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Joan Matabosch: “Los que creen que ya no hay cantantes de ópera como los de antes, que se compren un reclinatorio y nos dejen disfrutar a los demás”

13 agosto, 2021
Léetelo en 17 minutos

Es el director artístico del teatro y, aunque él no lo quiera confesar, el ‘culpable’ de que el pasado 1 de julio de 2020 –cuando todos los teatros del mundo estaban cerrados por la pandemia– se levantara el telón de nuevo. Esa Traviata, la primera ópera post covid que se vio en el mundo, fue empeño personal de Joan Matabosch. Eso sí, para ello contó con el apoyo decidido de Ignacio García-Belenger, director del coliseo, y de Gregorio Marañón, presidente del patronato.

La frase que dijo entonces, y que mantiene ahora, fue “cancelar ya no es la única opción”. Por eso, todos los teatros del mundo dirigieron sus miradas al Real para ver cómo estaban haciendo para conseguir mantener la temporada prácticamente tal cual estaba prevista. Desde ese momento, el principal teatro de ópera de España se ha convertido en un referente, copando titulares en todo el mundo.

“No me preocupan los buenos titulares, sino el rigor en la programación y en la gestión; con eso, los titulares llegan solos”

Ahora, tras unas antológicas funciones de Tosca con unos repartos que trajeron a Madrid a las mejores voces del momento, hablamos con Matabosch para que nos cuente no solo lo que veremos en la temporada 21-22 que comienza en septiembre, sino cómo han sido estos meses en los que el Real ha sido galardonado como Mejor Teatro de Ópera del Mundo en los International Opera Awards.

La que acaba de terminar ha sido una temporada antológica no solo en lo artístico, sino en lo emocional, con mil fuegos que se iban encendiendo cada día, y que se pudieron controlar en cada momento gracias a un estricto protocolo de seguridad que ahora otros teatros copian.

SHANGAY ⇒ Termina un año duro, pero fascinante. Resume en pocas palabras cómo lo definirías.
JOAN MATABOSCH ⇒ Mantener el teatro abierto en plena pandemia ha sido duro y complicado, pero también muy gratificante. Ha sido un ejercicio de coordinación para todos los departamentos del Teatro Real, y de puesta a prueba de la cohesión de sus equipos artísticos y de gestión. Tuvimos la determinación de encontrar fórmulas creativas de abrir el teatro garantizando la seguridad de sus trabajadores, artistas y público, y el resultado ha sido artísticamente brillante y, sobre todo, hemos logrado reforzar la institución, tener equipos más eficientes y obtener un reconocimiento internacional unánime.

“Un teatro tiene que ser un espacio de libertad. Si no, mejor que desaparezca. Quizás por ello el mundo la ópera está menos ‘armarizado’ que otros”

SHANGAY ⇒ Has logrado posicionar al Real en primera línea de la lírica mundial. No solo por el reconocimiento en los International Opera Awards, que fue por la temporada anterior a la pandemia, sino por ser el teatro que marcó la pauta a seguir en la nueva etapa post covid…
JOAN MATABOSCH ⇒ El Premio al Mejor Teatro en los International Opera Awards no tiene que ver con la pandemia, porque se refiere a la programación del teatro a lo largo del año 2019. Pero la ceremonia de entrega de los galardones se tuvo que retrasar en dos ocasiones por la imposibilidad de celebrar una gala presencial, y finalmente se optó por mantener la fecha del 10 de mayo pero reconvirtiendo el acto en una gala virtual. En ella se destacó mucho el ejemplo del Teatro Real, que estaba siendo capaz de adaptarse y de luchar por mantenerse abierto y por respetar la mayor parte de su programación. Por cierto, casi todos los demás teatros que han intentado algo semejante se encuentran en España: el Gran Teatre del Liceu de Barcelona, el Palau de les Arts de Valencia, la Maestranza de Sevilla, Bilbao y Oviedo. La pandemia nos ha enseñado que a veces no queda otra alternativa que cancelar, pero que no siempre es así cuando la institución ha sabido dotarse de un protocolo sanitario preventivo capaz de establecer procedimientos eficientes para ensayar, normas para interaccionar social y profesionalmente, adaptar los espacios del teatro, implantar normas para poder ejecutar las diversas actividades, adaptar el foso de la orquesta para que se puedan mantener distancias, etcétera.

