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Eric Rmoos, en ‘Generación Selfi’: “Siempre he querido ser visible como hombre trans”

15 noviembre, 2021

El baile es su pasión, y a él se ha entregado Eric Rmoos [ese es su apellido artístico, inspirado por el real, Ramos], de 22 años, en cuerpo y alma. Con el deseo de compaginar tanto el aprendizaje propio como la enseñanza a quienes vienen detrás de él. Siempre visibilizándose orgulloso como hombre trans, consciente de la importancia de mostrarse como es.

Eric Rmoos nació en Bogotá, pero muy pronto se vino a vivir a España. Como persona trans, le costó ser aceptado tal y como es incluso por su familia. Y también ha sido complicado poderse centrar en su pasión por el baile hasta que salió del armario y pudo empezar a bailar como lo que es, un chico trans. En Generación Selfi ha querido compartir su historia para que muchas otras personas trans vean lo importante que es visibilizarse.

UNA INFANCIA BORRADA

“Nací en Bogotá pero a los dos años me mudé a España con mi madre, cuando se separó de mi padre biológico. En Madrid pasé apenas dos años, y después estuvimos viviendo en distintos lugares de Galicia, hasta que regresamos a Madrid diez años después. Con mi psicóloga fue heavy descubrir hace poco que, por ser trans, mi memoria había borrado muchos recuerdos de mi infancia. Los que tengo son todos buenos, porque fui un niño feliz, siempre rodeado de mascotas.

Lo que menos me gustaba era que nos mudábamos constantemente, y como pasé por tantos colegios no lograba hacer amigos de verdad siendo niño. Y me llevé muchos golpes e insultos. Recuerdo la primera vez que, tumbado en la cama, a los once años, me dije a mí mismo, “¿Te imaginas que algún día pudiera ser un chico?”. No sabía si se podía. Y notaba que las chicas me atraían, había algo que no encajaba”.

UN APRENDIZAJE CONTINUO

Salí del armario a los diecisiete. Un día llamé a mi madre estando en el instituto para decirle que necesitaba hablar con ella, no podía aguantar más, tenía que soltarlo, y se lo dije ‘mamá, soy trans’. Me respondió ‘no digas tonterías, luego hablamos’. Es muy suya para estos temas. Y eso que tiene muchas amigas trans. A mí no me aceptó como soy hasta dos años después.

En ese tiempo las peleas eran constantes: no querían que me cortara el pelo, ni que usara ropa masculina… Al menos no me obligaban a usar faldas y tal. Sí recuerdo que cuando celebré mi quinceañera en Colombia tuve que ponerme vestido porque mi familia me lo pidió. Me sentí superincómoda, y todo el mundo se dio cuenta. Ahí todavía sentía miedo, también a la aceptación propia, porque sabía que me iba a enfrentar a mucho“.

CON LA MOCHILA A CUESTAS

“Cuando tenía casi veinte, cogí la mochila y me fui de casa. Llegó un punto en que mi madre seguía sin aceptarlo, seguí diciendo que siempre iba a ser una mujer. En ese momento salía con un chico trans, que ya tenía la vasectomía y estaba con la testosterona, y sus padres le aceptaban. ¿Por qué mi madre no? Al mes de irme empezó a llamarme, se dio cuenta de que no podía perder a un hijo por eso.

Me contó que se sentía así porque no quería verme pasar por todo lo que habían pasado sus amigas trans. Porque tenía miedo a que la gente no me aceptara. Y es cierto que hace poco lo viví cuando estuve saliendo con una chica y sus padres no me aceptaban por ser trans. A partir de ese momento empezó a ayudarme mucho más, hasta me pagó la masectomía [risas]. Cuando quieres a alguien le vas a acabar aceptando como es, aunque te cueste tiempo”.

EL PASO POR LA FUNDACIÓN EDDY

“Cuando me fui de casa me acogió un amigo en la suya. Y me encontré con el problema de que mi madre no me había sacado aún la documentación y no tenía papeles. No podía buscar trabajo así. No tenía ingresos ni documentos, ¿dónde podía ir? A través de la asociación KifKif [que ayuda a migrantes, refugiados y solicitantes de asilo LGTBI+] descubrí la Fundación Eddy. Me entrevistaron y al poco entré. Estuve desde marzo hasta septiembre de 2019.

Fue una experiencia liberadora en la que aprendí mucho. Porque nunca había convivido en una cosa con otras personas que no fuesen familiares. Todas las charlas que nos daban ayudaban muchísimo, y el hecho de contar cada uno con un voluntario con quien podías contactar cuando necesitabas algo está súper bien”.

EL BAILE COMO VÍA DE DESCUBRIMIENTO

“A los seis años tuve claro que quería bailar, y mis padres me metieron a clases de danza urbana. Pero tardé mucho más de lo que hubiera querido en empezar a bailar, debido, por un lado, a la disforia corporal cuando me miraba en el espejo, y por otro, porque cuando iba a empezar a los diez años con el ballet clásico y vi el tutú que iba a tener que llevar, dije que no. Después me pasó igual con el flamenco; tenía muchas ganas de aprender pero cuando me dijeron que tendría que bailar con vestido, me vi incapaz.

Fue a los dieciséis cuando ya decidí tomármelo de nuevo en serio, aunque todavía no tenía claro mi género. Y el baile también me ayudó a ver qué me hacía sentir bien y qué no. Así que empecé bailando siendo ‘mujer’ a los ojos de los demás, y poco a poco fui cambiando. Hasta que un día le dije a todo el mundo con el que estudiaba ‘¡hola, soy trans!”.

A FULL

“Después de la cuarentena ya empecé a entrenar a full con todo mi empeño. He estado estudiando en Madrid con coreógrafos muy importantes, que se han convertido en buenos mentores para mí. No llevo bailando mucho, debido a tantos parones que he tenido, pero estos últimos dos años han sido claves para mi formación. Entrar en la industria de la danza es muy complicado en España, pero tengo claro que quiero hacerlo, me quiero dedicar a esto.

Es verdad que de repente la presión me agobió un poco, no me sentía valorado, y me fui a Bogotá. Quería probarme allí, y también enseñar a otra gente lo que sé. A los dos días ya estaba tomando y dando clases. Porque busco diversificarme: seguir aprendiendo, enseñar y coreografiar. Mis seis meses en Bogotá me han dado mucha confianza para hacerlo”.

VISIBLE Y ORGULLOSO

“Desde el principio he querido ser visible. Es verdad que una vez empiezas la transición, y con testosterona, normalmente la intención del hombre trans es ser más masculino y lograr cispassing. Es contraproducente querer lograrlo y a la vez decir que eres trans. Porque una cosa es normalizarlo y otra visibilizarlo; hay que apostar por las dos, porque si no se visibiliza no se normaliza. Ojalá hubiera tenido yo cuando crecía los referentes que hay ahora.

Es cierto que las mujeres trans son mucho más visibles en todos los ámbitos a día de hoy. Porque mucho hombre trans prefiere todavía intentar pasar por cis hetero. ¡Qué pereza! La misma que me da esa gente que le niega el género a un chico trans porque se ponga falda, se maquille o sea gay. Por no hablar de los chicos cis gais que no aceptan a los trans como iguales, por el tema de los genitales… Por eso muchos chicos trans que conozco prefieren no decirlo, por la inseguridad que sienten y el miedo a que se les niegue la identidad”.

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