'La edad de plata' impregna de majeza el Teatro de La Zarzuela con Granados y Falla

'Bohemos', en Enrique Granados, y 'El retablo de Maese Pedro', de Manuel de Falla, llegan unidos en una nueva dramaturgia de Paco López, un montaje que enlaza las dos obras.

'La edad de plata', un díptico español con dos obras cortas: 'Goyescas' y 'El retablo de Maese Pedro'. Foto: Elena del Real.
'La edad de plata', un díptico español con dos obras cortas: 'Goyescas' y 'El retablo de Maese Pedro'. Foto: Elena del Real.
Nacho Fresno

Nacho Fresno

Plumilla poliédrico -escondido tras una copa de dry martini- que intenta contar lo que ocurre en un mundo más absurdo que random.

25 enero, 2026
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En momentos como estos, en los que el feísmo  se ha adueñado de las tablas en multitud de propuestas escénicas de óperas y zarzuelas, se agardece mucho que La edad de plata llegue al Teatro de La Zarzuela en una impecable producción, elegante, con un maravilloso vestuario de Jesús Ruiz. Una puesta en escena muy cuidada para estas dos obras, tan significativas en la historia de la lírica española, como poco representadas.

El compositor catalán Enrique Granados iba a estrenar Goyescas, ópera en un acto y tres cuadros, en París, pero el estallido de la Primera Guerra Mundial lo impidió y la obra vio la luz en el Metropolitan de Nueva York un 28 de enero de 1916. Lo hizo en un programa doble junto a Pagliacci, de Ruggero Leoncavallo. En España se estrenó en el Liceo de Barcelona en 1939, en pleno comienzo de la Guerra Civil. Ahora llega al Teatro de La Zarzuela –también en una mes de enero, pero ciento dieciséis años más tarde, conmemorando el Año Falla, por el 150 aniversario de su nacimiento– en una producción invitada de la Ópera de Oviedo y el Teatro Cervantes de Málaga.

La propuesta que Paco López presenta en el teatro de la Plazuela de Teresa Berganza crea una dramaturgia en la que, en 1939 en los albores de la Guerra Civil en los que la obra se estrenó en Barcelona, el pintor Ignacio Zuloaga mantiene una relación epistolar con sus amigos Manuel de Falla y Enrique Granados, recordando aquellos años veinte en los que todos ellos vivían en París, y él organizaba fiestas en su casa de la ciudad del Sena.

Goyescas, de Enrique Granados, en el Teatro de La Zarzuela, en el espectáculo 'La edad de plata'. Foto: Elena del Real.

Goyescas, de Enrique Granados, en el Teatro de La Zarzuela, en el espectáculo La edad de plata. Foto: Elena del Real.

Esta, en concreto es una soirée española por la que desfilan personajes como la bailaora La Argentina, el compositor Ígor Stravinski, el poeta Paul Valéry, y los propios Manuel de Falla, Enrique Granados y en la que no podía faltar Winnaretta Singer, princesa de Polignac, una rica heredera americana (hija del fundador de las famosas máquinas de coser), mecenas de las artes, y una mujer lesbiana que se casó en 1893 con Edmond de Polignac, aristócrata y compositor francés gay. Este matrimonio de conveniencia tenía una activa vida social y cultural en el París de comienzos del siglo XX. Ella, grandísima mecenas de las artes, fue quien encargó a Falla El retablo de Maese Pedro, una obra de cámara para marionetas que se estrenó en su palacio.

Espléndido el coro del Teatro de La Zarzuela

La primera parte de La edad de plata es esa soirée española que sirve como disculpa para la resprestación de Goyescas en el Teatro de La Zarzuela. La soprano Raquel Lojendio como la dama aristocrática Rosario; el tenor Alejandro Roy, el capitán enamorado; el bajo César San Martín, un torero y la mezzo Mónica Redondo, como Pepa. un maja del pueblo, dan vida (y muy bien dada) a los cuatro personajes de esta ópera de argumento prácticamente inexistente, con una música fascinante a quien Álvaro Albiach, frente a la Orquesta de la Comunidad de Madrid (titular del foso de La Zarzuela) sabe sacar toda su riqueza, y una parte coral en la que brilla, y mucho, el Coro del Teatro de La Zarzuela, que realiza un trabajo espléndido a las órdenes de su director, Antonio Fauró.

«Hasta el aire se impregna de majeza», canta Pepa en el segundo cuadro. Y esa majeza inunda el patio de butacas gracias a esa delicada puesta en escena en la que el exquisito vestuario que ya hemos comentado, las coreografías de Olga Pericet, el estupendo elenco y el soberbio coro, nos recrean los tapices de Goya en los que se basa la obra.

El retablo del Maese Pedro, De Falla, en el Teatro de La Zarzuela, en el espectáculo 'La edad de plata'. Foto: Elena del Real.

El retablo del Maese Pedro, De Falla, en el Teatro de La Zarzuela, en el espectáculo La edad de plata. Foto: Elena del Real.

En la segunda parte de la propuesta de Paco López llega El retablo del Maese Pedro, esa obra de marionetas que la princesa de Polignac, presente en esa fiesta que se ve en escena, encargó a Falla. Aquí no hay marionetas y son unos también estupendos Gerardo Bullón (barítono, Don Quijote), Pablo García-López (tenor, Maese Pedro, un titiritero) y Lidia Vinyes-Curtis (mezzo, Trujamán, un narrador) los que dan vida a los tres únicos personajes de este ‘divertimento’ de cámara, con muy poca orquesta y una música fascinante que va del folclore al impresionismo, que el compositor gaditano creó para este episodio de El Quijote.

Dos obras con puesta en escena impecable, unidas con una nueva narrativa, con dos elencos de gran nivel, que se presenta no como un ‘programa doble’ de dos obras cortas, sino como un ‘diptico español’ que quiere recrear esa ‘edad de plata’ que la cultura española vivió en París a comienzos del siglo XX. La zarzuela de impregna de majeza, sin duda alguna, pero hay algo que hace que La edad de plata no funcione del todo, y termine resultando aburrida pese a su corta duración. Cosas del teatro.

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