SHANGAY ⇒ Al margen del equipo y del apoyo institucional, levantar el telón de esa ya mítica Traviata fue un empeño personal tuyo cuando nadie te creía.
JOAN MATABOSCH ⇒ Hay que cancelar cuando no queda otra posibilidad, pero en el Teatro Real tenemos muy claro que eso es una de las últimas opciones, no la primera. Nunca nos planteamos cancelar la actividad por el hecho de que fuera muy complicado llevarla a cabo en la coyuntura de una pandemia. Ciertamente, hubo proyectos que durante el confinamiento fueron cayendo porque no había otra opción. Pero en el mismo momento en que ya hubo otras opciones, nos pusimos a trabajar para salvar la temporada. Se trataba de ponerse creativo y de tener la cintura suficiente como para entender que no era posible hacer las cosas como siempre y que había que buscar fórmulas alternativas adaptando los proyectos dramatúrgicos, los protocolos de los ensayos, los timings, a veces las fechas de los estrenos. Había que reinventarse, a veces de manera drástica, por respeto al público, a los patrocinadores, a los trabajadores del teatro y a los artistas, que han visto caer casi un año entero de proyectos de sus agendas; y muchos han visto incluso cómo se desgajaban sus carreras. Si nos quedamos sin artistas, no va a servir de nada tener teatros.

[Vídeo: Carlos Savignano]

SHANGAY ⇒ ¿Cuáles son las metas que te planteas como director artístico? ¿Dónde quieres posicionar al teatro?
JOAN MATABOSCH ⇒ El Teatro Real tiene todavía muchas asignaturas pendientes en cuanto al repertorio, porque ha tenido una historia muy accidentada con cierres prolongados por obras o por dejadez. Queda mucho por hacer, y lo vamos a hacer; paso a paso, pero con una determinación implacable. Afortunadamente, mi equipo es insuperable, y junto a él se puede llegar donde nos propongamos. Me refiero a Konstantin Petrowsky, Justin Way, Nuria Moreno, Dani López, Natalia Camacho, Carlos Abolafia y todos sus departamentos técnicos, además de un Coro y una Orquesta que están afianzando su calidad y su prestigio gracias al trabajo de Ivor Bolton, Nicola Luisotti, Pablo Heras-Casado y Andrés Máspero. Y desde luego, es un privilegio tener a Gregorio Marañón como presidente; y a Ignacio García-Belenguer como director general. Sin su apoyo decidido, este año espectacular habría sido tan irrelevante como lo ha sido para tantos otros teatros internacionales.

“El Real tiene muchas asignaturas pendientes, porque ha tenido una historia muy accidentada con cierres prolongados. Queda mucho por hacer, y lo vamos a hacer con determinación implacable”

SHANGAY ⇒ ¿Algún sueño por cumplir?
JOAN MATABOSCH ⇒ El Teatro Real necesita desesperadamente una sala alternativa, de menor aforo, para ópera de cámara. Los extraordinarios resultados de la colaboración del Teatro Real con otras instituciones teatrales de Madrid como Canal, Abadía o Español han puesto sobre la mesa hasta qué punto este es un déficit muy relevante. En cualquier caso, colaborar con estas instituciones es un privilegio, y una solución alternativa podría ser consolidar estas colaboraciones como parte nuclear del proyecto artístico de ambas entidades.

SHANGAY ⇒ El teatro ha tenido titulares en la prensa mundial a lo largo de toda la temporada 20/21. Una vez conseguido eso, ¿cuál es el titular soñado? ¿Qué es lo que más te gustaría ver en negro sobre blanco, por ejemplo, en el New York Times o en cualquier periódico de referencia internacional?
JOAN MATABOSCH ⇒ No me preocupan los titulares sino el rigor en la programación y en la gestión. Los titulares llegan solos, pero solo son a beneficio del teatro cuando expresan el resultado de un trabajo sistemático, estratégico, seguramente callado y discreto. No hay nada más fácil para un teatro que conseguir un titular rimbombante. Lo inteligente, muchas veces, es comprender que lo que hace crecer a una institución no son los titulares sino una estrategia callada que permita desarrollar un proyecto artístico ambicioso, estratégico, adaptado a la realidad del teatro y a las lagunas culturales de su historia y de su tradición. Cuando esto se hace bien, ya vendrán titulares sin forzar las cosas. Y esos titulares sí que van a repercutir a favor de la institución porque van a expresar algo ‘real’.

