27/11/2020

Petra de Sutter, la primera ministra transgénero de Europa: “Estoy orgullosa de mi país, Bélgica”

21 octubre, 2020

Es la primera ministra transgénero de Europa y está orgullosa de ello. Hace tres semanas, Petra de Sutter juró su cargo como vice primera ministra y ministra de Administraciones Públicas ante el rey Felipe de los belgas. Y en su cuenta de Twitter contó cómo se sentía: “Estoy orgullosa de que en Bélgica y en la mayor parte de la Unión Europea la identidad de género no nos defina como personas y no sea un problema. Espero que mi nombramiento desencadene el debate en países donde no es así”.

“Entiendo la importancia de ser un modelo a seguir. Y estoy dispuesta a serlo si eso inspira y da esperanza a otros. Pero no pretendo viajar por el mundo como la ministra transgénero”, ha dicho también tras su nombramiento.

Tiene 57 años y es doctora en medicina. Ha sido directora del departamento de Medicina Reproductiva del hospital de Gante. En el año 2004 dio el paso decisivo al hacer su transición: “Siempre he sido una mujer, la gente simplemente no lo veía. No me estaba escondiendo, sino luchando contra mí misma. Hice la transición cuando tenía 40 años porque me costó mucho aceptar y comprender lo que me sucedía. No quiero ser reducido a mi pasado transgénero. Quiero que la gente hable de mí por mi trabajo, por mis acciones políticas”.

Petra jura su cargo como ministra ante el rey Felipe de los belgas.

Petra de Sutter ha dado una entrevista a El País en la que habla sin tapujos de todo. “Por favor, dejemos de discriminar a la gente por ser diferente, por sentirse distinta, por tener una piel o una religión diversas. Vivimos en un mundo muy polarizado, potenciado por las redes sociales, en el que todo se convierte en un ‘nosotros contra ellos’. Somos nosotros los europeos contra los migrantes; los creyentes en el orden natural contra los degenerados homosexuales y transgénero; los católicos y cristianos contra el islam; los blancos contra los negros. Paremos ya. Estamos juzgando a las personas por pedazos de su identidad, cuando eso no es quienes realmente son. Obama era mucho más que un ‘hombre negro’ cuando se convirtió en presidente de Estados Unidos. Aquí, Elio di Rupo, un hombre gay, se convirtió en primer ministro de Bélgica hace años. Y no salió en los titulares. Somos una sociedad bastante emancipada con un marco legal que protege a las personas diferentes. Por eso espero que mi ejemplo genere un debate en el resto del mundo, donde las personas aún son discriminadas”.

Y es que en Bélgica, su país, ‘estas cosas’ hace tiempo que dejaron de ser noticia: “No te conviertes en ministra y vice primera ministra por tu identidad de género ni por tu orientación sexual, sino por tus capacidades. Pero en otros países la reacción ha sido diferente. Y, claro, también en Bélgica ha habido comentarios de la extrema derecha, a los que estoy acostumbrada desde hace tiempo”, asegura a El País.

En la citada entrevista, también desvela cómo fue su transición: “Un viaje doloroso, como para tantos. No había apenas información, no existía Internet. Fui educada en un ambiente muy conservador y católico. De adolescente me sentía diferente. Me sentía sola. Me sentía mal. Me sentía pecaminosa. Me llevó 40 años comprender qué me pasaba, qué debía hacer si quería sobrevivir. He estado muy deprimida, he sido muy infeliz, he tenido tendencias suicidas. Pero sobreviví. Tomé las decisiones necesarias para encontrar ayuda y ser quien realmente era. Uno no se cambia el sexo, adapta el cuerpo a su género. Nunca me sentí hombre, simplemente tenía un cuerpo que no encajaba. De niña le rezaba a Dios cada noche: por favor deja que me levante convertida en mujer“. Son sus duras palabras al periódico español, que la entrevistó la semana pasada conjuntamente con el diario británico The Independent.

Petra de Sutter, con su equipo de gobierno tras jurar el cargo.

Tras la transición asegura que se sintió una persona mucho más fuerte. “Me dio una visión nueva del mundo. Yo también fui educada con muchos prejuicios. Pero al darme cuenta de pronto de que me había convertido en ‘el otro’, en el marginado, el paria, el raro, el peligroso, cambió mi visión. Me ha hecho tolerante. Todos tendemos a juzgar que lo que vemos es de una determinada forma, pero la mayor parte de las veces estamos equivocados. Me ha hecho ser mejor doctora, porque de pronto yo era la paciente, una de las peores. Y creo que también me hace buena política. He aprendido a escuchar, a entender a las personas. Y eso es clave en las negociaciones: comprender por qué alguien defiende una visión distinta del mundo. ¿Si no cómo voy a encontrar un terreno común para el acuerdo? La política no consiste en tener razón, sino en hallar soluciones. También tengo la sensación de que no puedo perder el tiempo. Durante cuarenta años estuve encerrada en mi mente. Me liberé de mi propia prisión. Eso me da energía y un sentido de responsabilidad. Vivimos tiempos históricos. Hay tantas crisis de las que encargarse, tantas cosas que la sociedad necesita. La crisis climática es el gran asunto, y también la del coronavirus, por supuesto, que hoy es lo prioritario”.

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