08/12/2019

Albert Serra, director de ‘Liberté’: “Todas las películas tendrían que verse por morbo”

18 noviembre, 2019

Si te gusta el cruising, probablemente te guste el riesgo. Si hay un director que arriesga en nuestro cine, ese es Albert Serra. Y su última película, Liberté, es toda una celebración de la sexualidad vivida en libertad, ambientada en una noche de 1774.

En algún lugar entre Postdam y Berlín se dan cita un grupo de libertinos que huyen del gobierno ultraconservador de Luis XVI. Al oscurecer, comienzan una intensa sesión de cruising en donde lo único que importa a todos quienes se dan cita allí, sean hombres o mujeres, nobles o sirvientes, es dejarse llevar por los impulsos que sienten. Aquí el sexo es el instrumento democratizador perfecto para borrar las diferencias de clases, de géneros y de orientación sexual.

Premio Especial del Jurado de ‘Un Certain Regard’, Liberté es, según Serra, “especial y loca”. Nació de una obra de teatro escrita por él (“recibió críticas bastante malas, porque esta gente del teatro es muy corporativista”), en la que quería mostrar una experiencia de cruising distinta a las que asociamos a la actualidad. “Siempre las imaginamos relacionadas con el ambiente homosexual, y yo quería mostrar ese concepto de cómo se abandonaban los protagonistas en una sesión de cruising, no solo gay, por lo que esta orgía tiene de acto subversivo; esa idea de exportar el libertinaje a Alemania, porque a ellos Luis XVI les echa de la corte francesa, me parecía bonita”.

“Se intercambian roles, ya no se sale del armario en una única dirección, existe la fluidez de género…, todo es posible”

En el bosque, todos los personajes se abandonan al placer, se olvidan de sus roles convencionales y buscan el disfrute. “Es un canto a la noche, que tiene una lógica muy distinta a la del día. Cada noche empieza de cero, y se distorsiona la percepción del tiempo, del espacio, del deseo…”. Serra se sumerge en la desnudez y el sexo explícito para reflejar una intimidad que rara vez vemos en la pantalla. Y sorprende al revelar que la mayoría de actores no son profesionales, teniendo en cuenta que su trabajo en Liberté es delicado. “Los que hacen las escenas más excesivas eran técnicos, se lo pedí en pleno rodaje y aceptaron”. Está claro que la capacidad de persuasión del director es innegable. “Me dicen que podría vender neveras a los esquimales”, afirma entre risas. “El ambiente de rodaje era distendido, pero para que las imágenes tuvieran esa garra había que crear tensión. Así que me movía en un equilibrio frágil entre ese marco agradable que debíamos tener y que aceptaran lo inaceptable…, aunque no fuese para tanto”.

Su manera de rodar Liberté resulta bastante peculiar cuando la revela. “Utilicé tres cámaras, no había monitor, no ensayamos, los actores no habían leído el guion… Nadie sabía qué iba a pasar, ni siquiera yo”. Serra buscaba la mayor realidad posible. “Desde que hay desnudez, los actores se vuelven vulnerables, porque no pueden controlar su imagen. Por eso la gran mayoría de actores no quieren hacer desnudos”. Fue ya en la sala de montaje donde Serra dio forma, junto a otros dos montadores, a la película.

Una actitud en cierto modo perversa, algo que acepta de buen grado. “Es bastante perversa. De hecho, la perversión como concepto nace en el siglo XVIII”, apunta. Ahora bien, la perversión, o ausencia de ella, está en el espectador, en función de cómo reacciona ante lo que ve, o no ve, dado que el fuera de campo es otro protagonista de la cinta. “Es muy abierta en ese sentido. Las prácticas sexuales están inspiradas en el marqués de Sade, y algunos personajes acaban disfrutando con prácticas que en un principio les podían ofender, cuando se diluye la frontera entre placer y dolor. Y hay imágenes aparentemente vacías que están ahí para el espectador las rellene con su imaginación”.

“Desde que hay desnudez, los actores se vuelven vulnerables, no pueden controlar su imagen. Por eso la gran mayoría de actores no quieren hacer desnudos”

Por eso para Albert Serra tiene tanta importancia que sea una película que se vea en los cines. “Porque se crea una tensión especial. Tú aportas tus propios fantasmas, y eso flota en el ambiente. Y como es una película lenta, esa sensación es persistente”. Porque, desde luego, Serra no se lo pone fácil al espectador con esta propuesta, que dura más de dos horas y exige a quien la ve que se implique si de verdad quiere disfrutarla. “Tienes que hacer como los personajes, abandonarte”. Cuando te dejas llevar, ves el contraste entre el bellísimo bosque que sirve de marco a Liberté y las experiencias que viven en él esos habitantes casuales que por una noche se dejan llevar por experiencias en ocasiones imbuidas de feísmo, porque el sexo que rueda Serra no es convencionalmente atractivo a la vista. “Me gustaba ese contraste, porque el escenario resulta barroco, refinado, ideal. Pero cada vez el bosque está más pisado, y la actividad sexual se desarrolla cada vez más por los suelos. Es fragonard trash”. Es la única descripción que le encaja, porque cuando la vio terminada él mismo era incapaz de definirla. “¿Es una peli histórica? ¿Una porno? ¿Una peli de arte contemporáneo muy pasado? Ni idea”.

Cuenta que no le inspiró ningún tipo de porno, y es fácil de entender, porque los encuentros sexuales que filma no resultan particularmente excitantes de esa manera directa que el porno sí logra. “Porque opera más en un plano psicológico, y me interesaba más esa estética feísta”. ¿Le parece bien que haya igualmente quien vaya a verla por puro morbo? El sí es rotundo. “El morbo, por definición, es la esencia del espectador de cine, el voyeurismo puro. Hoy día, el espectador de cine se vuelve idiota, porque, en general, va a ver unos contenidos que simplemente le venden una moto. El que acude por morbo es el espectador ideal. De hecho, todas las películas tendrían que verse por morbo, por el goce de la mirada”.

“Liberté es un canto a la noche, que tiene una lógica muy distinta a la del día”

Liberté se ha visto igual en el festival de Cannes que en el Lesgaicinemad de Madrid, y hay a quien le ha sorprendido que esta película participe en festivales LGTBI, dado que no muestra exclusivamente relaciones homosexuales. Serra está muy a favor de que tenga cabida en todo tipo de certámenes. “Es como en las discotecas ahora, que ya casi no las hay en las que solo haya hombres o mujeres. Recuerdo que antes había discotecas gays en las que las mujeres podían entrar. Ahora, desde que se ha instalado la idea de la corrección política, paradójicamente, ya apenas pasa. Porque parece anticuado, ¿verdad?”. También está la cuestión de la apertura visible de géneros e identidades sexuales. “Se intercambian roles, ya no se sale del armario en una única dirección, existe la fluidez de género…, todo es posible. Y en la película, además de escenas gais, las hay de todo tipo, van más allá de la definición de género, porque apuestan por la arbitrariedad total”.

¿Habrá practicado Albert Serra cruising alguna vez? “No, pero como si lo hubiera hecho”, responde enigmático. “Conozco la sensación. Me he movido en todo tiempo de ambientes…, pero no voy a entrar en ello aquí”. ¿Y le gustaría ofender a alguien? “A los puritanos no me molestaría”, responde. “Porque no entiendo a la gente que se vuelve puritana simplemente porque rechaza el riesgo. ¿Qué es peor, el mal o la nada? ¿Prefieres una relación en la que vas a salir dañado o no tener ninguna? Yo prefiero salir dañado”.

FOTOS: JOSEMA MATEOS

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