Aún resuenan los ecos de su histórico bis en el Teatro de La Zarzuela en Jugar con fuego cuando Ruth Iniesta se viene a la redacción de Shangay para hablarnos de ello… y para contarnos todo lo que está por venir. “Ya lo voy asimilando más. En el momento de hacerlo, como que entré en una burbuja; estaba, pero no estaba… Fue una cosa muy curiosa, me metí en la música, lo disfruté muchísimo, pero como que lo he ido asimilando en los días posteriores. Es el teatro en donde yo empecé en la lírica: fui Carmela en La vida breve, un rol de cinco frases. Luego, Clarita, en La del manojo de rosas… Y, ostras, haber llegado a hacer ese momentazo del bis en la última función…”.
De contarnos sus comienzos, pasamos a hablar de su debut en la Royal Ballet and Opera Covent Gardende Londres, con una obra como La bohème, en julio: “Tengo unas ganas… Hace que no piso Londres como doce años. He ido muchas veces y siempre veía el Covent como un sueño, es un templo. Además, con un rol con el que disfruto muchísimo, que me divierte, y que luce mucho, ¡porque Musetta luce muchísimo! [risas]. Encima es una producción que ya conozco, porque es coproducción con el Teatro Real, donde ya la canté. Entonces, sí que hay muchos nervios por la emoción de que voy a debutar en el Covent Garden, pero también la tranquilidad de que lo voy a hacer con algo que conozco muy bien. Por lo que va a ser un algo que voy a poder disfrutar muchísimo. Aunque ya te lo diré cuando empiecen los ensayos, porque también te digo que cuando se acerquen las funciones…”. Antes de ese debut, será Gilda en un Rigoletto que se estrena en junio en Marsella.

Ruth Iniesta portada de Shangay del mes de mayo por su debut en el Royal Ballet and Opera Covent Garden de Londres. Foto: Gemma Escribano.
La pregunta es obligada. ¿Está la lírica española de moda en el mundo? “Yo creo que sí, totalmente; allí donde vamos, en muchos teatros del extranjero, conocen los nombres de quienes estamos ahora en activo, y gustan muchísimo. Es un tipo de carácter, y de canto, que conecta porque es muy visceral. Hay una escuela fantástica a nivel técnica, unos cantantes en todas las cuerdas que están muy, muy, muy [insiste] bien formados.Tenemos a Rocío [Faus], Marina [Monzó], Sara [Blanch], obviamente Saioa [Hernández] que sigue estando en el top… De tenores tenemos a [Xabier] Anduaga triunfando por ‘los mundos’, pero hay muchos otros”. Le recordamos que muchos de ellos han sido portada de Shangay, como lo es ella ahora: “Sí, lo sé, lo sé… [risas]. Además, es que tenemos muy buena relación todos. No hay un sentimiento de competencia, de esta cosa antigua. Bueno, que nosotros pensamos que había, que igual tampoco era como pensamos…”.
París, Bruselas, Dresde… y el Covent Garden
Contamos ahora su debut en el Covent, pero Ruth Iniesta lleva ya años pisando importantes escenarios internacionales, y plazas importantes: la Ópera de París, La Monnaie de Bruselas, la Ópera de Dresde: “Es curioso, porque es como si hubiera dos personas que lo ven de manera diferente. Una es la de cuando era la niña, o la jovencita, que empezaba, que veía todo con una ilusión tremenda. Ese ‘yo’ sigue estando ahí, se sigue sorprendiendo en plan ‘wow, he cantado en París; estoy cantando en el Teatro Real como si fuera mi casa; voy al Liceo…’, todos esos teatros que yo veía con una admiración increíble. Eso sigue estando ahí y me encanta no haberlo perdido. Y luego está el otro lado, cuando te metes en la vorágine y empiezas a ‘normalizar’. Y como las cosas se cierran con mucha antelación, cuando te llega la noticia, haces una fiesta de saltos y gritos en tu casa, pero cuando va llegando la fecha parece que ya lo has normalizado. Esa parte me da un poco de pena, y es cuando empiezo a pensar en la niña, vuelvo a echar la vista atrás y digo: ‘Espérate, que es que vas a cantar aquí’. Me gusta intentar mantener ese equilibrio. Pero es verdad que a veces estamos tan metidos en estudiar, en los ensayos, que hay un punto de eso, de ‘normalización’ del tema. Pero me gusta sacar la cabecita de ahí, porque si no pierdes un poco la magia y la ilusión…”.

