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06/10/2022

‘Nabucco’ regresa al Real 151 años después: un regalo para los oídos (¡viva Verdi! y primer bis del coro)

6 julio, 2022
Léetelo en 3 minutos

El coro titular del Teatro Real (Coro Intermezzo) bisa el famosísmo Va pensiero tras más de cinco minutos de aplausos en el estreno de esta obra clave en la vida del compositor de Busseto.

Más de un siglo y medio, en concreto 151 años, llevaba este dramma lírico en cuatro actos de Verdi sin representarse en el Teatro Real. Y, sin embargo, es una obra con una gran carga simbólica en el coliseo de la Plaza de Oriente. El coro del acto tercero, el archifamoso Va pensiero, conocido como el Coro de los esclavos, fue el que se utilizó para ‘afinar’ la sala antes de su inauguración, en 1850, con La Favorita, de Donizetti. El mismo que ahora acaba de protagonizar el primer bis de un coro desde su reapertura en 1997.

Emocionó, y mucho, ver al público de la noche de estreno aplaudir a rabiar al Coro Titular del Teatro Real tras su delicada, sentida, exquisita interpretación. Un silencio cuasi religioso después del pianissimo final fue roto con más de cinco minutos de aplausos. La magia solo se estropeó por los paletos que sacaron fotos (con flash) durante el bis.

El coro tiene un especial protagonismo en esta obra. No es habitual que “ese mal necesario en la ópera” (como bromea el director de la formación, Andrés Máspero) sea ovacionado durante la representación de una función, al punto de interrumpirla para conseguir un bis. Un reconocimiento que llega un mes después de su triunfal actuación en Juana de Arco en la hoguera.

Tras la gilipollez (llamemos a las cosas por su nombre) que se instaló en los patios de butacas de las óperas de Europa en los últimos años del siglo XX y en las primeras décadas del XXI, el péndulo parece que ha vuelto a su sitio. Primero fue el reinado de las voces, luego el de los directores de orquesta, luego el de los de escena, en los que no se podía aplaudir ni gritar “¡Viva Verdi!” sin que te mirasen con cara de asco. Las aguas parece que han vuelto a su cauce. Todo tiene su momento y su lugar; solo hay que saber cuál es el de cada cosa. Y disfrutar de ello.

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Este Nabucco que ahora regresa al Real tiene un primer reparto de campanillas. Destacan con voz propia el magnífico barítono Luca Salsi (Nabucco); la espléndida soprano Anna Pirozzi (Abigaille); Michael Fabiano (Ismael), una estrella ya indispensable en ese escenario, y Silvia Tro Santafé (Fenena). Los otros cast previstos para las catorce funciones restantes también prometen, como la soprano madrileña Saioa Hernández como Abigaille. Ya pasó con la Tosca que cerró la temporada pasada: estos repartos son endiablados para los que quieran ver todos los elencos.

Anna Pirozzi (Abigaille), Luca Salsi (Nabucco), Silvia Tro Santafé (Fenena), Michael Fabiano (Ismaele) y Coro Titular del Teatro Real [Fotos: Javier del Real]

Estamos ante una ópera de esas que podríamos decir que musicalmente son una maravilla, pero su historia es bastante imposible de llevar a escena. Un drama bíblico en cuatro actos y seis cuadros, cada uno de ellos con título propio: Jerusalén (acto primero), El Malvado o incrédulo (el segundo, este con dos cuadros), La profecía y El ídolo roto (el cuarto, también de dos). El director de escena, Andreas Homoki, cambia la historia original que narra el conflicto entre judíos y babilonios, en pleno siglo VI antes de Cristo, a – supuestamente– la guerra entre italianos y austríacos, a finales siglo XIX.

Al final resulta ser un montaje en el que, también supuestamente, se elimina lo superfluo de tanto cambio de cuadro en cada acto para que la historia de comprenda mejor. Una puesta en escena que fue abucheada la noche del estreno pero que, sin embargo, sí resultó ser muy narrativa: se entiende todo el libreto, cosa que casi nunca ocurre cuando se hacen estas cosas, independientemente de que haya quien pueda pensar que no tenga sentido esa traslación.

Con unos movimientos de masas con el coro que son una lección de teatro (con alguna coreografía que chirría, como cuando parecía ser un musical de Broadway) y unos espectaculares figurines (sobre todo en el ‘bando austríaco’) de una gran presencia escénica, todo se desarrolla en un escenario giratorio único, con un gran muro que se mueve sin parar, bien para separar a ambos bandos o para simbolizar la opresión. A priori podría parecer una especie de versión semiescenificada, pero tiene una gran dramaturgia detrás, que parece que no se ve, pero sí que está. Y ese trabajo se nota.

Y todo en tonos verdes. ¡Viva V.E.R.D.I.! [Vittorio Emanuelle re d’Italia] gritaban en el estreno romano de Un ballo in maschera los monárquicos italianos. Una curiosa coincidencia que el V.E.R.D.E. [Viva el rey de España, para los monárquicos españoles] domine hoy el escenario del regio coliseo madrileño. Cosas de la ópera.

Cada fin de acto termina con una especie de ‘cuadro plástico’, algo que se intuye desde la misma obertura, con unas escenas en las que se resalta el peso y el poder de la corona, que tanta importancia tiene en un libreto que enfrenta a Abigaille, la hija esclava, con Fenena, la hija protegida de Nabuccodonosor, el rey de Babilonia. Dos niñas representan simbólicamente a ambas en su infancia, un efecto que fue muy premiado en los aplausos. El regista alemán, habitual de los mejores escenarios y festivales del mundo, debuta en el Real con esta producción que nuestro teatro realiza junto a la ópera de Zúrich, donde se estrenó en 2019.

Un abucheo que, en ningún caso, eclipsó una gran noche en la que triunfó la ópera con mayúscula. Un brillante cierre de temporada [queda un único título, Hadrian, de Rufus Wainwright, programado por una sola noche dentro del Universal Music Festival] que salda una deuda más del teatro: más de un siglo y medio sin Nabucco. Su regreso no ha podido ser mejor.

Para rematar la velada, Nicola Luisotti en el foso, y la Orquesta Titular del Teatro Real, se llevaron la otra gran ovación. Cuando los abonados y aficionados quieren, y premian a los cuerpos estables de su teatro, es cuando, por fin, podemos decir que estamos ante un teatro de ópera de primerísima división. Por todo eso, sin duda, ¡viva Verdi! (con o sin puntos).

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