14/07/2020

‘Generación Selfi’. Álex Saint, maquilladora, fotógrafa y actriz, se autorretrata: “Ser trans es parte de mi vida, pero no la crucial”

20 marzo, 2020

Lo mismo ves a Álex Saint maquillando a influencers y actrices que en todo tipo de eventos derrochando glamour por sí misma. Desde el 29 de marzo también la veremos como actriz en Veneno, la serie de Los Javis, donde tiene un pequeño papel, y en la que también ha trabajado como maquilladora. ¿Se define así, como maquilladora, dado que ahora mismo es su principal ocupación? “Me defino como artista, porque, al final, hago tantas cosas que no sé cómo definirme. Me encanta el maquillaje, pero creo que no es mi fin último”.

Veneno ha supuesto para Álex Saint una oportunidad de ampliar horizontes profesionales, dado que participa también como actriz. “Me ha encantado la experiencia. Actuar es algo que siempre he querido hacer, pero siempre he sido muy tímida a la hora de ponerme ante una cámara o de hablar delante de gente. Y Veneno ha sido terapéutica. Me metía en el personaje y me olvidaba de que era yo”. Aquí hace memoria y recuerda, en primera persona [como parte de nuestra Generación Selfi], cómo ha sido su vida hasta llegar a este momento tan bueno que vive.

COSAS QUE MEJOR NO RECORDAR

“Nací en Orihuela [Alicante]. De mi infancia y adolescencia apenas recuerdo momentos contados, porque soy de olvidar aquello que no me gusta. Esas etapas las tengo bloqueadas, porque no fueron buenas, sobre todo lo relacionado con el colegio y el instituto, un infierno. Siempre estaba mala, todos los días tenía la misma pelea con mi madre porque no me quería levantar para ir; realmente lo somatizaba, me sentía mal de verdad, y es que lo pasé muy mal.

Estuve en Orihuela hasta los 21 años [ahora tiene 29], me fui mucho más tarde de lo que me hubiese gustado. A los 18 dije en mi casa que me quería ir fuera a estudiar arte dramático, pero mis padres montaron un drama. En aquel momento me apoyaban cero, y eso que era su ojito derecho; ahora es al revés, son fans incondicionales [risas]. Así que me fui a la Universidad de Alicante a estudiar Publicidad y Relaciones Públicas. Duré seis meses; me encontré metida en lo mismo que en Orihuela, hasta veía a la misma gente, y sufrí una depresión”.

FOTO FIJA

“Al final, me decanté por estudiar fotografía, algo que mis padres veían bien, y me fui a Barcelona. Ahora, por mi trabajo, prefiero Madrid, la verdad. Antes de instalarme aquí hace un año, ya había estado en Madrid un tiempo, con una pareja que tuve durante cinco años, pero fue un momento raro de mi vida…, ni siquiera había empezado la transición. Entre medias, también trabajé un verano en Ibiza como fotógrafa en un restaurante del Circo del Sol dirigido por Ferran Adrià, un momento que recuerdo como maravilloso”.

SOMBRA AQUÍ, SOMBRA ALLÁ

“Empecé a maquillar a mi madre y a mis amigas con trece años. Tenía muchísimo acné de adolescente, y empecé a aprender por necesidad. No fui a ninguna escuela, era autodidacta total. Sí estudié fotografía y edición digital después de graduarme. Lo que me pasaba en mis sesiones, siempre de moda, es que casi nunca me gustaba el trabajo de los maquilladores, y acababa haciendo yo el maquillaje también la mayoría de las veces…

Empecé a trabajar con Jessica Goicoechea: era su mánager, su estilista y su maquilladora. Así fue como conocí a Dulceida, porque coincidimos en algunas campañas. Le gustaba tanto mi trabajo de maquilladora con Jessica que me llamó para trabajar con ella en los Goya de hace dos años. A partir de ahí llegó mi boom. Conectamos mucho a nivel personal y profesional y ya colaboramos a partir de ese momento todo el tiempo; ha sido un año y medio de crecimiento muy grande, en el que he participado en muchas campañas que ha hecho.

