Ya había trabajado antes en el Centro Dramático Nacional el actor Cristóbal Suárez, pero es la primera vez, a sus 47 años, que lo hace en el Teatro María Guerrero, y no puede estar más feliz de estar en «el templo», como lo define. Además, dirigido, también por primera vez, por el reconocidísimo Alfredo Sanzol, autor asimismo de La última noche con mi hermano. «Lo que me ha costado llegar a este teatro y trabajar con él», dice sonriente y orgulloso. «Es que las cosas no hay que darlas nunca por sentadas, menos en esta profesión. Reconozco que, en general, sigo sintiendo miedo», dice. De igual manera que no duda en confesar el miedo que siente por la muerte, que planea de principio a fin sobre esta función.

Su germen está en una historia real; cuando una amiga le contó a Sanzol cómo había vivido los últimos momentos de su hermano junto a él, le vino el título de la próxima función que iba a crear. A Nagore (Nuria Mencía) le diagnostican un cáncer, y su hermano Alberto (Jesús Noguero) se ve incapaz de aceptarlo. Alberto y su mujer, Ainhoa (Elisabet Gelabert) tienen dos hijos, Nahia (Ariadna Llobet) y Oier (Biel Montoro). A su vez, Ainoha tiene un hermano, Claudio (Cristóbal Suárez), con el que tiene muy mala relación. De manera que en la función vemos cómo tres parejas de hermanos viven esta situación tan dramática de maneras muy distintas.
«Esta es una obra sanadora que va de solidaridad y de crear vínculos»
Recuerda Suárez que estaba cocinando unas lentejas en casa cuando recibió esa llamada de Alfredo Sanzol que tan feliz le hizo. «Intenté mantener la tranquilidad, claro», recuerda entre risas. «Pero, claro, me contó que estaba escribiendo esta historia expresamente para los actores que la hacemos. Y como mi padre es médico [traumatólogo], había pensado que interpretase a un oncólogo. Sentí emoción y vértigo a la vez. Tenía ya muy clara la constelación de personajes. Verme tan cerca del proceso de creación, sabiendo que estaba en las mejores manos, lo hizo muy especial». Porque a partir de ese momento recibió periódicamente llamadas («preciosas») del autor y director, en las que le leía escenas: «A veces me tumbaba en la cama a escucharle. Con mucha atención, porque ya me daba mucha información la manera en que las leía«.
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Lo que más le gusta al actor es el enfoque de la función. «Es una historia de muerte, pero a la vez de vida«, afirma. «Casi desde el momento en que Nuria Mencía, que es una actriz descomunal, sale a escena, hace saber al público que su personaje va a morir, pero es importante ver que la obra va de otra cosa: de solidaridad y de crear vínculos». Un mensaje que considera que se puede extrapolar más allá de las relaciones de hermandad que se plantean en ella, «porque la muerte lleva a la desconexión. Por eso aquí el foco está puesto en la necesidad de mirar hacia adelante y de vivir luchando contra el odio y contra los que nos quieren separar».
Cristóbal –que nos cuenta que perdió a su madre siendo muy joven («una herida que es ahora cuando empiezo a colocar dentro sin que me desestabilice»)–, sabe que cualquiera que haya vivido una situación tan dolorosa empatizará de inmediato con lo que se va a contar sobre las tablas del María Guerrero. «Lo realmente interesante es lo sanadora que resulta la función«, avanza. «Porque, además, Alfredo es un maestro a la hora de introducir ese humor suyo tan personal; es mágico lo que cuenta y cómo lo hace. Por eso los actores tenemos confianza plena en su escritura».

Con una larguísima trayectoria en el teatro y muchas series de televisión a sus espaldas, lo que también reconoce el actor es que ese miedo al que el teléfono no suene nunca desaparece. Al menos, en su caso, el síndrome del impostor sí se ha ido disipando. La inseguridad, no: «Es que cada director propone dinámicas diferentes. Alfredo, por ejemplo, es muy específico en lo que pide. Con él estoy aprendiendo mucho, es como si volviera a empezar«.
«Soy muy vanidoso, y es ahora cuando empiezo a reconocerlo»
Mientras se sigue emitiendo la serie La encrucijada, en donde participa, el público va a poder verle en esta obra que tanto significa para él. Para un profesional que ha vivido picos puntuales de popularidad, como el que le proporcionó su participación en la serie Cristo y Rey, en la que encarnó nada menos que al rey emérito Juan Carlos I. «Ahí me di cuenta del impacto que tiene en la gente que interpretes a alguien popular. Porque en realidad solo tuve siete sesiones, pero la gente se quedó con mi personaje; le dio más protagonismo del que realmente tiene en la serie».
De momento, no le paran tanto por la calle como le gustaría. «Me suele reconocer gente de una determinada franja de edad, más bien mayor, por las telenovelas en que he participado. Pero me queda por dar ese gran salto en que vas por la calle y la gente te grita tu nombre al verte, como le pasa a Carmen Machi o a Paco León«. Reconoce con total sinceridad que le encantaría vivir eso en algún momento. «Cuando alguien me ha parado y me ha dicho «eres Cristóbal, ¿verdad?, me ha encantado, es superguay», dice sonriente. «Hablábamos de la inseguridad que me genera este trabajo y del miedo que tengo a la muerte; pues también a ese ‘verte muerto’ en la profesión si no te llaman… Soy muy vanidoso, y es ahora cuando empiezo a reconocerlo. He sido un falso modesto durante demasiados años«, y se echa a reír. «Porque me encanta hacer bien mi trabajo y me hace muy feliz que la gente me diga que le ha gustado«.

Si un sueño le queda por cumplir, es que le ofrezcan un personaje protagonista. «Hace muy poco me quede a las puertas de conseguir uno en una prueba, y, uf, sigue siendo duro aceptar esos noes… Cada vez lo es más», reconoce. «Por lo que hablamos, te vas haciendo mayor, te esfuerzas por cuidarte, están ahí tus miedos…». En principio, poco puede hacer para luchar contra esa frustración. «A enfrentarnos a ella no nos enseñan a los actores», reconoce. Aunque confiesa que en los reels de Instagram ha encontrado una herramienta que le ayuda. «Como el algoritmo sabe cebarte, me salen muchos de actores contando sus experiencias al respecto. Y, claro, si ves que a Ryan Gosling, o a no se quién, le han dicho que no mil veces, pues, joder, eso consuela muchísimo«.
RETRATOS CRISTÓBAL SUÁREZ: MIGUEL ÁNGEL FERNÁNDEZ
FOTOS ENSAYO: BÁRBARA SÁNCHEZ PALOMERO
LA OBRA LA ÚLTIMA NOCHE CON MI HERMANO SE REPRESENTA EN EL TEATRO MARÍA GUERRERO (C/TAMAYO Y BAUS, 4 · MADRID) DEL CENTRO DRAMÁTICO NACIONAL DEL 13 DE FEBRERO AL 5 DE ABRIL.