SHANGAY ⇒ Desvélanos los secretos de la temporada que empieza en septiembre con La Cenerentola
JOAN MATABOSCH ⇒ Hay un motivo conductor evidente en todas estas óperas sobre la magia y la brujería, como El ángel de fuego o Juana de Arco en la hoguera. También La Cenerentola, que es originariamente un cuento mágico, aunque, eso sí, leído por Rossini desde la perspectiva de la Ilustración y, por lo tanto, bajo la consigna de convertir en racionales los elementos mágicos del relato. En su origen, ‘verdad’ es lo que se ha arrancado a una ocultación. Esa ocultación puede ser de distintas clases: enclaustramiento, refugiarse en un lugar seguro, envolvimiento, recubrimiento, disimulación, disfraz. Vamos a ver todas estas acepciones en las distintas óperas de la temporada, desde las óperas de Rossini, Prokofiev y Honegger hasta Partenope de Haendel, El ocaso de los dioses de Wagner o Las horas vacías de Ricardo Llorca.

Joan Matabosch, en el centro, posa con los tenores Michael Fabiano, a la izquierda, y Xabier Anduaga en el espectacular escenario del Teatro Real. [Michael Fabiano, a la izquierda, con pantalón de Guess, camiseta y americana de García Madrid y deportivas Adidas; Joan Matabosch con pantalón de Boss, camisa de Guess, chaqueta de García Madrid y zapatos de Martinelli; Xabier Anduaga con Pantalón, camiseta y americana de García Madrid y deportivas Nike. Fotos: Carlos Villarejo ]

SHANGAY ⇒ Sobre lo que vamos a ver en esta nueva temporada, ¿qué es imprescindible para un sesudo aficionado que presume de que lo ha visto todo en su vida?
JOAN MATABOSCH ⇒ Pues difícilmente habrá visto El ángel de fuego, de Prokofiev, o Juana de Arco en la hoguera, de Honegger, porque no se han representado nunca en Madrid. Son dos aportaciones cruciales al repertorio del Teatro Real que no debería perderse nadie aficionado a la cultura, más allá de la ópera. Además, ambas tienen una sólida base literaria. El ángel de fuego está basada en la novela homónima de Valery Briusov, uno de los máximos representantes del simbolismo ruso. Y el texto de Juana de Arco en la hoguera es de Paul Claudel.

SHANGAY ⇒ ¿Y para una persona que nunca haya ido a la ópera?
JOAN MATABOSCH ⇒ No estoy muy de acuerdo con que es mejor ir por primera vez a la ópera a ver un título muy popular, pero no hay duda que tanto La Bohème como Nabucco gustarán mucho a quien se acerque por primera vez a esta forma de arte. La ópera de Puccini relata la vida, los sueños, las alegrías y las decepciones de un grupo de jóvenes artistas en el París del siglo XIX que esperan algún acontecimiento que les lleve a la gloria. En el centro de ese universo bohemio, sus protagonistas, Mimì y Rodolfo, ven sus deseos de amarse cortados de cuajo por la pobreza y la desgracia. Nabucco es la ópera que convierte a Giuseppe Verdi en uno de los grandes compositores de la historia y en la encarnación misma de los sentimientos patrióticos del pueblo italiano oprimido por el Imperio austriaco, que se vio identificado en la historia bíblica el pueblo de Israel oprimido por Babilonia.