Me encanta el maquillaje porque el resultado es inmediato, y sientes que haces magia al embellecer a alguien. No me gustaría dejar la fotografía de lado, pero ahora mismo no tengo ni tiempo ni ganas”.

UN LARGO PERIODO DE TRANSICIÓN

“Me resulta difícil ponerle fechas. La primera vez que me vino a la cabeza la idea de transicionar fue a los 14 años. Estaba con mi primer novio (la única de mis parejas con las que mantengo contacto), que se identifica como heterosexual; siempre ha estado con chicas, y yo fui el único “chico” (porque en aquel momento me identificaba como tal) con el que estuvo. Pero claro, yo era como soy ahora, con el pelo largo…, todo el mundo pensaba que era una niña. Él fue el primero que me dijo que me veía como a una mujer, y eso despertó algo dentro de mí. Me entró mucho miedo, me rayé y hasta dejé de verle. Ahí me di cuenta de que mi cuerpo no se iba a desarrollar como el de mis amigas cuando siguiese creciendo.

Hay niños y niñas trans que son conscientes mucho antes, pero es que yo me veía una más de mis amigas, me sentía cómoda… Hasta que en ese momento me di cuenta de que no era como ellas. Y apenas tenía referentes: Bibiana Fernández, La Veneno y poco más; no había recursos, ni información como ahora. Así que lo oculté en lo más profundo de mi cerebro porque me daba miedo, no sabía por dónde empezar para enfrentarme a ello.

A los 25 fue cuando empecé a ver a médicos y a informarme mejor. Cuando terminé de trabajar en Ibiza, volví a Madrid y comprendí que no podía seguir así, porque cuando se suponía que debía ser más feliz que nunca, porque tenía dinero, una relación y todo lo que podía querer, pero no lo era. Tenía la sensación de estar metida dentro de una bolsa de plástico en la que no podía respirar ni sentir la vida. Así que me dije ‘ahora o nunca’.

Me costó mucho; lo que más, decirle a la gente que quería que iba a hacer la transición, porque sentía que obligaba a los demás a sufrir conmigo durante el proceso. Claro, de repente, decírselo a mi novio, a mis padres… Era lo que me había ido frenando. Ahora no pienso que lo anterior fuese tiempo perdido, o que lo hiciera tarde; me parece interesante haber vivido todos los procesos, incluso mi sexualidad como un chico”.

VOLVER A EMPEZAR

“Al inicio de la transición lo pasé muy mal, llegó un momento en que pensé “hasta aquí”. A los 27 toqué fondo. Rompí la relación con mi novio, dejé el trabajo como mánager de Jessica, me recluí en casa…, sentía que debía empezar de cero. Y fue muy duro. Aún no se lo había dicho a mi familia, y pasé un año muy sola, literal. A veces ni bajaba a hacer la compra durante días, estaba a base de agua; la depresión no me dejaba moverme de la cama. No me imaginaba mi vida. Hasta que llega un momento en que dices ‘o me muero o tiro para adelante’. Me podría haber muerto, desde luego, pero me armé de valor, se lo conté a mi familia y comprendí que debía tener paciencia con ellos, porque todo lleva un proceso.

De repente, los astros se alinearon: empecé a trabajar con Dulceida otra vez, y me encontré en un entorno en que la gente me aceptaba, porque somos el orgullo LGTBIQ+ andante [risas]. No solo se me aceptaba, sino que se me celebraba, y el ambiente en que me movía me animaba a ser yo, y eso me animó mucho. Por eso Aída [Dulceida] y yo somos hermanas para siempre”.

