pienso cómo nació este proyecto. El dramaturgo, la directora y yo nos juntamos en un centro cívico para montarlo, no sabíamos ni dónde lo íbamos a hacer. El día que me vi en la gala de los Max no me lo creía”. Ahora que ya lo ha asimilado, le hace muy feliz comprobar que no hay reto imposible, por arriesgado que parezca de primeras. “Es muy esperanzador para cualquier compañía pequeña. Los premios deberían dar siempre voz a gente que no tiene las mismas oportunidades que los grandes teatros”.

Le llamó la atención lo mucho que tenía en común con el personaje, cuando Albert tenía su edad, al leer por primera vez el texto. “Hasta el punto de que su primera novia se llama Claudia y su mejor amigo es Martí, como en mi caso”, recuerda entre risas. Se plantean muchos temas en la función, pero sus creadores tienen claro que la identidad y el racismo serían en los que se iban a centrar. “El racismo decidimos tratarlo directamente con el público, dado que se rompe constantemente la cuarta pared. Queríamos que el público llegara a sentirse racista al juzgar al personaje, que es algo inevitable. Son muchos los espectadores que salen del teatro pensando ‘buah, no he hecho nada para ayudar a este chico’. Y es que el personaje pide ayuda constantemente”.

“No me considero racista ni homófobo, pero a todos nos meten mierdas en la cabeza sin darnos cuenta”

El propio Albert asegura que reflexiona muy a menudo sobre temas que plantea A.K.A. directa o indirectamente. “Yo, que no me considero racista ni homófobo, siento que tengo muy metidas ciertas microfobias, mierdas que nos meten en la cabeza sin darnos cuenta”. Lo razona con mucho sentido. “Es que nos hemos criado en una sociedad en que, en el libro de inglés del colegio, te mostraban diferentes modelos de familia, pero nunca una homoparental, por ejemplo… Reconocer que tienes estas microfobias en la cabeza es lo que nos puede permitir avanzar y eliminarlas. Así, nuestros hermanos pequeños y nuestros hijos tendrán otra mentalidad”.

Carlos es un adolescente que se hace muchas preguntas sobre su identidad. Y que en según qué ámbito se muestra de un modo u otro, como nos pasa a todos desde que las redes sociales entraron en nuestras vidas. Albert asegura que en las suyas procura mostrarse lo más natural posible, y no busca dar una imagen distorsionada de sí mismo. “Aunque a veces tengo una de esas crisis de identidad, como todos, porque en ocasiones no sé qué parte de mí compartir. Como no suelo hacerme muchas fotos, subo las pocas que tengo que me gustan”.

Ha dado mucho juego en ciertos medios que algunas de las fotos que sube Salazar a Instagram aparezca practicando nudismo. “¡No sabes lo que me ha sorprendido eso! Si las subo es porque me parecen graciosas, me meo con ellas, pero no pensaba que eso le fuera a interesar a los diarios”, dice riendo. “Flipé al ver que eso podía ser noticiable. Me hace mucha gracia. Si a la gente le da morbo que haga nudismo, allá cada uno”. Y el hecho de ir siendo más conocido parece que no le va a impedir seguir practicándolo. “Si me voy con mi pareja a Ibiza, nos pasamos el día en pelotas… No tengo ningún problema con desnudarme”, asegura. “Si estás contento con tu cuerpo, ¿por qué esconderlo?”.

“Si a la gente le da morbo que haga nudismo, allá cada uno”

Hay sutiles detalles eróticos en la función a los que, lógicamente, contribuye Albert, dado que su cuerpo es el único presente en el escenario. “Queríamos recuperar la sensualidad y la sexualidad de cuando tienes quince años, cuando te pone cachondo todo”, apunta. Es una función muy física, en la que el protagonista, fan del hip-hop, también demuestra sus habilidades y su estupenda forma. “Al principio entrené mucho e incluso dejé de fumar, para no agotarme. Con el tiempo he aprendido mecanismos para no cansarme tanto cuando la hago. Lo que sigo haciendo antes de cada función es un calentamiento físico de al menos media hora. Ahora mismo no hago deporte, pero con la obra me mantengo”, remata entre risas.

FOTOS: MIGUEL ÁNGEL FERNÁNDEZ

LA OBRA A.K.A. (ALSO KNOWN AS) SE REPRESENTA HASTA EL 17 DE NOVIEMBRE EN EL TEATRO DE LA ABADÍA DE MADRID.

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