22/10/2020

Nuevo bis histórico de Camarena en el Teatro Real con ‘L’elisir d’amore’

10 noviembre, 2019
Léetelo en 6 minutos

Lo consiguió. Camarena ha vuelto a bisar en el Teatro Real. Y lo ha hecho en la única función que ha cantado de L’elisir d’amore, de Donizetti. El tenor mexicano, una estrella mundial solicitada por los mejores teatros, está en Madrid ensayando Il pirata, que se estrena el próximo 30 de noviembre. Y ha cantado esta función del Elisir que se está representando en estos momentos, en la que consiguió un nuevo bis –el cuarto suyo en este teatro– repitiendo el aria Una furtiva lagrima.

Este otoño es, sin duda, el otoño de Camarena en el Real. Tras la noche histórica de hoy será el protagonista de la Gala Anual, que se celebra el 13 de noviembre. Un recital que lleva por título Íntimo Javier Camarena, una noche de gala (es decir de trajes largos y smokings) que también promete ser antológica. No en vano, insistimos, el tenor mexicano es una de las máximas estrellas mundiales, con citas en los principales teatros ópera del planeta. Un gran logro de Joan Matabosch, director artístico del Real, el tenerlo aquí.

Los bises se han puesto de moda en todo el mundo. Tras décadas en las que en los teatros de ópera estaban terminantemente prohibidos, fue Juan Diego Flórez quien rompió con esta norma en 2007 en La Scala de Milán. Era algo que no ocurría desde 1933, cuando el bajo ruso Fiodor Ivanovich Shaliapin hizo el último con El barbero de Sevilla.

Esta noche Camarena ha vuelto a bisar Una furtiva lagrima de L’elisir d’amore, una ópera perfecta para su tesitura. El cantante, de forma generosa, ha cantado una única noche de este título, con lo que ello implica de ensayos para incorporarse una función rodada y estrenada por otro reparto. Pero el papel de Nemorino es suyo, tal y como ha vuelto a demostrar en esta noche antológica que ya queda para la historia del coliseo madrileño. Su Furtiva lagrima fue delicada, sutil, exquisita, como suele ser habitual en él. La terminó solo, sin orquesta. Un acierto que Michieletto, el director de escena, ‘le dejara’ cantarla desde la boca del escenario y no subido al chiringuito de playa, como ocurre con los otros dos Nemorinos. La función es muy buena y funciona como un reloj, pero es cierto que el ajetreo de la escena no facilita el canto. Y gana mucho al poder hacerlo desde el escenario.

Javier Camarena y Sabina Puértolas en una noche para recordar. [Fotos: Javier del Real]

Como curiosidad de la noche, los otros dos Nemorinos –Rame Lahaj, del primer reparto, y argentino Juan Francisco Gatell, que pese a estar en el segundo ha cantado casi todas las funciones por enfermedad de Lahaj– estaban en las primeras filas. Cumbre de Nemorinos de alto nivel en el Real. Un lujo.

El tenor se sumó al segundo de los repartos que pueden escucharse estos días. Un cast en el que se apuesta por cantantes españoles y en el que destaca una exquisita Sabina Puértolas como Adina, y un maravilloso Borja Quiza en el papel de Belcore. Este bajo gallego ya deslumbró el pasado año en La Zarzuela con El barberillo de Lavapiés. Ahora ha vuelto a dejar claro que es uno de los mejores cantantes que tenemos. La química entre ellos fue perfecta, lo que se dice un reparto totalmente ensamblado, pese a que Camarena solo tuvo dos ensayos de escena.

Puértolas vivió, sin duda, una de las mejores noches de su vida ,y se notó en la emoción que destilaba en medio de los brava que levantó en el patio de butacas. Tras el momento cumbre, su dúo Prendi, per mei sea libero con el tenor mexicano terminó como otro de los momentos de éxtasis de la velada. Larga ovación con ambos abrazados en la arena. Gran generosidad la de Camarena, que quiso compartir con la soprano navarra un triunfo así. Esos detalles son los que marcan la diferencia, los que le hacen verdaderamente grande.

Una noche para recordar. Sin la menor duda, de esas que hacen falta para devolver la emoción a la ópera, que muchas veces queda olvidada entre tanto postureo con ínfulas culturales.

Aplausos tras el bis de Camarena en la única función que cantó de L’elisir d’amore en el Teatro Real.

Llegados a este punto, conviene analizar… ¿Por que son tan llamativos los bises en la ópera? Un bis no es otra cosa que el hecho de que un cantante repita un aria ante el éxito obtenido, y por petición del público. En los años dorados de la ópera eran muy habituales, pero desde los ochenta del pasado siglo han estado muy mal vistos por los directores de escena porque, para ellos, rompen con la dramaturgia de la obra. Para que se produzca, tiene que autorizarlo desde el foso el director musical, y también hay que contar con el beneplácito de la dirección del teatro.

En el Real son muy pocos los cantantes que han conseguido bises desde su reapertura, hace ya veintiún años. Y Camarena, precisamente, ha sido uno de ellos. Fue con La fille du régiment. El tenor mexicano debutó en el teatro madrileño en 2014 con este título de Donizetti, y regaló noches gloriosas con dos históricos bises con el aria Ah! mes amis, quel jour de fête! de esa ópera; el tercero fue con el sexteto de Lucia di Lammermoor, cuatro años más tarde, en 2018. El cuarto, ahora, y de nuevo con Donizetti.

Leo Nucci ha sido el otro cantante que ha logrado bisar en el Real, con Rigoletto en 2009, y fue el primero en conseguirlo en esta nueva etapa del teatro. Un año después, en 2010, volvió a hacer historia al conseguir el primer ‘tris’, con el aria Sì, vendetta, también de Rigoletto, en un memorable concierto con Patrizia Ciofi en el que repitieron dos veces ese pasaje de la ópera de Verdi.

Camarena ya había protagonizado en 2014 un histórico ‘duelo de bises’ en el Metropolitan de Nueva York. Y lo hizo nada más y nada menos que con su hoy rival, Juan Diego Flórez. Entonces no lo era. De hecho Florez era quien tenía que haber estrenado La Cenerentola, de Rossini. Pero cayó enfermo y le sustituyó un entonces menos conocido Camarena.

Su éxito fue tal que el Met le dejó bisar Si, ritrovarla io giuro durante la segunda función tras el triunfo del estreno. Los bises no son algo prohibido, pero si muy mal visto en el Met, por lo que no pudo hacerse en la première. Lo logró en la segunda función, pero también en la tercera, tras el permiso de Peter Gelb, director general de la ópera de Nueva York. No hubo cuarta ocasión porque el tenor peruano se curó rápidamente ante los titulares de prensa, y se incorporó al reparto junto a Joyce DiDonato. Por supuesto, también bisó en su regreso. El ‘duelo de bises’ estaba servido. Flórez ya lo había conseguido en ese mismo escenario en 2008 con La fille du régiment, pues contaba el apoyo del Gelb, que quería para su teatro los mismos titulares que había conseguido La Scala en todo el mundo.

El 9 de noviembre de 2019, el Real ha sumado una nueva página a la historia de los bises en la ópera con una función que tardará mucho en olvidarse. Seguramente, nunca.

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