UN PRESENTE FELIZ, UN FUTURO LLENO DE RETOS

“Ahora estoy muy feliz. Estoy haciendo cosas que me encantan, y que en la vida hubiese soñado hacer. Cuando lo estás pasando mal, cuesta pensar que vas a salir de ahí, pero año y medio después de mi peor momento aquí estoy: haciendo campañas como maquilladora para MAC o Yves Saint Laurent, colaborando con marcas como Levi’s, que han contado conmigo, siendo trans, para una campaña en que estaba rodeada de otras mujeres increíbles, y acabo de participar en una serie sobre una persona trans que admiro, con Los Javis, que los amo, y con un equipo que contaba en todos los departamentos con personas trans.

Me alegra mucho la visibilidad que tenemos ahora las personas trans, algo que hace diez años era impensable. Caitlyn Jenner te podrá caer mejor o peor, pero se convirtió en un referente de visibilidad importante, y a raíz de su transición, y de otros acontecimientos, surgió un interés mediático, y se generó una conversación que ha dado pie a un momento muy bueno. Hay que estar alerta y seguir luchando más que nunca, pero me muestro positiva; la situación del colectivo va a ir a mejor. Hay un interés creciente por lo real y por la diversidad, y eso es muy bonito”.

POR LA NORMALIZACIÓN Y LA INDIVIDUALIDAD

“No quiero que el hecho de ser mujer trans sea lo que me defina. Soy artista, soy válida para lograr todo lo que me proponga. Ser trans es parte de mi vida, pero no la crucial. Jamás se me ocurriría ocultarlo, al contrario, estoy súper orgullosa, pero debemos normalizarlo. La gente joven lo va a tener mucho más fácil que nosotras, evidentemente. Porque ven que Dulceida tiene una maquilladora trans, que Jedet es protagonista de una serie muy esperada, que Valeria Vegas es una periodista y escritora de éxito… Todo suma.

Tengo la suerte de moverme en un entorno que no es la realidad, un mundo en donde todos se dedican al arte. Y en él no veo lo que me sucede en ocasiones en el mundo real. Agradezco mucho lo protegida que estoy en mi entorno el noventa por ciento del tiempo, porque otras amigas viven una realidad mucho más complicada, como una que es policía, y ha realizado la transición en un entorno mucho más hostil. Pero yo también siento ahora inseguridad en la calle, y eso no me pasaba antes de transicionar. Pero hay que sacar fuerzas siempre frente a los micromachismos que sufrimos diariamente.

El siguiente paso será que la gente aprenda que una persona trans no tiene que resultar cómoda para ellos. Yo no tengo que parecer lo más cis posible para agradarte a ti y que no te sientas incómodo. Noto el privilegio que a mí se me da, porque me arreglo y puedo tener más o menos passing, es decir, parecer cis, frente a otras mujeres trans, y no me parece justo. Muchas gente me pregunta “¿por qué no te operas el pecho? ¿Por qué no te operas la voz?”. Porque no quiero, de momento estoy bien así.

Nunca me he sentido, como se suele decir, una mujer atrapada en un cuerpo de hombre; entiendo que es una manera fácil de explicarlo para que la gente lo entienda. Pero me parece una visión patologizante del asunto, porque estás partiendo de que tu cuerpo está mal, que es el equivocado y que debería haber nacido en otro cuerpo, y yo no tengo por qué pedir clemencia. A mí, al menos, esa afirmación me hizo mucho daño al principio de mi transición, lo vivía como si tuviera un cáncer… Mi cuerpo es maravilloso, y tengo todo el derecho del mundo a cambiar lo que quiera, o no.

Creo que con esta actitud de quererte como eres se restaría mucho sufrimiento a las personas trans. Las mujeres trans no tenemos por qué ser perfectas, ni entrar en un canon de feminidad cis para que la gente nos quiera. Y quiero ver a mujeres y hombres trans que no tengan mucho passing [que no parezcan cis] trabajando de cara al público, en todo tipo de empleos. Es el siguiente paso”.

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Shangay

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