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‘Parténope’ en el Teatro Real: vodevil barroco queer travesti de género fluido (vamos, un completo delirio)

14 noviembre, 2021
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Según la RAE, el vodevil es una “comedia frívola, ligera y picante, basada en equívocos, que puede incluir números musicales”. Pues según esta definición de nuestra Real Academia de la Lengua, Parténope es un vodevil barroco de diccionario. Pero un vodevil barroco queer travesti de enredo en el que nada (ni nadie) es lo que parece, según esta apuesta escénica que llega al Teatro Real. Un festival para los sentidos con guiños al género fluido, asunto de máxima actualidad en el mundo LGTBI. Pero, sobre todo, y esto es lo verdaderamente importante, esta ópera de Händel que se instala en el coliseo de la plaza de Oriente es una auténtica fiesta para los amantes de este repertorio: un repartazo y una apuesta escénica brillante en la que nada es gratuito.

La trama es muy sencilla y a la vez muy complicada, como corresponde a un buen vodevil de diccionario. Parténope (la soprano Brenda Rae, en la noche del estreno), reina fundadora de Nápoles, tiene que elegir a uno de sus cuatro pretendientes: el fogoso Arsace, príncipe de Corinto (el contratenor Iestyn Davies); el tímido Armindo, príncipe de Rodas (el contratenor Anthony Roth Costanzo); el guerrero Emilio, príncipe de Cum, (el tenor Jeremy Ovenden) o el seductor Eurimene (la mezzo Teresa Iervolino), que en realidad es Rosmira, la expareja despechada de Arsace, que se disfraza de hombre para vengarse de su antiguo amante, ­al que sigue queriendo, y competir con él en la seducción de la reina. Todos ellos, magníficos. Habrá que ver el segundo de los repartos –que no segundo cast–, que promete también muchas alegrías. Entre otras, a la superestrella Franco Fagioli.

En el primer acto Brenda Rae (Parténope), Nikolay Borchev (Ormonte), Teresa Iervolino (Rosmira), Anthony Roth Costanzo (Armindo) e Iestyn Davies (Arsace) dejaron bien claro que el nivel canoro de la noche del estreno iba a estar muy alto. [Fotos: Javier del Real]

Pero, como hemos dicho, nada es lo que parece, tal y como explica el director de escena Christopher Alden, responsable de esta producción de la English National Opera de 2008, que se ha convertido en clásica, sin envejecer un ápice, y que ahora llega al Teatro Real: “El travestismo, la libertad sexual y la fluidez de género [de una ópera cuyo motor es el amor y el deseo] encajan perfectamente con el surrealismo y su visión de la naturaleza erótica de la psique”, afirma el regista sobre una obra en la que Arsace y Armindo están interpretados por las voces de dos contratenores, y Eurimene es Rosmira disfrazada de hombre, que busca los favores de otra mujer… Sí, nada es lo que parece, pero el ‘desparrame’ que vemos en escena se corresponde al milímetro con el libreto de la ópera de Händel, por lo que tampoco nada chirría, algo que demuestra todo es posible cuando las actualizaciones de hacen con sentido.

Estrenada en Londres en 1730, es la primera vez que se representa en España, lo que supone uno de los ‘estrenos’ de esta 100 temporada del Teatro Real, que se propone descubrirnos tanto obras del barroco nunca vistas como apostar por la creación contemporánea.

En esta ocasión, la escena se traslada al París de hace cien años: los años 20 del siglo XX, que esperemos se repitan en los venideros del XXI. En el foso, un especialista del barroco, Ivor Bolton, director musical del Teatro Real, que consiguió la primera gran ovación de la noche al frente de una barroca Sinfónica de Madrid, titular del coliseo.

Luego el público del estreno supo reconocer al sexteto protagonista, compacto, sólido; brillante. La espléndida dirección de actores permite sacar lo mejor de cada uno de ellos, que es mucho. Imposible destacar a alguno en un elenco tan bien ensamblado. Con guiños al cine mudo, resulta increíble cómo pueden cantar, y hacerlo tan bien, en medio de toda una sucesión de slapsticks tan característicos de ese género, como cuando Anthony Roth Costanzo no para de darse mamporrazos en la escalera, en el primer acto. En el tercero, su número a lo Fred Astaire, con castañuela incluida, nos regaló uno de los muchos momentazos de la noche.

Anthony Roth Costanzo, como Armindo, fue uno de los indiscutibles triunfadores del estreno de Parténope.

En resumen, una fascinante noche barroca, de altísimo voltaje musical y escénico. Y un nuevo triunfo del Teatro Real, que salda una deuda con Händel pero, sobre todo, con los aficionados. Tras La Cenerentola que inauguró la temporada, el coliseo continúa con una programación que abarca más de cuatro siglos de ópera. Ahora le toca el turno al barroco, en este caso, como ya ocurriera con otras magníficas adaptaciones que ya hemos visto en este mismo teatro [recordemos la maravillosa puesta en escena del oratorio Il trionfo del tempo e del disinganno que vimos en 2008], con un toque art déco de principios del pasado siglo.

Brenda Rae es una estupenda Parténope, tanto en lo vocal como en lo escénico.

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