“No estoy muy de acuerdo con que es mejor ir por primera vez a la ópera a ver un título muy popular, pero tanto La Bohème como Nabucco gustarán mucho [a los principiantes]”

SHANGAY ⇒ ¿Y para aquellos que afirman que la ópera es un coñazo?
JOAN MATABOSCH ⇒ Será que no conocen La Cenerentola puesta en escena por ese genio del teatro que es Stefan Herheim, que debutará en Madrid. Un delirio y un regocijo, que le ayudará a romper con tópicos manidos sobre la ópera. Hecha así, la ópera es el summum de la creatividad al que puede aspirar una disciplina artística, muy lejos de cualquier ortodoxia, trepidante, inteligente y divertida. Una manera de explicar La Cenicienta a través de Alicia en el país de las maravillas. Es, casi podría decirse, Charles Perrault narrado por Lewis Carroll.

SHANGAY ⇒ ¿Y a un joven que tiene inquietudes, de los que dicen “me encantaría ir, pero me da miedo porque es algo complicado de entender”?
JOAN MATABOSCH ⇒ Pues recomiéndale ir a ver Las bodas de Fígaro, de Mozart, que es, como dice José Luis Téllez, “la ópera más bella de la historia porque, más allá incluso de su deslumbrante perfección músico-dramática, se trata de una obra optimista y revolucionaria: nada que ver con ese melodrama pequeñoburgués y gemebundo tan del gusto de los públicos románticos”.

SHANGAY ⇒ ¿Qué le dirías a un mitómano de los que afirman que “los cantantes de hoy no son como los de antes”?
JOAN MATABOSCH ⇒ Ese personaje no tiene solución, ni interés alguno, y siempre ha existido en la historia de la ópera. Ya en la época de Rossini se decía que “los cantantes de hoy no son como los de antes”. Siempre ha habido quien ha utilizado a los grandes cantantes de la generación anterior como arma arrojadiza contra los grandes cantantes de su propia generación. Lo que hay detrás de esto no es la supuesta degeneración del canto que denuncian, sino una pantalla de humo para disimular su propia frigidez, su incapacidad para disfrutar de lo que tienen delante de sus ojos (y de sus oídos). Caer actualmente de rodillas ante la grandeza de Maria Callas no cuesta nada, porque está en los altares y es una referencia unánime e indiscutida. Lo que tenía mérito era reconocer la grandeza de la Callas cuando era una muchacha de origen griego que provocaba polémicas con sus interpretaciones porque no era una cantante como Maria Caniglia, “como las de antes”. Cuando uno es incapaz de emocionarse y cautivarse con lo que tiene delante, siempre acude a las grandes figuras indiscutibles del pasado porque cree que, al ser objeto de veneración universal, lo redimen de su propia ineptitud para detectar el talento que tiene delante. En estos casos, yo les recomendaría que no vayan a la ópera. Que se compren discos antiguos y un reclinatorio. Al menos, que dejen disfrutar a los demás.

SHANGAY ⇒ Luego, también están esas personas que van a la ópera a ver y dejarse ver, que haberlas, ¡haylas!, como las meigas…
JOAN MATABOSCH ⇒  Para dejarse ver es ideal Partenope, en el montaje de Christopher Alden, que precisamente transcurre en el apartamento de Nancy Cunard, la diosa del ‘ver y dejarse ver’ entre los artistas del surrealismo y dadaísmo de los años veinte del siglo pasado. Cunard era el paradigma del ‘malditismo’ femenino, el icono fotográfico de Man Ray y una gran poeta y editora, al mismo tiempo que le encantaba ser la protagonista de muchos de los grandes escándalos de la época. Inteligente, sofisticada, carismática, librepensadora, bohemia, impredecible y dada a broncas etílicas tan famosas como temidas en el París de 1920, era la encarnación misma de la vida mundana. Quien esté obsesionado por ‘ver y dejarse ver’ debería ir a Partenope a aprender de la maestra, Nancy Cunard.