Ruth Iniesta está viviendo uno de sus mejores momentos. Foto: Gemma Escribano.
Apasionada del teatro, cuida mucho la parte interpretativa. Pero muchas veces los directores de escena no les ponen las cosas fáciles a los cantantes, con propuestas que dificultan la parte vocal. “Tienes que saber gestionar las cosas. Pero sí que es verdad que ya estamos volviendo al equilibrio, a tener en cuenta que lo que tiene que primar es la partitura, la belleza de sonido, y que no te puedes poner a gritar en un bel canto. Quienes tenemos esa parte actoral bien metida, es muy fácil que nos dejemos llevar, y se te puede ir el sonido al garete. Una cosa que he ido aprendiendo a lo largo de mi carrera, a tener ese equilibrio… Y como efectivamente están volviendo los directores de escena que lo tienen en cuenta, les puedes decir ‘bueno, es que al fin y al cabo hay que cantarlo’. Normalmente consigo poder hablar bien con ambos maestros [musical y escénico] y decirles: ‘A ver, un momento, estamos queriendo conseguir esto, pero me estás poniendo en una escalinata a no sé cuántos metros de altura, al fondo del escenario, quieres que la baje corriendo, pero aquí la orquesta está con un fortissimo y yo estoy en el centro de la tesitura; algo hay que cambiar’. Siempre hay que gestionar un poco y decir ‘maestro, ¿hasta qué punto se puede esto matizar para que se me escuche?’. Si no se puede, pues se cambia. Es verdad que los directores de escena están muy por la labor de ayudar –sobre todo en las últimas producciones que he hecho– y de no ser ese muro en plan ‘esta es mi historia y la cuento así’. La mayoría respeta la energía de cada artista, porque hubo un tiempo en el que nos querían como clones. Por ejemplo, si hay dos repartos, en plan que lo hagamos todo de la misma manera. Afortunadamente, cada vez menos, porque los artistas somos todos diferentes”.
«[Tras su ‘Fausto’ de Valencia] Me gustaría debutar en otros roles de ópera francesa que me enamoran, como la Juliet de ‘Romeo y Julieta’ de Gounod, o la ‘Manon’ de Massenet»
En esos casos, la labor de un cantante es como la de un diplomático, tiene que moverse entre esos dos mundos, el musical y el escénico. Pero es un ejercicio de diplomacia complicado, porque el artista no es solo un mediador para que se llegue a un acuerdo, sino que es parte muy interesada en que se pueda llegar a ese acuerdo, porque, al final, el que da la cara en escena, es el cantante: “Te tienes que poner en valor. ¿Sabes qué pasa? Esto lo he ido aprendiendo, y lo sigo aprendiendo, en el transcurso de los años; ha habido veces en las que una propuesta de un director musical era más arriesgada en cuanto a ‘quiero que las coloraturas sean mucho más teatrales, entonces no las vamos a hacer como un metrónomo, en plan aquí paras’. Y yo entré al trapo, porque a mí me gusta, cuando creo en algo, meterme de cabeza, explorar. Pero me di cuenta de que hubo una gran parte de los espectadores que no entraron, y se veía como que yo no podía hacer esas coloraturas. Pero no puedes decirles ‘es que me lo habían pedido de esta forma’. Entonces, vas aprendiendo que yo puedo saber que estoy jugando a este juego, pero es que desde fuera igual no se entiende, y que tengo que dar un buen rendimiento en el escenario que sea comprendido por todas partes. Pero, también, que tengo que saber cómo luce mi instrumento. Me gusta experimentar, porque crezco. Digo que voy aprendiendo, ¡no es que me lo haya aprendido aún! [risas] Lo bueno es seguir aprendiendo, porque si no, ¡qué aburrimiento!” [carcajada].

Ruth Iniesta acaba de conseguir un histórico bis en el Teatro de La Zarzuela en la última función de Jugar con fuego, de Barbieri. La soprano, que triunfa en los grandes teatros de ópera, nunca abandona el género de la zarzuela. Foto: Gemma Escribano.
Hablando de aprender y evolucionar, Ruth Iniesta se mueve cómoda en el bel canto y el verismo, pero, en la medida de lo que se pueda contar, ¿hacia dónde van los nuevos roles? “Hay algunos proyectos que tengo en mi cabeza, pero que no están en agenda. Me gustaría debutar en otros roles de ópera francesa que me enamoran, como la Juliet de Romeo y Julieta de Gounod, o la Manon de Massenet; te lo puedo decir como ilusión. Y mantengo los bel canto, porque vuelvo a tener Lucia la temporada próxima en dos producciones. Querría añadir algo más de bel canto, y hablo de las reinas donizettianas. ¡Me encantaría! Y bueno, Nedda, por ejemplo, la debuté en Pagliacci en Valencia, donde me sentí muy cómoda, y ahí se ha quedado, la estoy dejando reposar. Ahora yo creo que ya es el punto en el que si me la vuelven a ofrecer… Cuando pruebo papeles un poco diferentes, los dejo reposar y luego ya vemos. Ya estoy en un punto en el que esos roles podrían volver. Acabo de hacer la Marguerite de Faust, también en Les Arts [con Viotti en el foso]. Valencia para es mí, pues eso, otra casa. Siempre me han apoyado muchísimo y me han dado unos papeles maravillosos. Allí debuté la Francisquita, allí debuté la Nedda, Marguerite…
Volviendo a esa niña que nos recordaba cuando debutó en La Zarzuela, ¿sueños de esos que siempre hay que tener? Porque, le advertimos, los sueños que se cuentan en Shangay se cumplen: “Bueno, están los típicos, una quiere ir a La Scala y al MET, pero, ¿sabes lo que me encantaría? Hacer un concierto en el Carnegie Hall. Además, mezclando repertorios; me alucinaría. Con una orquesta, claro”.
Pero, ¿va a olvidar tener los pies en la tierra, en los teatros de aquí, que la quieren, y a seguir cantando el género de zarzuela?: “Menos mal, y me hace muy feliz que me quieran. ¡Y yo a ellos! Hay muy buena relación con todos. A veces, por fechas, pasa más tiempo del que yo querría para volver. Pero hay dos proyectos sobre la mesa muy interesantes, que van a sorprender… Pero no los puedo contar”.


