'Ariadna y Barbazul' regresa al Teatro Real: opresión en Cinemascope

La única ópera de Paul Dukas llega en una potente (y 'furera') producción de Àlex Ollé que funciona solo a partes, con 'quema de sostenes' a lo mayo del 68, y con una soberbia Orquesta Titular del Teatro Real, que saca toda la riqueza de esta preciosa partitura impresionista de principios del XX.

Un momento de 'Ariadna y Barbazul' que se acaba de estrenar en el Teatro Real. Arriba: Silvia Tro Santafé (El aya) y Paula Murrihy (Ariadna). Abajo, las cinco mujeres de Barbazul. Foto: Javier del Real.
Un momento de 'Ariadna y Barbazul' que se acaba de estrenar en el Teatro Real. Arriba: Silvia Tro Santafé (El aya) y Paula Murrihy (Ariadna). Abajo, las cinco mujeres de Barbazul. Foto: Javier del Real.
Nacho Fresno

Nacho Fresno

Plumilla poliédrico -escondido tras una copa de dry martini- que intenta contar lo que ocurre en un mundo más absurdo que random.

27 enero, 2026
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Hollywood, en concreto la 2oth Century Fox, inventó el Cinemascope en los años cincuenta del pasado siglo para dar al cine una espectacularidad que la incipiente –e intimista– televisión no podía conseguir. Àlex Ollé utiliza ese formato (mucho más ancho que alto, que rompió con el tradicional cuadrado de la pantalla), para lograr conseguir todo lo contrario en el inmenso escenario del Teatro Real, en el que se acaba de estrenar Ariadna y Barbazul, de Paul Dukas. Es la única ópera del compositor impresionista –que él denominó como ‘cuento musical en tres actos’– cuya obra más conocida es El aprendiz de brujo, de 1897, que Walt Disney hizo mundialmente famoso en la película Fantasía, ya en 1940.

Ariadna y Barbazul, basada en el (terrible) cuento infantil de Charles Perrault es el segundo título esta temporada en la que uno de los ejes es, precisamente, este personaje, Barbazul. El primero fue el pasado mes de noviembre, con el programa doble de la ópera El castillo de Barbazul y el ballet El mandarín maravilloso, de Béla Bartók.

La ópera de Dukas se estrenó en la Opéra-Comique de Paris el 10 de mayo de 1907, y solo seis años más tarde, en 1913, llegó al Teatro Real. Ahora regresa en a lo grande en una nueva producción de la casa (junto a la Opéra National de Lyon) de la mano ‘furera’ de Àlex Ollá y con dos espléndidas mezzosopranos, que se comen la función: Paula Murrihy (Ariadna), Silvia Tro Santafé (el aya). Con ellas, un magnífico elenco femenino como las esposas de Barbazul, a quien da vida el bajo italiano Gianluca Buratto: Maria Miró (Mélisande), Aude Extrémo (Sélysette), Jaquelina Livieri (Ygraine) y Renée Rapier (Bellangère).

Ariadna Barbazul Teatro Real

Maria Miró (Mélisande), Renée Rapier (Bellangère), Jaquelina Livieri (Ygraine) y Paula Murrihy (Ariadna) en Ariadna y Barbazul en el Teatro Real. Foto: Javier del Real.

El Cinemascope buscaba espectacularidad, y para ello recurrió al entonces novedoso sonido esterofónico. La claustrofobia que el montaje que se acaba de estrenar en el Real consigue con un estupendo juego de luces y sombras, achicando la escena, mientras Ariadna abre las siete puertas del castillo y descubre los secretos que hay tras ellas, se complementa a la perfección con la soberbia batuta del veterano Pinchas Steinberg. El director israelí inunda la sala desde el foso con una riqueza de matices fascinante, que se ve perfectamente correspondida con lo que se escucha en escena en las voces de tal estupendo elenco.

Un montaje muy ‘furero’

En la escena hay momentos muy logrados. Desde el comienzo con Ariadna, de novia, en el asiento trasero de un coche, camino de su boda dejando detrás las Cuatro Torres de Madrid (¿se dirige al Palacio del Canto del Pico?), hasta cuando el regista incorpora la boda a escena con un impactante efecto subiendo el decorado y ampliando el escenario.

Los tres actos de este ‘cuento musical’ se dividen aquí en dos partes: el primero y el segundo juntos en la primera; el tercero, en la segunda. El final de la primera termina con Ariadna invocando a la libertad de las anteriores mujeres de Barbazul en una especie de ‘quema de sostenes’ (a lo mayo del 68; nuevo golpe de efecto muy ‘furero’). Unas mujeres que, en la segunda parte, deciden seguir sumisas, bajo un síndrome de Estocolmo que les impide ser libres, frente a una protagonista ‘empoderada’ que deja el castillo acompañada de su aya. Una segunda parte mucho más atropellada que carece de este ritmo que agiliza la primera.

Todo el reparto, así como el estupendo Coro Titular del Teatro Real, y la orquesta y el maestro triunfaron en una noche ‘furera’, en la esta extraña y fascinante ópera impresionista francesa regresó al Teatro Real. Y en la que, una vez más en lo que va de temporada, la parte musical ganó por goleada para salvar la noche de ópera.

 

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