“Siempre ha habido quien ha utilizado a grandes cantantes de la generación anterior como arma arrojadiza contra los grandes cantantes de la suya”

SHANGAY ⇒ La pandemia ha cambiado todo. También la forma de ‘consumir’ cultura. Los creadores de una ópera ahora piensan también en el streaming (que ha venido para quedarse, tras el camino previo ya recorrido de ópera en cines, retransmisiones en plazas, etc.) con lo que ello implica de audiencias millonarias (antes impensables). Surge la duda: ¿sigue primando, hoy día, la concepción de un espectáculo para la audiencia que está en sala?
JOAN MATABOSCH ⇒ Este era un grave problema hace algunas décadas, sobre todo porque la iluminación del espectáculo para la sala era radicalmente incompatible con la iluminación de ese mismo espectáculo para un producto televisivo o audiovisual. Pero, actualmente, las cámaras y las lentes han evolucionado y lo que antes suponía volver a iluminarlo todo, ahora se reduce a adaptar unas cuantas memorias de luz. La ópera se diseña para la sala, pero al mismo tiempo el teatro estudia las modificaciones que harán posible una explotación audiovisual del producto.

SHANGAY ⇒ ¿Pero corremos el riesgo de que se termine concibiendo un espectáculo en esa realidad virtual en vez de para el público de sala? Hay que tener en cuenta que para un teatro sería siempre mucho más rentable esa audiencia ilimitada que el reducido aforo de la sala. ¿Podemos terminar haciendo ‘Estudios 1’ con las técnicas de hoy?
JOAN MATABOSCH ⇒ Un mismo espectáculo se aprecia de una manera diferente en la sala del teatro y en una pantalla. Y ambas formas de consumo son válidas. Una grabación o retransmisión a través de pantalla nunca te transmitirá el ‘impacto físico’, casi salvaje, de una voz en directo en un teatro. Pero en un teatro nunca vas a poder apreciar la expresión de la cara de un cantante que sea también un gran actor (o actriz). Las dos vías son estupendas y proporcionan un enorme placer cuando se juega con inteligencia con sus virtudes y sus limitaciones.

“Un mismo espectáculo se aprecia de una manera diferente en la sala del teatro y en una pantalla. Y ambas formas de consumo son válidas”

SHANGAY ⇒ La ópera y el mundo LGTBI tienen estrechos –y seculares– lazos de todo tipo. El Real es un teatro que tiene, por decirlo de alguna manera, un ‘compromiso’ con la comunidad en su programación. Ábrenos sus armarios y cuéntanos la parte más LGTB de lo que vamos a ver…
JOAN MATABOSCH ⇒  Es evidente que Partenope  tiene un subtexto lesbo-erótico que hará las delicias de los amantes de los dobles entendidos. La trama transcurre en una fiesta en casa de Partenope a la que acuden sus admiradores masculinos. Entre ellos destacan Arsace, un confuso amor romántico de la anfitriona; Armindo, un tímido pretendiente a amante; Ormonte, que es su mejor amigo; y Rosmira, la antigua prometida traicionada de Arsace, que está indignada por el abandono de su examante y que ahora ha decidido competir con él por al amor de su amante actual. Todo eso en el contexto de una comedia sobre amor, lujuria, traición y venganza. También los personajes de El abrecartas, de Luis de Pablo, sobre la novela homónima de Vicente Molina-Foix, son suficientemente elocuentes: Vicente Alexaindre, Federico García Lorca y Miguel Hernández. Y desde luego, hay que mencionar El ángel de fuego, en la que Prokofiev mantiene, de la novela de Briusov, el personaje histórico del humanista del siglo XVI Agrippa von Nettesheim, una de las grandes referencias de la historia del ocultismo, autor también de la célebre De nobilitate et praeccellentia faemini sexus, en el que en 1529 se pronunciaba sobre la superioridad teológica y moral de las mujeres en un texto revolucionario –muy utilizado por el feminismo– que escribió tras haberse atrevido a defender a una mujer en un proceso judicial por brujería.

SHANGAY ⇒ Pese a todo esto que hemos hablado, ¿está el mundo de la ópera todavía un poco ‘armarizado’?
JOAN MATABOSCH ⇒ Un teatro tiene que lograr ser un espacio de libertad. Si no lo logra, mejor que desaparezca. Quizás por esto el mundo del teatro y de la ópera está menos ‘armarizado’ que otros. Esto no quiere decir que no existan los ‘armarios individuales’, porque estas cosas dependen mucho de las situaciones personales, afectivas y educativas de cada uno; pero desde luego, en el ambiente laboral de un teatro la orientación sexual de sus trabajadores y artistas es completamente indiferente. No se me ocurre nada que tenga menos relevancia.

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